sábado 10 de julio de 2010

Lecciones que aprender en educación del fútbol de alto nivel

He de admitir que el fútbol no me apasiona, pese a que he hecho intentos por encontrar el gusto por ese deporte. No obstante, confieso haber salido una vez, hace muchos años, afónica del Estadio Saprissa porque ganó el equipo anfitrión; pero, no era saprissista, ni entendía mucho el juego… En fin, lo interpreté como el efecto de los eventos masivos, donde la euforia de muchos se transmite como un virus frente al cual ningún sistema inmunológico lo logra, como bien advirtió Freud… A pesar de ese evento extraordinario, no “enganché” con el fútbol y sigue siendo para mí un enigma la fascinación que produce y cómo es capaz de detener los delitos y la criminalidad, las enfermedades y, por supuesto, las actividades laborales, con la venia del sector empleador…

A propósito del Mundial de Fútbol que, como siempre, atrapó por 31 días la atención de todos los medios de comunicación a escala planetaria y abrió espacio para conocer la vida y logros de equipos y futbolistas exitosos africanos, norteamericanos, latinoamericanos, europeos y asiáticos. Messi fue uno de ellos, por su entereza y la de su familia ante la adversidad, por su humildad y sencillez que le merecen ser catalogado alrededor del mundo como una persona íntegra y trabajadora, que realmente ama y hace como “el mejor” lo que hace: fútbol. A sus 23 años, aparte de ser multimillonario y una celebridad, la fama ‒como en muchos otros casos, en particular de la farándula‒ no lo echó a perder todavía… Ojalá siga así, por él, su familia y los millones de personas que lo admiran por sus logros en todas las regiones y latitudes.

Debido al inminente Mundial de Fútbol, hace un par de meses una madrugada de insomnio prendí el televisor y pasaban un documental sobre el fútbol de alto nivel y cómo se le administra y visualiza en los países europeos, donde ese deporte representa una industria multimillonaria, que va más allá del entretenimiento. Los jugadores más hábiles y mejor pagados reciben la mayoría de sus ingresos de empresas multinacionales del deporte, que les pagan sumas inimaginables por lucir sus implementos y ropa deportiva… Por fotografiarse con relojes de élite y hacer anuncios manejando automóviles costosos. En este mundial, los cuatro equipos finalistas se llevarán a sus arcas la módica suma de 94 millones de dólares… El campeón se acreditará 30 millones y el subcampeón 24. Uruguay y Alemania 20 millones cada uno…

Lo interesante del documental fue el grado de conocimiento científico aplicado al rendimiento físico de los jugadores, al trabajo psicológico y la gestión del fútbol como empresa. Me sorprendió la cantidad de expertos en diferentes disciplinas que aúnan esfuerzos para que los jugadores y sus equipos alcancen el nivel necesario para ingresar en el grupo de “los mejores” y ganar copas nacionales, regionales y, por supuesto, la gran presea: la Copa Mundial.

Empiezan con la “caza” de jugadores en los niveles nacional e internacional. Hecha la selección de los más talentosos y mejor aspectados, sigue el juego económico donde se subastan al mejor postor… Hecha la compra, los jugadores son puestos en manos de expertos de diversa naturaleza para llevar su talento y capacidades al máximo posible. En adelante, la fama y la gloria les acompañan, mientras sus equipos recaudan taquillas extraordinarias y la industria del fútbol se expande en sus múltiples y diversas empresas y negocios conexos. Los países en vías de desarrollo, como el nuestro, tenemos varios ejemplos de esta “lógica” de la industria del fútbol. Jóvenes promesas son compradas para jugar en el exterior, en particular en Europa, para abrirse oportunidades que nunca habrían tenido en nuestros países.

La nutrición, el entrenamiento y cuidado físico y psicológico, la calidad y niveles profesionales de las personas que tienen a su cargo el desarrollo técnico y el conocimiento de estos futbolistas son envidiables y cuestan millones… No se escatima dinero ni recursos, cuando de un equipo de fútbol de alto rendimiento y nivel se trata.

