viernes, 18 de diciembre de 2009

Profesionalización y pauperización de la docencia en Costa Rica: antecedentes y consecuencias

La historia reciente de Costa Rica está marcada por las garantías sociales que se instauraron en la década de 1940: la creación de la Universidad de Costa Rica, la nacionalización de la banca y de servicios públicos estratégicos como: el Instituto Nacional de Seguros, el Instituto Costarricense de Electricidad y la Caja Costarricense de Seguro Social, entre los más importantes. Pese a esos avances, esa década finalizó con la reconfiguración de fuerzas socioeconómicas en el evento político más significativo del país en ese período: la Guerra Civil de 1948 y la constitución de la Segunda República. La suma de esos acontecimientos permitió la creación de un modelo de desarrollo nacional sui generis en la región latinoamericana, en el que principios socialdemócratas sustentaron un fuerte apego a la legalidad e institucionalidad democrática, donde la abolición del ejército y la educación pública constituyeron pilares fundamentales.

Mientras otros países de América Latina se debatían entre la pobreza, la guerra interna y los gobiernos militares de Seguridad Nacional, que derivaron en dictaduras criminales, genocidas y retardatarias del desarrollo económico y social, en nuestro país se crearon las condiciones para encauzar los recursos y esfuerzos nacionales hacia un modelo desarrollista, donde el acceso de toda la población a servicios públicos básicos, seguridad social, legislación laboral, civil y penal de avanzada, y a educación primaria, secundaria y universitaria financiada por el Estado, garantizaron mejores condiciones de vida, movilidad social y oportunidades sin precedentes en la historia nacional para las clases menos favorecidas .

Gracias a la visión de quienes lideraron esos procesos ‒en particular de los miembros del Centro de Estudios de los Problemas Nacionales (http://es.wikipedia.org/wiki/Centro_de_estudios_de_los_problemas_nacionales)‒ y al apoyo de una ciudadanía comprometida con valores de solidaridad, respecto a la vida y al trabajo, el bien común y oportunidades para todos, quienes nacimos en Costa Rica a partir de la década de 1960 fuimos beneficiaros directos de ese proyecto-país. Desde mi infancia disfruté de educación y salud pública, paz social y estabilidad sociopolítica, y mis padres recién casados tuvieron acceso a vivienda propia, gracias al apoyo del Estado costarricense, por medio de los proyectos de vivienda del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU).
Siempre recuerdo con mis amigas y amigos de infancia y adolescencia esa época “dorada” de nuestro país, y coincidimos en que fuimos muy afortunados porque disfrutamos de uno de los proyectos político-sociales más interesantes del siglo XX a escala planetaria, porque estuvo orientado al desarrollo humano y social en democracia. Lamentablemente, como bien sabemos todas las ciudadanas y ciudadanos costarricenses, ese proyecto-país se empezó a desmoronar a partir de la década de 1980, y hoy no quedan más que su registro histórico, algunas instituciones malheridas ‒entre ellas el sistema de educación pública‒, así como su sombra y mención en el discurso de los partidos políticos y sus líderes actuales, que lo repiten más bien con un tono desgastado, algunas veces mal habido y vaciado de sentido.

Como parte de ese legado del proyecto-país de la Segunda República, la educación se desarrolló en forma exponencial y junto con ella la profesión docente, docente administrativa y administrativa. Frente a los requerimientos de un sólido y bien estructurado sistema de educación pública, garantizado en la Carta Constitucional de 1949, los avances en materia de formación de formadores de la década de 1940, debían ampliarse y diversificarse para atender las demandas educativas de ese período.

Es importante hacer un breve recuento de los hechos relacionados con la formación de formadores de la década de 1940, a fin de comprender la rápida y particular evolución de ella hasta hoy. Junto con la fundación de la Universidad de Costa Rica (UCR) el 7 de marzo de 1941, que adoptó el modelo de Córdoba, se integraron a las facultades ya existentes de Derecho y Farmacia, las escuelas de Pedagogía y Bellas Artes, y Agricultura. Estos acontecimientos son fundamentales, porque marcaron el punto de inflexión en la formación de formadores en el país, debido a que se elevó a nivel universitario la tradicional formación de maestros a cargo de la Escuela Normal y se profesionalizó la formación de docentes de secundaria (Dengo, 2001).

En 1957, como parte de la reforma impulsada en el Primer Congreso Universitario (1946), gracias a las gestiones del entonces Rector, el Lic. Rodrigo Facio Brenes, la UCR volvió a hacer historia en el país y en América Latina con la creación de los Estudios Generales, garantes de la formación universitaria humanística, y de otras facultades, entre ellas, la de Educación que “… centralizó la formación de los profesionales docentes, tanto para la enseñanza primaria como para la media y para nuevas especialidades en el campo educacional” (Dengo, 2001, p. 154).

