viernes, 18 de diciembre de 2009

Profesionalización y pauperización de la docencia en Costa Rica: antecedentes y consecuencias

La historia reciente de Costa Rica está marcada por las garantías sociales que se instauraron en la década de 1940: la creación de la Universidad de Costa Rica, la nacionalización de la banca y de servicios públicos estratégicos como: el Instituto Nacional de Seguros, el Instituto Costarricense de Electricidad y la Caja Costarricense de Seguro Social, entre los más importantes. Pese a esos avances, esa década finalizó con la reconfiguración de fuerzas socioeconómicas en el evento político más significativo del país en ese período: la Guerra Civil de 1948 y la constitución de la Segunda República. La suma de esos acontecimientos permitió la creación de un modelo de desarrollo nacional sui generis en la región latinoamericana, en el que principios socialdemócratas sustentaron un fuerte apego a la legalidad e institucionalidad democrática, donde la abolición del ejército y la educación pública constituyeron pilares fundamentales.

Mientras otros países de América Latina se debatían entre la pobreza, la guerra interna y los gobiernos militares de Seguridad Nacional, que derivaron en dictaduras criminales, genocidas y retardatarias del desarrollo económico y social, en nuestro país se crearon las condiciones para encauzar los recursos y esfuerzos nacionales hacia un modelo desarrollista, donde el acceso de toda la población a servicios públicos básicos, seguridad social, legislación laboral, civil y penal de avanzada, y a educación primaria, secundaria y universitaria financiada por el Estado, garantizaron mejores condiciones de vida, movilidad social y oportunidades sin precedentes en la historia nacional para las clases menos favorecidas .

Gracias a la visión de quienes lideraron esos procesos ‒en particular de los miembros del Centro de Estudios de los Problemas Nacionales (http://es.wikipedia.org/wiki/Centro_de_estudios_de_los_problemas_nacionales)‒ y al apoyo de una ciudadanía comprometida con valores de solidaridad, respecto a la vida y al trabajo, el bien común y oportunidades para todos, quienes nacimos en Costa Rica a partir de la década de 1960 fuimos beneficiaros directos de ese proyecto-país. Desde mi infancia disfruté de educación y salud pública, paz social y estabilidad sociopolítica, y mis padres recién casados tuvieron acceso a vivienda propia, gracias al apoyo del Estado costarricense, por medio de los proyectos de vivienda del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU).
Siempre recuerdo con mis amigas y amigos de infancia y adolescencia esa época “dorada” de nuestro país, y coincidimos en que fuimos muy afortunados porque disfrutamos de uno de los proyectos político-sociales más interesantes del siglo XX a escala planetaria, porque estuvo orientado al desarrollo humano y social en democracia. Lamentablemente, como bien sabemos todas las ciudadanas y ciudadanos costarricenses, ese proyecto-país se empezó a desmoronar a partir de la década de 1980, y hoy no quedan más que su registro histórico, algunas instituciones malheridas ‒entre ellas el sistema de educación pública‒, así como su sombra y mención en el discurso de los partidos políticos y sus líderes actuales, que lo repiten más bien con un tono desgastado, algunas veces mal habido y vaciado de sentido.

Como parte de ese legado del proyecto-país de la Segunda República, la educación se desarrolló en forma exponencial y junto con ella la profesión docente, docente administrativa y administrativa. Frente a los requerimientos de un sólido y bien estructurado sistema de educación pública, garantizado en la Carta Constitucional de 1949, los avances en materia de formación de formadores de la década de 1940, debían ampliarse y diversificarse para atender las demandas educativas de ese período.

Es importante hacer un breve recuento de los hechos relacionados con la formación de formadores de la década de 1940, a fin de comprender la rápida y particular evolución de ella hasta hoy. Junto con la fundación de la Universidad de Costa Rica (UCR) el 7 de marzo de 1941, que adoptó el modelo de Córdoba, se integraron a las facultades ya existentes de Derecho y Farmacia, las escuelas de Pedagogía y Bellas Artes, y Agricultura. Estos acontecimientos son fundamentales, porque marcaron el punto de inflexión en la formación de formadores en el país, debido a que se elevó a nivel universitario la tradicional formación de maestros a cargo de la Escuela Normal y se profesionalizó la formación de docentes de secundaria (Dengo, 2001).

En 1957, como parte de la reforma impulsada en el Primer Congreso Universitario (1946), gracias a las gestiones del entonces Rector, el Lic. Rodrigo Facio Brenes, la UCR volvió a hacer historia en el país y en América Latina con la creación de los Estudios Generales, garantes de la formación universitaria humanística, y de otras facultades, entre ellas, la de Educación que “… centralizó la formación de los profesionales docentes, tanto para la enseñanza primaria como para la media y para nuevas especialidades en el campo educacional” (Dengo, 2001, p. 154).

