viernes, 29 de junio de 2012

¿Qué hacer cuando todo se desmorona? Encrucijadas de la educación en los malos tiempos

En los últimos tiempos recuerdo con más frecuencia cuando estudiaba Filosofía y tuve mi primer encuentro formal con las propuestas existencialistas de Sartre y Camus. La tesis de "hacer del absurdo el sentido de la vida", me pareció una propuesta insólita... No podía entender entonces que la vida adquiriese sentido de esa forma. Años después, he de admitir -no sin tristeza- que la realidad y circunstancias de mi país: Costa Rica, me han llevado a reconsiderar esta tesis muchas veces, porque sin darme cuenta y haciendo cosas cotidianas, como el café o lavar los platos, suelo pensar cómo y cuándo llegamos a asumir quienes vivimos en este pequeño y curioso país, que el absurdo es un ingrediente convencional, natural e inevitable en nuestras vidas...

El infame caso del puente de "la platina" (vídeo disponible en YouTube) hoy encuentra su "doble" en el enorme hueco de la Autopista General Cañas... Ya sin asombro ni miedo, aquélla noticia que se hermanaba al puente tembloroso y hostil, me causó una sensación de extrañamiento y surrealidad. Me sentí entrando en algún cuadro de Dalí, donde los elefantes son gigantes con enormes patas largas y delgadas, que sostienen cuerpos-carrozas que llevan en sus casas fantásticas santos, señores, monstruos y sombras...; o bien, girando en espirales azules o con platos donde se deposita un frijol, un auricular de teléfono y un fondo de guerra y locura, mientras relojes sin tiempo chorrean la realidad en un abismo árido y aplastado... Así las cosas, con esa incomodidad y sensación de estar "caminando en el vacío", como se sintiera Heisenberg cuando postuló el principio de incertidumbre y la naturaleza de la materia, donde los átomos eran universos diminutos rodeados de espacio transcurriendo en el tiempo...

Conversando con colegas, amigas y amigos, este golpe del último hueco en la Autopista General Cañas tuvo un efecto devastador y siniestro. Sin saber cómo, nos puso frente a una realidad incuestionable: el país se cae a pedazos, y muchas décadas de malos gobiernos, corrupción generalizada e indiferencia civil, nos pasan hoy su onerosa factura, pero con intereses de mora y los corrientes, más impuestos y otras cargas impositivas...


Quisiera utilizar estas metáforas penosas de nuestro país, para hacer un paralelismo con lo que ocurre en la educación nacional. Quizá quienes no se vinculan a ella pensarán que exagero, pero las personas que todos los días se asoman por las rendijas del destartalado sistema educativo nacional encontrarán semejanzas asombrosas entre el precario estado de nuestras carreteras nacionales y lo que acontece al interior de las instituciones educativas y en el Ministerio de Educación Pública (MEP):


  1. La primera similitud es el abandono. Décadas de politiquería, botines políticos, amigos y amigotes, pésimas administraciones y pseudoreformas de todo tipo hoy convierten al sistema educativo en un robusto Frankestein perdido en su propia monstruosidad.
  2. La segunda, la estrategia del "parche", donde las supuestas innovaciones educativas son rápidamente absorbidas por la decadente administración y la cultura del mínimo esfuerzo, la mediocridad y el caos.
  3. La tercera, la indiferencia de la ciudadanía, que configura un espacio individualista, ciego, sordo y mudo, donde cada costarricense continúa su vida sin importarle cuándo dará con su propia humanidad entre un enorme hueco, del que nadie se molestará por ir a rescatarle; sin pensión ni Caja Costarricense del Seguro Social donde morir con dignidad; sin electricidad, Internet, telefonía ni agua, sólo para empezar...


Ciertamente, hay muchas personas decentes, honradas, de gran profesionalismo y generosidad en el sistema educativo público costarricense, pero su entrega al trabajo y nivel de compromiso no alcanzan para salvar la malherida educación nacional. Se requiere de una ciudadanía responsable, consciente y activa, que obligue a quienes tienen postrado el país y la Educación a hacer las cosas como se debe y a no obstaculizar a quienes quieren y pueden contribuir en ello. Ese sería un buen comienzo para que nuestras niñas, niños y jóvenes se motiven a estudiar, permanezcan en las instituciones educativas y mejoren su rendimiento académico.


¿Qué les parece?

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