La expansión de la educación pública fue continua a partir de la década de 1950. En 1963 se creó la dirección General de Artes y Letras; en 1965 fue emitida la Ley Orgánica del Ministerio de Educación Pública y se creó el Instituto Nacional de Aprendizaje, a cargo de la educación técnica. En 1968 se fundó la Escuela Normal Superior, orientada a la formación de formadores de educación media. El Instituto Tecnológico de Costa Rica se creó en 1971. El Plan Nacional de Desarrollo Educativo de 1973 fue esencial para continuar la expansión del sistema educativo público del país y la Universidad Nacional (UNA) se creó en ese mismo año. La Universidad Estatal a Distancia se fundó en 1977. A esas instituciones se suman otras parauniversitarias, constituidas por los colegios e institutos universitarios orientados a la formación en áreas específicas. En 1974 se creó el Consejo Nacional de Rectores (CONARE) para coordinar la educación superior estatal.

La educación superior privada se inició a finales de la década de 1970, con la fundación de la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA) en 1977, que implicó la creación del Consejo Nacional de Enseñanza Superior (CONESUP), en 1981. Desde entonces, las instituciones de educación superior privada se han ampliado en número y características hasta nuestros días. En muchas de ellas se imparten carreras de Educación y numerosos profesionales que hoy se desempeñan en el sistema educativo público son graduados de esas instituciones.

La historia de Costa Rica se puede reconstruir a partir de la historia de la Educación. De igual modo, el estilo de desarrollo y macrotendencias económicas y socio-políticas responden a la expansión y características de la educación en el país. Resulta evidente que la formación de formadores es uno de los pilares que soportan nuestra nación, y que de su enfoque, características y calidad depende, en gran medida, su futuro.

Como señalamos en entregas anteriores, la formación de formadores y la profesionalización docente se han deteriorado en forma progresiva en los últimos treinta años. Desde 1980, presenciamos ‒no sin horror y asombro‒ cómo se menoscaba la calidad de la formación en primaria, secundaria y en la educación superior pública. No es de extrañar que el país haya caído en un franco retroceso de los logros de las décadas previas, y que nuestras niñas, niños y jóvenes hoy no encuentren en la educación una alternativa para el desarrollo personal, cultural y laboral. El pobre desempeño general de docentes y estudiantes, se suma al creciente problema de la deserción y la repitencia como tristes características de nuestro sistema educativo.

Como educadora creo que es un error atribuir la responsabilidad de la pérdida de la pertinencia, la calidad y la equidad de la educación al profesorado que se forma en las universidades públicas y privadas; por el contrario, estoy convencida de que los responsables directos de la formación de formadores son quienes regularizan y administran el sistema de educación superior en el país: las universidades públicas y privadas en primera instancia, y el CONESUP y el CONARE, en tanto entes reguladores en cada caso.

Los responsables indirectos también están claramente identificados: las ciudadanas y ciudadanos del país, porque en su poder está elegir a quienes gobiernan el país e imprimen el rumbo de la nación. 2010 es un año electoral y nuevamente está en juego el futuro de Costa Rica y el de cada uno de nosotros… Ojalá tomemos la mejor decisión y que, al igual que en el pasado, pensemos con la seriedad que corresponde antes de emitir nuestro voto en los principios que le imprimieron a nuestro país las características que tuvo entre 1950 y 1980, que hoy extrañamos y deseamos para quienes no tuvieron la suerte de vivirlas.

Esperemos que una ciudadanía que se reencuentre a sí misma frente al compromiso con valores de solidaridad, bien común, respeto por la vida, la ley y el trabajo, y oportunidades en democracia para todos, alce otra vez su voz y emita su voto por una Costa Rica mejor para todos, y que demande a quienes tienen en sus manos la educación del país las transformaciones necesarias para poner ante nuestras niñas, niños y jóvenes que ingresan a las aulas, docentes de primer nivel: bien preparados, bien pagados y con opciones auténticas de desarrollo profesional en servicio y educación continua.

Espero que este receso de fin de año, Navidad y Año Nuevo, no sólo nos reconforte con un merecido descanso, la alegría de compartir con quienes amamos y la celebración del cierre de un año más en nuestras vidas, sino que también nos regale espacios para reflexionar sobre el rumbo que queremos para Costa Rica. En los sistemas democráticos es la ciudadanía la que tiene el derecho, pero sobre todo el deber de esclarecer ese rumbo y manifestarlo a través del privilegio del voto.

Finalmente, no quiero terminar esta última entrega de 2009 sin darles las gracias por este año de aprendizaje y desarrollo personal y profesional. En particular, a mi querida amiga Alejandra León Castellá, Directora Ejecutiva de CIENTEC, al personal de la Fundación CIENTEC y a nuestras lectoras y lectores que contribuyen con sus comentarios, experiencias, aportes, conocimientos y sugerencias al logro de los objetivos que nos propusimos desde 2007, cuando empezamos este proyecto.