En nuestro país, contrario a los logros recientes en el campo del fútbol, con la presencia de la Selección costarricense en dos mundiales, desperdiciamos el talento intelectual y tenemos muy pocos cuidados con el desarrollo mental y psicológico de nuestras niñas, niños y jóvenes brillantes. Las mejores mentes de nuestro país se diluyen en un sistema educativo masivo y masificado, para el cual ni siquiera existen…

Todavía no entendemos que la educación es tan buen negocio, incluso mejor, que el fútbol. No obstante, es difícil pensar que el personal docente, por bueno que sea, ganará algún día lo que el Estado costarricense le paga por mes al entrenador de la Selección de fútbol nacional. De igual modo, no creo probable que algún docente tendrá el reconocimiento público de los jugadores de los equipos de fútbol de Primera División. En general, la inversión que hacen los estados y el sector privado en ese deporte, en términos comparativos, no se acerca siquiera al máximo que se hace en educación. La pregunta que corresponde en este caso es: ¿por qué en las sociedades contemporáneas se invierte más en fútbol que en educación?

Si invirtiéramos, en términos comparativos, los mismos recursos estatales y privados en educación que los que se invierten en fútbol por cada jugador, es probable que todos los países del mundo, sin excepción, fueran más ricos y desarrollados en los niveles humano, cultural, científico y social. Sería posible que la violencia, la criminalidad y las enfermedades se redujeran realmente y no sólo durante los 90 minutos que duran los partidos… Habría más "Messis" en América Latina haciendo como “los mejores” ciencia, tecnología y creando soluciones viables y sostenibles para resolver los múltiples, viejos y reiterados problemas que aquejan la región…

Sin duda, habría menos pobres, menos niños, niñas y jóvenes perdidos en las drogas y el alcohol, y reclutados por el narcotráfico y el crimen organizado. Una ciudadanía más crítica, consciente y socialmente responsable nos permitiría combatir con más recursos la corrupción y recuperaríamos la esperanza en la Democracia, las leyes y los gobiernos. Seríamos más felices a lo largo de la semana y de nuestras vidas, y no tendríamos que esperar con ansiedad el próximo partido, la siguiente contienda internacional y la eliminatoria para participar en el próximo Mundial, rezando por la clasificación, para experimentar esa sensación de logro y la emoción del éxito y la tarea cumplida, aunque otros metan los goles…

Tal vez, la solución a la crisis en educación de nuestro país sea verla como “un buen negocio” social y personal, y fomentar la inversión pública y privada en la industria del conocimiento y el desarrollo de innovación científico-tecnológica. Ojalá contemos en el futuro con mejores jugadores de fútbol y que nuestra Selección Nacional alguna vez nos regale una Copa Mundial. Les aseguro que, si fuera el caso y pudiera, ese partido sí lo vería…

Ojalá tengamos una mejor educación y una ciudadanía con más y mejores oportunidades para pensarse a sí misma, tomar mejores decisiones y contribuir con su esfuerzo e integridad intelectual y moral con el desarrollo de su propia vida, el de las personas que ama y le rodean, y el de la sociedad costarricense como un todo. Eso también, si fuera el caso y pudiera, quisiera verlo…

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domingo 20 de junio de 2010

¿Inversión o gasto en educación pública? Entre debates rancios, palabras gastadas e ideas contradictorias

Me voy a tomar la libertad de empezar este comentario haciendo referencia a dos acontecimientos recientes y trágicos, que hoy afectan a la Humanidad como un todo y, probablemente, continúen haciéndolo por muchas décadas: la crisis financiera global de 2008 ‒la Burbuja inmobiliaria‒ y el actual derrame de petróleo en el Golfo de México, producto de las excavaciones en el lecho marino de British Petroleum. Ambos hechos se relacionan con tesis económico-políticas e ideológicas controversiales, cuyo impacto nocivo se hizo manifiesto en el siglo XX, pero eclosionó en toda su magnitud en las últimas dos décadas, empezando con la Guerra del Golfo, donde se vertió en el mar del Golfo Pérsico 1.770.000 toneladas de crudo (véase al respecto: http://es.wikipedia.org/wiki/Derrames_de_petr%C3%B3leo).

