sábado, 4 de mayo de 2013

Educacion Continua: una nueva visión de la Educación en la Sociedad de la Información y el Conocimiento

La educación continua, entendida como “actualización profesional” tiene sus antecedentes en Europa en el siglo XVII, debido a la necesidad de refrescar los conocimientos adquiridos en la formación universitaria y de ofrecerle a las personas graduadas del sector técnico y terciario conocimientos nuevos en el campo respectivo. En 1792,  se decretó en Francia una política de Estado específica para regular la formación continua, mediante el Rapport et Project de décret sur l’instruction publique de Paris[1]. Este documento es fundamental en cuanto a los orígenes de la Educación Continua, ya que señaló la importancia de la actualización y el reciclaje profesional y la postuló como una actividad de interés público.

La Revolución Industrial, que tuvo sus inicios en el siglo XVIII, exigió el desarrollo de conocimiento en todas las disciplinas, así como el surgimiento de nuevos campos del conocimiento, como fue el caso del desarrollo y sistematización de marcos explicativos en el campo de la Administración pública y privada. En particular, el sector empresarial incipiente, donde el concurso de diversas profesiones era indispensable, presionó en esa época a las universidades por un aumento de la oferta académica y de programas de formación profesional a la población graduada, a fin de que los rápidos avances del conocimiento que iniciaron en ese período y continúan hasta hoy, fueran conocidos y aprovechados para elevar la productividad y la competitividad de las empresas. Al respecto, la influencia de la teoría administrativa de F. Taylor y H. Fayol a inicios del siglo XX, son incuestionables y abrieron el debate sobre la eficiencia y la eficacia del trabajo humano, tanto en los niveles no calificados, como en los calificados y profesionales.

En la segunda mitad del siglo XIX, resultó evidente que el conocimiento científico tendía a un aumento sostenido de la investigación y el desarrollo de aplicaciones nuevas de sus resultados en diversos campos de la actividad humana, que abarcaban desde la producción y distribución de bienes y servicios, hasta los procesos de organización social y urbana. La apertura a formas de gobierno representativo, consecuencia de las revoluciones estadounidense (1776) y francesa (1789), abrieron un espacio inédito al estímulo del conocimiento científico, la investigación e invención de nuevas tecnologías y procedimientos de administración, modelos de negocio y al avance sistemático y acelerado de los medios y vías de comunicación. En consecuencia, el intercambio comercial, social y cultural se reinventaron en esa época para articular una nueva forma de orden global marcado por el avance científico, la secularización, los derechos individuales y sociales, y la reivindicación de las libertades individuales, dentro de un marco de referencia sociopolítico caracterizado por el liberalismo y la autodeterminación de las personas y los pueblos, que hoy se denomina Modernidad.

En la primera mitad del siglo XX, las exigencias de formación de la población fueron en aumento, porque para ser funcional en el sistema socioeconómico de la Era Industrial, no era suficiente saber leer y escribir; un requisito fundamental para acceder a un trabajo bien remunerado era la Educación media, técnica y superior. Ante los problemas de exclusión social y educativa propios de las economías agrícolas con un nivel bajo de desarrollo industrial, como era el caso de las regiones del Tercer Mundo, entre ellas América Latina, emergió la Educación no formal, donde se hizo énfasis en capacitar a las personas adultas en dos áreas estratégicas de la formación: alfabetización y conocimientos básicos en materia agrícola y comercial. Entre las primeras experiencias orientadas a garantizar el acceso a la mayoría de la población a procesos de educación no formal continuada destacan:


  • 1915: National University Continuing Education Asociation (NUCEA), Estados Unidos de América.
  • La propuesta de Educación Continua del británico Basil Alfred Yeaxlee (1883–1967) en 1929, que revolucionó el enfoque en Inglaterra.
  • El programa de actualización profesional que propuso la Universidad Autónoma de México, en 1933.
  • 1945: primer documento emitido por la UNESCO, relacionado con la Educación Continua.
  • 1966: Educational Resources Information Center (EUA), incorpora el término de Educación Continua en el Current Index to Journals in Education.
  • 1969: inicia el programa de Educación Continua para Mujeres en Mumbai, India.
  • 1974: la Universidad de Toronto propone crear un organismo que centralice la Educación Continua en Canadá.
  • 1985: se crea el Centro para Adultos y Educación Continua en Sudáfrica.
  • 1998: Red Universitaria de Educación Continua de América Latina y el Caribe (RECLA). (http://www.e-continua.com/documentos/antecedentesEC_1999.pdf)


A partir de estos logros, en distintas conferencias mundiales sobre Educación de finales del siglo XX y la primera década del siglo XXI -en particular la que se llevó a cabo en 1998 sobre Educación Superior, en la Sede de la UNESCO en París-, se asume en la comunidad internacional de manera incuestionable que el nivel educativo de las personas determina sus oportunidades objetivas y personales de desarrollo socioeconómico y cultural. De ahí que, aún hoy, la alfabetización tradicional y digital siguen siendo desafíos educativos en todos los países y regiones del mundo. La Sociedad de la Información y el Conocimiento (SIC), tiene como precondición de su existencia la universalización de la Educación no formal en sus dos vertientes: la Educación permanente y la Educación continua. La primera abarca la formación a lo largo de la vida en diversas esferas de índole personal y social, como el ocio creativo, la ciudadanía, la animación sociocultural, la convivencia, el cuidado del medioambiente, el autocuidado, entre otros; la segunda, se relaciona históricamente con la formación vinculada al trabajo y la empleabilidad de las personas.

En la actualidad, es indispensable el diseño de políticas públicas en materia de Educación no Formal, si se busca el desarrollo socioeconómico sostenible y el de las personas, en las distintas etapas de la vida. Todas las instancias involucradas en Educación, tanto públicas como privadas, deben incluir en sus agendas el diseño de una oferta educativa permanente y continuada, para responder a las demandas educativas emergentes. En la Universidad de Costa Rica se dieron los primeros pasos al respecto, y es la única institución de educación superior de Centroamérica y el Caribe que cuenta con un programa de formación de profesionales en Educación no Formal en el nivel de licenciatura. Les invito a que exploren esta oferta académica y su plan de estudios en la página Web: http://eae.ucr.ac.cr/, y que analicen su pertinencia en una época donde esta modalidad de educación gana fuerza y relevancia nacional e internacional, porque abre oportunidades para todos los sectores de la población, en particular, para los más vulnerables y beneficiados con el acceso a la educación. ¿Qué les parece?






[1]Véase al respecto: http://www.e-continua.com/documentos/antecedentesEC_1999.pdf ([Reprod.]) / au nom du Comité d'instruction publique; par M. Condorcet,...; impr. par ordre de l'Assemblée nationale.
   (http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/bpt6k488703/f2.zoom)

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