domingo, 30 de junio de 2013

Equidad, pertinencia y calidad de la ducación: logros y tareas pendientes


Desde la década de 1980, la humanidad ha experimentado cambios profundos y de gran impacto a escala mundial; entre los más relevantes están la globalización, la revolución de las tecnologías de información y comunicación, y el ingreso en un nuevo proyecto sociopolítico, económico y cultural denominado Posmodernidad. Estos factores, en principio autónomos, confluyen y se suman para colocar nuestro proceso civilizatorio en una transición hacia formas de organización económica, política, social y cultural radicalmente distintas a las de épocas pasadas. De hecho, es difícil reconocer un mundo habitable sin Internet, la mundialización económica, los avances científico-tecnológicos cotidianos, y las fracturas y distorsiones en las democracias representativas.

Entre los efectos no deseados de esta nueva fase del desarrollo de la Humanidad están la radicalización del individualismo y la insuficiencia jurídico-política que han derivado en procesos de corrupción en todas las instituciones contemporáneas y en el crecimiento exponencial de la economía perversa, que aumenta y diversifica sus actividades y ganancias financieras, por medio de negocios turbios, el crimen organizado, la deshumanización y el lucro como una ética posible: el narcotráfico, el tráfico de personas y de órganos, y el tráfico de armas

En un escenario de caos y confusión, el cinismo y la desesperanza aumentan de la mano día a día, y es común que nuestra lengua materna resulte insuficiente para describir los horrores con los que desayunamos y cenamos las ciudadanas y ciudadanos del mundo, pues la corrupción, la indiferencia y la negligencia no hacen distingos entre países pobres y ricos, ni entre personas residentes en Europa, América, Asia, Australia o África… Sin excepción, las noticias cotidianas nos ofrecen un panorama oscuro y un futuro incierto en nuestras naciones y el mundo.

Ante el caos, la irracionalidad y la inercia que le caracteriza, distintas fórmulas se proponen en el marco de organismos internacionales, cuya tarea es recuperar los principales logros de la Modernidad y resolver los problemas inéditos que caracterizan nuestro tiempo. Entre ellas, destaca la Educación como si pudiera convertirse en un puente entre el viejo y el nuevo mundo… De las propuestas que mayor trascendencia y aceptación mundial han tenido destaca la tesis de que la Educación “es la vía” para la paz en y entre los pueblos, el desarrollo sostenible y la convivencia armónica de culturas y tradiciones diversas. Las últimas conferencias mundiales sobre Educación apuntan a ello:




En esta propuesta subyace la tesis de que tal forma de educación es posible en la medida en que sea pertinente, equitativa y de calidad. La pertinencia hace referencia a la capacidad de la educación en general y de la superior en particular, de atender las demandas educativas emergentes, tanto en el nivel formal como desde el enfoque de la educación continua y permanente. La equidad supone esfuerzos en la implementación de políticas para garantizar el acceso de todas las personas a las distintas etapas de formación, tanto en el nivel formal como no formal. La calidad implica la determinación de estándares deseables en los sistemas educativos, relacionados con sus distintas actividades: administración, diseño y gestión del currículo, y evaluación de procesos y resultados.

Como comprenderán, estas condiciones son difíciles de alcanzar pues requieren de inversión social y económica elevada, en particular, en materia de formación profesional inicial, de grado, posgrado y continua, así como en infraestructura, investigación y evaluación de los sistemas educativos; pero, además, de esfuerzos de articulación y coherencia entre las distintas etapas de la formación, desde la infancia hasta la adultez a lo largo de la vida.

Creo que hay logros incuestionables en el país en esos aspectos; en particular, en relación con el acceso. No así en cuanto a pertinencia y calidad, pues aún es difícil superar problemas endémicos como el bajo rendimiento académico y la deserción en primaria y secundaria. Esto incide en forma directa en la educación superior, pues es evidente que el nivel académico de ingreso del estudiantado determina en buena medida la permanencia y el éxito en los estudios en la carrera de interés. En este nivel, las universidades públicas tienen tareas pendientes, pues es su deber misional e histórico, crear las condiciones necesarias para articularse con el sistema de educación pública para contribuir en su mejora continua.

Otra tarea pendiente es la calidad, ya que se hacen reformas generales y de bajo impacto en el fondo y forma de la educación pública en todos los niveles, lo que significa que los resultados son pobres e incluso nulos en muchos casos. Entre los intentos fallidos están los sistemas de arrastre de materias en secundaria y las ayudas económicas; medidas que por sí mismas resultan insuficientes para resolver los problemas que buscan solventar: la repitencia y la deserción del sistema educativo. A estas debilidades se suman los perfiles de salida de las personas profesionales en educación, que aún no se aclara en el sistema de educación superior pública ni privada, las dificultades para el cambio y la innovación curricular de estas carreras, y las limitaciones para acceder a procesos de formación en servicio. A esto se agrega la falta de investigación en materia de educación en todos los niveles del sistema público, pese a que los resultados de los informes del Estado de la Educación reiteran esta debilidad y las limitaciones para solventarla.

La pertinencia, equidad y calidad de la educación son una fórmula interesante y podría funcionar si se toman las decisiones políticas que requiere, se tiene claro el rumbo y se cuenta con los recursos necesarios para implementarla. Mientras esto no suceda, se invertirán los fondos para educación en el activismo y las ocurrencias de los ministros o ministras de Educación de turno, y se mantendrá este ideal como puro discurso de políticos que buscan votos en la población convencida, la no tan convencida y la más apática del electorado, vulnerable a las palabras gastadas, recicladas y cansadas de las campañas de todos los partidos políticos de los últimos 40 años en el país.

La educación pertinente, equitativa y de calidad supone una serie de condiciones: 
  1. Un proyecto-país coherente con los principios democráticos, inclusivos y orientados al bien común y, en consecuencia, la despolitización de la Educación.
  2. El compromiso social de invertir en Educación, al menos, el 8% del PIB.
  3. La articulación del sistema educativo.
  4. La profesionalización de la docencia y la administración de la educación.
  5. Sistemas robustos de evaluación de los sistemas y procesos educativos.
  6. La creación de instancias de I+D en Educación.
  7. Sistemas de monitoreo y mejora continua de la Educación pública en todos sus niveles, a partir de información y hallazgos de investigación.
Es probable que sean necesarios otros insumos para dar sostenibilidad al sistema, pero creo que los mencionados en los puntos anteriores serían un buen comienzo… ¿Qué les parece?


Referencias bibliográficas


UNESCO. (2008). Educación de calidad, equidad y desarrollo sostenible: una concepción holística inspirada en las cuatro conferencias mundiales sobre la educación que organiza la UNESCO en 2008-2009. UNESCO: ED-2009/WS/22.

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