Desde inicios de la Era Industrial prevaleció la tesis de que la Naturaleza era una especie de bestia oscura e indomada, a la que había que domesticar… De igual modo, la idea de que el mejor regulador de la economía era el Mercado porque, por algún azar ajeno a nuestro entendimiento o “mano invisible”, controlaba fuerzas igualmente oscuras e indomables: la oferta y la demanda… y luego los precios se equilibraban y “la magia” hacía que los “buenos productores” siguieran en la contienda y se fortalecieran en las relaciones comerciales, mientras los ineficientes e ineficaces, tarde o temprano, saldrían derrotados para ceder su espacio a los “mejores” y ofrecer opciones óptimas de bienes y precios a los atribulados consumidores…

Estas tesis tuvieron éxito hasta que dos eventos semejantes a los actuales asolaron la fuerte economía industrializada estadounidense y, por ende, la mundial: el Dust Bowl (Ventisca Negra) y la crisis financiera de la década de 1930. La famosa novela de John Steinbeck, publicada en 1939: Las uvas de la ira, retrata en forma dramática y realista esos eventos… La indomable Naturaleza y las misteriosas fuerzas del Mercado le pasaban una onerosa factura a quienes confiaron ciegamente en dos potencias mágicas de la Modernidad: la Ciencia instrumental y la Economía de mercado.

Respecto de la catástrofe ambiental de la que fue producto la Ventisca Negra, que se extendió desde el Golfo de México hasta Canadá, hoy sabemos que fue provocada:

… por condiciones persistentes de sequía, favorecidas por años de prácticas de manejo del suelo que dejaron al mismo susceptible a la acción de las fuerzas del viento. El suelo, despojado de humedad, era levantado por el viento en grandes nubes de polvo y arena tan espesas que escondían el sol. Estos días recibían la denominación de "ventiscas negras" o "viento negro". El Dust Bowl multiplicó los efectos de la Gran Depresión en la región y provocó el mayor desplazamiento de población habido en un corto espacio de tiempo en la historia de Estados Unidos. Tres millones de habitantes dejaron sus granjas durante la década de 1930, y más de medio millón emigró a otros estados, especialmente hacia el oeste
(
http://es.wikipedia.org/wiki/Dust_Bowl#Tormentas_de_polvo._Factores_clim.C3.A1ticos)

En 1929, al igual que en nuestros días, la crisis del mercado de valores del 29 de octubre de ese año (conocido como Martes Negro), hizo colapsar la economía estadounidense y, rápidamente, su impacto se extendió a escala mundial. Las consecuencias de entonces no fueron diferentes a las de nuestro tiempo: incremento del desempleo y la pobreza, descenso del comercio mundial, caída de la producción y el consumo, inestabilidad política, migración masiva, entre otras. Estos acontecimientos trajeron consigo el empobrecimiento de la población en países ricos y pobres.

Las ideas para salir de la crisis económica fueron interesantes e, igualmente, extraordinarias. La propuesta del economista inglés John Maynard Keynes, del intervencionismo estatal para contrarrestar las contradicciones de la actuación económica privada y los ciclos del mercado, por medio de políticas fiscales y monetarias; y, la política del entonces presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, en 1932: The New Deal.

A pesar de que esas medidas se adoptaron y mostraron éxitos con relativa rapidez, ante la pobreza y la desesperanza que asolaba el mundo industrializado, la sombra del nazismo ya se cernía sobre Europa. Antes de finalizar esa década, en 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial, de cuyos tristes sucesos estamos ampliamente enterados: la xenofobia, el Holocausto, la destrucción económico-política y social de Europa, la muerte de millones de seres humanos, y un lamentable cierre porque, como un golpe de gracia a la civilización occidental, todavía resuena el estallido de las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. En pocos minutos, en la primera ciudad japonesa hubo 120,000 muertos y 300,000 heridos; en la segunda, murieron 140,000 personas entre militares y población civil. Conforme el tiempo pasó, los efectos de la radiación se hicieron ver en deformaciones físicas y tumores de todo tipo en muchas personas sobrevivientes. Los japoneses sufrirán las secuelas de esa tragedia para siempre y, junto a esta nación, toda la Humanidad.

