domingo, 29 de abril de 2012

Alfabetización tradicional y digital en la Sociedad de la Información y el Conocimiento

En la primera mitad del siglo XX, se determinó que existía una relación directa entre alfabetización tradicional y desarrollo económico, social y personal. En la segunda mitad de ese siglo, diversas investigaciones mostraron con evidencias empíricas en varios países y regiones del mundo, el vínculo entre el nivel educativo de la fuerza del trabajo y el crecimiento económico (Torres, 1995). Esta tendencia se mantiene hasta hoy y nadie pone en duda que el desarrollo económico y la educación son factores claves de la evolución personal y social que, además, se implican uno a otro.
 
El desarrollo se entiende como “crecimiento económico” general en sistemas políticos democráticos; no obstante, el incremento sostenido de la pobreza y la exclusión social, así como el avance de la economía perversa son indicadores de que esta noción es restringida y refleja visiones arcaicas de justicia, equidad y auténtico progreso de la sociedad. Ante un “crecimiento económico” que excluye a grandes masas de la población y condena a la pobreza a millones de personas alrededor del mundo, se apuesta por un incremento de la oferta educativa y la atención de problemas endémicos en los países subdesarrollados, relacionados con la baja escolaridad y el bajo rendimiento académico. En la primera década del siglo XXI, se sumó a la alfabetización tradicional, la necesidad de responder a otra brecha social sin precedentes que ampliaba la brecha educativa: la alfabetización digital.
 
La brecha educativa, económica y digital se cierne en la actualidad sobre los débiles tejidos sociales de millones de personas que viven en condición de pobreza y exclusión social a lo largo y ancho del planeta. Estos males sociales dejaron de ser exclusivos de los países pobres, pues hoy las naciones más ricas sufren de estos flagelos, a los que se adhiere la creciente migración de personas excluidas de los países pobres, que incrementa procesos distorsionados de explotación del trabajo y violación sistemática de los Derechos Humanos. La pobreza y la migración son dos condiciones del crecimiento de la economía perversa. Países como Camboya y Kenia son paraísos de los pedófilos, porque las mismas familias de los niños y niñas prostituidos se encargan de “venderlos” al mejor postor para comer y sobrevivir en condiciones infrahumanas…

Pese a los esfuerzos de organizaciones mundiales, regionales y locales, quienes acceden a educación básica no siempre tienen la oportunidad de una adecuada alfabetización tradicional y, menos aún, a la alfabetización digital. Es ingenuo pensar que el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) fijas y móviles es generalizado. Aún millones de personas no tienen acceso a ellas; peor aún, en algunos países hay acceso, pero las personas no están alfabetizadas en el nivel tradicional, lo que las pone en una doble condición de exclusión debido a la brecha educativa.

El desafío de superar la brecha digital tiene como condiciones previas la alfabetización tradicional y digital; es decir, superarla implica cerrar la brecha educativa. Una persona analfabeta o analfabeta funcional, aunque tenga acceso a las TIC será incapaz de aprovecharlas para mejorar su calidad de vida laboral, personal y social. De manera ingenua, aún se piensa que el acceso a la tecnología hace por “arte de magia”, el milagro de impulsar el desarrollo económico y sacar a millones de personas de la pobreza y la ignorancia que obstaculizan el desarrollo humano. Las evidencias indican que el acceso a las TIC es condición necesaria del desarrollo en la Sociedad de laInformación y el Conocimiento, pero no es suficiente. El auténtico desarrollo económico y humano en nuestro tiempo tiene como base la alfabetización tradicional. No es posible superar la brecha digital mientras la brecha educativa persista.

La alfabetización tradicional y la digital van de la mano, pero la primera es condición de la segunda. Una persona que tenga una competencia lecto-escritora pobre no está en condiciones de comprender, interpretar y utilizar la información de manera tal que se convierta en “conocimiento” relevante para el mejoramiento de la calidad de vida personal, laboral y social. Esto nos pone frente a otro mito que alivia “el malestar” en la cultura posmoderna: el hecho de que la información, pese a que es abundante y accesible, no necesariamente se traduce en auténtico conocimiento, ni en desarrollo personal, económico y social.