Les deseo lo mejor en estas fiestas en unión de los suyos. Que el 2010 sea mejor que el 2009, y que la paz que tanto necesitamos y esperamos nos alcance para brindar a nuestras familias y seres queridos lo que merecen de nosotros en esta época de celebración: nuestro amor y compromiso con su bienestar. Velemos porque nuestras niñas, niños, jóvenes y mujeres no sean víctimas de la violencia doméstica que se dispara en épocas festivas.


Referencias bibliográficas

Dengo, María Eugenia. (2001). Educación costarricense. San José, C.R.: EUNED.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cambio e innovación en la formación de formadores: requisito para erradicar prácticas como el plagio en la educación costarricense

En 1998 se llevó a cabo en París la primera Conferencia Mundial sobre Educación Superior. En ese foro se discutieron las necesidades educativas emergentes en el contexto de la Globalización, la sociedad Postindustrial y la Sociedad del Conocimiento y la Información (SIC). En el nuevo contexto mundial, se propuso que las instituciones universitarias son “… sistemas complejos que interactúan con las instituciones de su entorno, es decir, con los sistemas políticos, económicos, culturales o sociales. Están condicionadas por su entorno local y nacional (meso-entorno) y cada vez más por su entorno regional e internacional (o macro-entrono)” (UNESCO, 1998, p. 4). A la complejidad de las instituciones de educación superior compuesta por subsistemas, a su vez, complejos, se suma el micro-entorno: la organización universitaria, que tiene sus propias lógicas y formas de interactuar consigo misma y con el contexto regional e internacional.

El nuevo enfoque de las instituciones de educación superior de finales del siglo XX es importante, porque por primera vez en su historia se las definió por consenso mundial como sistemas abiertos y complejos, en constante relación con un entorno social en “plena mutación”, que exige la revisión general de las premisas básicas de la universidad, ante la conformación de “escenarios paradójicos” que inciden en la forma como estas instituciones satisfacen las demandas educativas del presente. Asimismo, ello evidencia la relevancia del trabajo profesional en economías y sociedades basadas en el uso intensivo del conocimiento como medio de producción y reproducción del sistema social como un todo.

Entre las paradojas del macro-entorno que afectan a las universidades en la actualidad, se identificaron la globalización de la economía, la creciente migración de la fuerza de trabajo, el crecimiento demográfico en países pobres y el envejecimiento de la población en los países ricos, el acelerado desarrollo del conocimiento científico y tecnológico, y la mundialización de la cultura. Entre las paradojas del micro-entorno se señalaron:

-la masificación progresiva de la educación superior frente a la reducción de recursos que se le asignan;
-la masificación de la enseñanza frente a la intensificación de formas de exclusión socioeducativa;
-la presión por elevar la calidad y la oferta académica ante el aumento del desempleo de los graduados universitarios;
-el incremento de controles estatales ante la reducción y el condicionamiento de recursos;
-la necesidad de internacionalización de la educación superior frente a una fuerte presión interna por la contextualización de la formación universitaria;
-la fuerte crisis en la formación universitaria provocada por las TIC, que paradójicamente fueron creadas y desarrolladas en las universidades; y,
-la importancia que ha adquirido la docencia en un entorno donde no se han dado las condiciones para el desarrollo profesional del profesorado. (UNESCO, 1998)

Desde esta perspectiva, el meso-entorno (país-región) se ve afectado por las tendencias del macro-entorno (tendencias globales de la educación superior) y del micro-entorno (tendencias internas de las organizaciones universitarias) que, a su vez, ejerce presión para que la formación de profesionales se ajuste a los requerimientos nacionales, regionales e internacionales. El juego de esas fuerzas y tensiones es un desafío para la educación superior en nuestro tiempo y el mayor de ellos es concertar una visión situada y universal de la formación universitaria para el siglo XXI, que se fundamente en los principios de pertinencia, equidad y calidad de la educación superior (UNESCO, 1998). En el marco de paradojas y desafíos de una sociedad en mutación y marcada por el cambio radical es impostergable una “revolución pedagógica” en todas las modalidades de educación superior y la invención de propuestas de enseñanza universitaria más coherentes con las exigencias actuales de formación profesional.

Ante las nuevas demandas educativas en un entorno global que se caracteriza por el desarrollo desigual, la rápida obsolescencia del conocimiento, la revolución de las TIC y la transformación de la economía, la educación virtual, la bimodal, la formación continua y, la autoevaluación y acreditación de carreras universitarias son innovaciones que se introdujeron recientemente en respuesta a las características y necesidades educativas de los habitantes del siglo XXI. Pese a estos avances, aún faltan cambios e innovaciones en las organizaciones universitarias y los currículos para que la educación superior costarricense esté a la altura de los tiempos.