A pesar de que la historia parece repetirse hoy con la misma intensidad y crudeza de la década de 1930, las viejas y desgastadas tesis sobre la Naturaleza y la Economía persisten, pese a que sabemos con certeza que la primera no es una bestia indomable que hay que domesticar "a golpes", sino la base de la vida ‒incluida la nuestra‒ y que las fuerzas que rigen la Economía de mercado, como bien señaló Marx, dejadas a su lógica y dinámica propias son autodestructivas y, finalmente, nefastas para todos, porque ricos y pobres terminan empobreciéndose, envileciéndose, corrompiéndose y deshumanizándose…

La Segunda Guerra Mundial fue sembrada y abonada mucho tiempo antes de que estallara. Psicópatas como Hitler y las perversas e inhumanas tesis del Tercer Riech encontraron terreno fértil en una Alemania ignorante, empobrecida, saturada de políticos ineptos y corruptos. No olvidemos que Hitler fue nombrado Canciller en Alemania en 1933, y fue quien orquestó de manera magistral la primera dictadura de la Era Moderna que se instauraba por mecanismos “democráticos”. Lo que le ocurrió entonces a la Democracia alemana es revelador y nos da indicios de lo que sucede en la actualidad en muchos países “democráticos”… La década de 1930 es un período que debemos estudiar con especial cuidado, porque el riesgo es que la historia se repita…

Hecho este breve recorrido sobre eventos repetidos, que se olvidan y repiten casi de manera idéntica, como si fuéramos habitantes del país donde todos enfermaron de “ceguera” ‒como bien nos advirtió el irreemplazable Saramago que la muerte acaba de arrebatarnos‒, el discurso gastado del “gasto en educación” sacude los cimientos de nuestra institucionalidad e idiosincrasia, en palabras del propio Ministro de Educación…

Como ciudadana costarricense, creo que la salud, la educación y la seguridad social son inversión en desarrollo y no un gasto del gobierno en “majaderías”. Como educadora, sé lo que hacen la ignorancia y la pobreza en las personas. Como profesora universitaria, soy consciente que hay muchas cosas que mejorar en las instituciones de educación superior estatales, pero no es restringiendo su presupuesto que se va a producir el cambio.

Un gobierno “ciego” a las necesidades de educación, salud, acceso a trabajo digno y al bienestar social de la ciudadanía está condenado a fracasar. En América Latina hay un ejemplo dramático de esta verdad: México. En días pasados presentaron un mapa de ese país en los noticiarios, donde no queda un solo tramo de territorio que no esté tomado por el narcotráfico y el crimen organizado…

Un estudio que incluye conocimiento científico experto en oceanografía, climatología y ecología mostró que sólo hace falta que la temperatura promedio del planeta se eleve 2°C para que el cambio climático sea irreversible (http://youthink.worldbank.org/slideshow/?slideshow_id=83). Me pregunto cuánto tiempo le falta a nuestro país para alcanzar el punto de no retorno para convertirse en otro México…

Ojalá nuestros gobernantes, en particular el Sr. Ministro de Educación, Dr. Leonardo Garnier, reflexionen sobre su actuación ante el financiamiento de la educación superior pública. No se puede, ni se debe dar un paso adelante y dos atrás… Felicitaciones por asignar el 8% del PIB a preescolar, primaria y secundaria. Pero, es importante que reconsideren su posición respecto de las universidades estatales.

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Flora Salas

Me llamo Flora Eugenia Salas Madriz y soy educadora. En 1994 empecé a trabajar como profesora en Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica y debido a que me gradué en Filosofía, desde mis primeros años como docente tuve la oportunidad de impartir algunos cursos para la Facultad de Educación relacionados con mi especialidad. También, participé en la formación de Psicólogos en la Universidad Centroamericana de Ciencias Sociales. El contacto con la formación de profesionales en Educación y Psicología me motivó a estudiar ambas disciplinas. ver más>>

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