Hoy es evidente que sólo una educación básica de alta calidad, pertinente y equitativa nos sacará de la “paradoja” de la Sociedad de la Información y el Conocimiento, donde se superen la pobreza y la exclusión, y se desmovilicen formas distorsionadas y patológicas de organización social, como la economía perversa y sus contrapartes: la corrupción política y la destrucción de la lógica de valores de la ciudadanía en sociedades democráticas.
 
El desafío educativo de nuestro tiempo en relación con las TIC y su integración en la enseñanza y el aprendizaje radica en comprender que la alfabetización digital supone la tradicional, y que esta última sigue en crisis porque aún no se hacen los cambios organizativos, curriculares y pedagógicos indispensables para satisfacer las demandas educativas de las sociedades contemporáneas. Aprender a leer y escribir es la primera fase de una educación capaz de estimular la demanda por más y mejor educación formal y no formal a lo largo de la vida. 

Una población alfabetizada y educada de manera permanente, sin duda, hará un uso de las TIC y de cualquier otro medio para obtener información y conocimiento para mejorar su vida en los niveles personal y ocupacional. También, encontrará formas edificantes y saludables de entretenimiento, así como mecanismos para avanzar en su participación ciudadana con responsabilidad social, ética y respecto a la ley y los Derechos Humanos. ¿Qué les parece?

Referencias bibliográficas

Torres, C. (1995). La política de la Educación no Formal en América Latina. México: Siglo XXI.

Etiquetas: , , , ,

sábado, 31 de marzo de 2012

La Educación contemporánea: entre la tradición y la ciencia

Es común que todas las personas, independientemente de su formación académica y su experiencia educativa y laboral, se sientan en posición de emitir criterios sobre la Educación, en particular, respecto de las actuaciones del personal docente y administrativo de las instituciones educativas. En autobuses, en aceras, así como en reuniones informales en cafés, bares y restaurantes es frecuente que la Educación sea un tema de discusión y debate público, máxime cuando hay padres y madres de familia o personas que tienen a su cargo la crianza de niñas, niños y jóvenes; o bien, estudiantes de todos los niveles… Imaginen cómo será cuando se trata de reuniones de personas profesionales de la Educación o vinculadas a ella.

Los problemas de salud y economía suelen ser temas frecuentes de conversación en la ciudadanía, pero ello se hace de manera diferente de cuando se trata de la Educación. Si alguien tiene un problema de salud importante, va a hacer una inversión o adquirir un crédito, se asesora con personas especialistas porque existe la conciencia suficiente en la población de que no hacerlo implicaría riesgos que pueden tener consecuencias indeseables a corto, mediano y largo plazo.
 
Si bien es razonable que la ciudadanía se preocupe por esos temas, en vista de la relevancia que tienen la salud, la economía y la educación en nuestras vidas y en las de nuestros seres queridos, en el caso de la Educación la situación suele ir acompañada de una “certeza” que sólo el conocimiento científico puede dar ‒aunque la historia de la ciencia muestra que muchas teorías y procedimientos médicos y económicos no fueron los mejores, y sus consecuencias nefastas. Ante esta realidad, surge la duda sobre la cientificidad del conocimiento en Educación y ello se refleja en la percepción que tienen de ella la sociedad y las comunidades científicas de profesiones y especialidades reconocidas como “ciencias”.
 
El sociólogo alemán Niklas Luhmann (1996), en uno de sus libros titulado Teoría de la Sociedad y Pedagogía, propuso que la Educación aún se encuentra en una fase pre-científica, que se evidencia en dos aspectos fundamentales:   
  1. el discurso pedagógico se sustenta en el “deber ser” y no en “el ser” de la Pedagogía; y,
  2. existe un déficit de tecnologías que garanticen la eficiencia y eficacia de las aplicaciones del saber pedagógico en situaciones semejantes.
De igual forma, el matemático francés Yves Chevallard (2009), quien escribió un libro fundamental en el desarrollo de la teoría de la Educación titulado La transposición didáctica. Del saber sabio al saber enseñado, planteó la necesidad de encontrar el fundamento epistemológico y teórico que, finalmente, le dan soporte científico al conocimiento pedagógico.  