La expansión de la educación pública fue continua a partir de la década de 1950. En 1963 se creó la dirección General de Artes y Letras; en 1965 fue emitida la Ley Orgánica del Ministerio de Educación Pública y se creó el Instituto Nacional de Aprendizaje, a cargo de la educación técnica. En 1968 se fundó la Escuela Normal Superior, orientada a la formación de formadores de educación media. El Instituto Tecnológico de Costa Rica se creó en 1971. El Plan Nacional de Desarrollo Educativo de 1973 fue esencial para continuar la expansión del sistema educativo público del país y la Universidad Nacional (UNA) se creó en ese mismo año. La Universidad Estatal a Distancia se fundó en 1977. A esas instituciones se suman otras parauniversitarias, constituidas por los colegios e institutos universitarios orientados a la formación en áreas específicas. En 1974 se creó el Consejo Nacional de Rectores (CONARE) para coordinar la educación superior estatal.

La educación superior privada se inició a finales de la década de 1970, con la fundación de la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA) en 1977, que implicó la creación del Consejo Nacional de Enseñanza Superior (CONESUP), en 1981. Desde entonces, las instituciones de educación superior privada se han ampliado en número y características hasta nuestros días. En muchas de ellas se imparten carreras de Educación y numerosos profesionales que hoy se desempeñan en el sistema educativo público son graduados de esas instituciones.

La historia de Costa Rica se puede reconstruir a partir de la historia de la Educación. De igual modo, el estilo de desarrollo y macrotendencias económicas y socio-políticas responden a la expansión y características de la educación en el país. Resulta evidente que la formación de formadores es uno de los pilares que soportan nuestra nación, y que de su enfoque, características y calidad depende, en gran medida, su futuro.

Como señalamos en entregas anteriores, la formación de formadores y la profesionalización docente se han deteriorado en forma progresiva en los últimos treinta años. Desde 1980, presenciamos ‒no sin horror y asombro‒ cómo se menoscaba la calidad de la formación en primaria, secundaria y en la educación superior pública. No es de extrañar que el país haya caído en un franco retroceso de los logros de las décadas previas, y que nuestras niñas, niños y jóvenes hoy no encuentren en la educación una alternativa para el desarrollo personal, cultural y laboral. El pobre desempeño general de docentes y estudiantes, se suma al creciente problema de la deserción y la repitencia como tristes características de nuestro sistema educativo.

Como educadora creo que es un error atribuir la responsabilidad de la pérdida de la pertinencia, la calidad y la equidad de la educación al profesorado que se forma en las universidades públicas y privadas; por el contrario, estoy convencida de que los responsables directos de la formación de formadores son quienes regularizan y administran el sistema de educación superior en el país: las universidades públicas y privadas en primera instancia, y el CONESUP y el CONARE, en tanto entes reguladores en cada caso.

Los responsables indirectos también están claramente identificados: las ciudadanas y ciudadanos del país, porque en su poder está elegir a quienes gobiernan el país e imprimen el rumbo de la nación. 2010 es un año electoral y nuevamente está en juego el futuro de Costa Rica y el de cada uno de nosotros… Ojalá tomemos la mejor decisión y que, al igual que en el pasado, pensemos con la seriedad que corresponde antes de emitir nuestro voto en los principios que le imprimieron a nuestro país las características que tuvo entre 1950 y 1980, que hoy extrañamos y deseamos para quienes no tuvieron la suerte de vivirlas.

Esperemos que una ciudadanía que se reencuentre a sí misma frente al compromiso con valores de solidaridad, bien común, respeto por la vida, la ley y el trabajo, y oportunidades en democracia para todos, alce otra vez su voz y emita su voto por una Costa Rica mejor para todos, y que demande a quienes tienen en sus manos la educación del país las transformaciones necesarias para poner ante nuestras niñas, niños y jóvenes que ingresan a las aulas, docentes de primer nivel: bien preparados, bien pagados y con opciones auténticas de desarrollo profesional en servicio y educación continua.

Espero que este receso de fin de año, Navidad y Año Nuevo, no sólo nos reconforte con un merecido descanso, la alegría de compartir con quienes amamos y la celebración del cierre de un año más en nuestras vidas, sino que también nos regale espacios para reflexionar sobre el rumbo que queremos para Costa Rica. En los sistemas democráticos es la ciudadanía la que tiene el derecho, pero sobre todo el deber de esclarecer ese rumbo y manifestarlo a través del privilegio del voto.

Finalmente, no quiero terminar esta última entrega de 2009 sin darles las gracias por este año de aprendizaje y desarrollo personal y profesional. En particular, a mi querida amiga Alejandra León Castellá, Directora Ejecutiva de CIENTEC, al personal de la Fundación CIENTEC y a nuestras lectoras y lectores que contribuyen con sus comentarios, experiencias, aportes, conocimientos y sugerencias al logro de los objetivos que nos propusimos desde 2007, cuando empezamos este proyecto.

Les deseo lo mejor en estas fiestas en unión de los suyos. Que el 2010 sea mejor que el 2009, y que la paz que tanto necesitamos y esperamos nos alcance para brindar a nuestras familias y seres queridos lo que merecen de nosotros en esta época de celebración: nuestro amor y compromiso con su bienestar. Velemos porque nuestras niñas, niños, jóvenes y mujeres no sean víctimas de la violencia doméstica que se dispara en épocas festivas.


Referencias bibliográficas

Dengo, María Eugenia. (2001). Educación costarricense. San José, C.R.: EUNED.

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