La tesis que comparten Luhmann y Chevallard es que en Educación se deben esclarecer y sistematizar primero sus principios y fundamentos para, a partir de ellos, construir un campo disciplinar capaz de dar cuenta del fenómeno que le compete estudiar: el hecho educativo (Luhmann); o bien, el sistema didáctico (Chevallard). Como verán, la denominación para el objeto de estudio de la Educación que proponen estos autores es distinta, pero coinciden en que la enseñanza o la didáctica presuponen tres actores: una persona que enseña, otra u otras que aprenden y un saber por ser enseñado. Aclarar estos aspectos permite “pensar” de una nueva forma la Educación, pues ya no se trata de “opinar” sobre cómo hacerlo mejor o peor…, sino de explicar las características de esos componentes y comprender los roles de cada uno de ellos en el hecho educativo como tal, para controlarlo y predecir ‒de algún modo y en algún grado‒ sus resultados. 

Esos tres componentes esenciales: docentes, estudiantes y saberes socialmente relevantes, no se relacionan ni ocurren en cualquier situación o lugar, sino al interior de sistemas organizados en los niveles legal, ético, curricular y cultural. Todos estos aspectos son indispensables para alcanzar la meta del hecho educativo formal: el logro de aprendizajes intencionados en diferentes estadios del desarrollo de la persona.
 

Los componentes del fenómeno educativo parecen obvios, pero su esclarecimiento no es trivial porque de ello depende su adecuada delimitación y, en consecuencia, la posibilidad de producir conocimiento científico al respecto: no cualquier persona es docente o estudiante, y no cualquier saber es posible de ser enseñado en todas las circunstancias y a todas las poblaciones en cualquier momento de la vida. La actividad y roles de docentes y estudiantes son distintos y dado que “el saber sabio no puede ser enseñado” desde la perspectiva de Chevallard (2009), se tienen que crear métodos de enseñanza que permitan el aprendizaje de conocimientos indispensables para la vida de las personas en circunstancias concretas, así como para la producción y reproducción de la sociedad como un todo. Entre estos conocimientos, se privilegian el aprendizaje de la lengua materna, de las ciencias y la cultura general.
 
La complejidad del hecho educativo es enorme y hasta ahora se le ha definido, principalmente, por razones de índole filosófica, ética, ideológica y política. Hoy, por primera vez en la historia de la Educación, es necesario esclarecer los fundamentos científicos del fenómeno educativo para atender las demandas educativas de nuestro tiempo. 

Quizás la crisis de la Educación contemporánea radique en la superación de una visión pre-científica de ella, más bien dogmática y tradicionalista, por otra de base científica que ya empieza a vislumbrar otras bases para sustentar una práctica de la enseñanza capaz de alcanzar los aprendizajes que se requieren en el siglo XXI. De estos esfuerzos hablaremos en próximas entregas del blog. ¿Qué les parece? 

Referencias bibliográficas

Chevallard, Y. (2009). La transposición didáctica. Del saber sabio al saber enseñado. Argentina: Aique.

Luhmann, N. (1996). Teoría de la sociedad y pedagogía. Barcelona: Paidós.

Etiquetas: , , , ,

Flora Salas

Me llamo Flora Eugenia Salas Madriz y soy educadora. En 1994 empecé a trabajar como profesora en Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica y debido a que me gradué en Filosofía, desde mis primeros años como docente tuve la oportunidad de impartir algunos cursos para la Facultad de Educación relacionados con mi especialidad. También, participé en la formación de Psicólogos en la Universidad Centroamericana de Ciencias Sociales. El contacto con la formación de profesionales en Educación y Psicología me motivó a estudiar ambas disciplinas. ver más>>

Entradas anteriores

Archivos

Suscribirse a
Entradas [Atom]