Para el caso que nos ocupa: la formación de formadores, hemos de admitir que en el país hay un franco deterioro que se percibe tanto en las personas graduadas de universidades públicas como de las privadas. La obsolescencia de los planes de estudio, así como la escasa formación en Historia, Epistemología, Teoría de la Educación e Investigación, se suman a una limitada acreditación de las carreras de Educación en universidades públicas y privadas. Si la acreditación es el mecanismo más importante para evaluar la educación superior y los programas de estudios que las universidades imparten, esto nos muestra que poco se ha hecho al respecto en el país, tanto desde el Consejo Nacional de Enseñanza Superior Universitaria Privada (CONESUP) como desde el Consejo Nacional de Rectores (CONARE) de las universidades públicas. Un área estratégica para el desarrollo del país, como es la Educación, debió ser una prioridad para estas instancias. A once años de la primera conferencia sobre Educación Superior, al menos el 50% de las carreras universitarias en el área de educación deberían estar acreditadas.

Siempre comento con mis estudiantes que en educación “matamos al paciente a largo plazo”, y que ello ha favorecido el “debilitamiento” o “enrarecimiento” sistemático de la formación profesional en el campo de la Educación. La escasa supervisión de la calidad y la pertinencia de la formación profesional que impera en el país en todas las áreas, en particular en Educación, es otro elemento que favorece el estancamiento de la formación de formadores. A ello se debe agregar que el principal empleador de profesionales de la educación: el Ministerio de Educación Pública (MEP), no cuenta con sistemas robustos de evaluación del desempeño docente, docente-administrativo ni administrativo. Tampoco tiene mecanismos para discriminar entre “buenas y malas universidades” cuando recluta al personal docente y administrativo, ni posee medios para certificar que contrata a los mejores profesionales. Lamentablemente, los títulos hoy dicen poco o nada de la calidad e idoneidad profesional… Ante un panorama de esta naturaleza, es poco lo que podemos esperar en términos de la calidad y la pertinencia de la formación de formadores en el país.

Creo que sólo cuando se superen estos problemas avanzaremos hacia un sistema educativo que promueva organizaciones educativas orientadas a la excelencia y el mejoramiento continuo, capaces de exigir y acoger profesionales de la educación de alto nivel, con el desempeño necesario para hacer las transformaciones pedagógicas y de gestión que se requiere para alcanzar una educación pertinente y de calidad para nuestras niñas, niños y jóvenes.

Si el MEP, en tanto principal empleador del sector educación, no presiona a las universidades públicas y privadas para que innoven y cambien la formación de formadores y acrediten sus carreras, el pronóstico sigue siendo reservado. En contraposición, las instituciones privadas de primaria y secundaria seleccionan con mucho cuidado a su personal docente. Esto explica, al menos en parte, las abismales diferencias en los resultados académicos del estudiantado de los sectores público y privado, así como las brechas de acceso y permanencia en educación superior de unos y otros.

Docentes y Administradores(as) de la Educación con una formación universitaria deficiente y desactualizada, no desarrollan ni adquieren las capacidades, actitudes, conocimientos, ni las competencias necesarias para llevar a cabo la “revolución pedagógica” que requerimos. El plagio en las universidades también se ha disparado en los últimos años… Ello muestra que muchos de los estudiantes de educación superior del país no tienen la capacidad para hacer por sí mismos los trabajos académicos requeridos en su formación profesional. Tampoco tenemos claro si los programas y planes de estudios son adecuados y preparan a los que se gradúan para el mundo laboral que enfrentarán. La acreditación de las carreras de Educación no es una garantía de que superaremos los problemas que hoy nos aquejan. De hecho, tengo bastantes reservas al respecto; pero, al menos, permite diferenciar entre universidades de primera, segunda y tercera… Lo que ya es un buen comienzo.

¿Qué les parece?



Referencias bibliográficas

Bell, D. (1994). El advenimiento de la sociedad post-industrial. Un intento de prognosis social. Madrid: Alianza.

Castells, M. (2000a). The Rise of the Network Society. The Information Age: Economy, Society and culture. Great Bretain: Padstow & Conrwall. Vol I.

Castells, M. (2000b). End of Millennium. The Information Age: Economy, Society and culture. Great Bretain: Padstow & Conrwall. Vol. III.

Rodríguez, M. [Coord.]. (2002). Didáctica general. Qué y cómo enseñar en la sociedad de la información. Madrid: Biblioteca Nueva.

UNESCO. (1998). La Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y acción. París: UNESCO.

    lunes, 26 de octubre de 2009

    El enfoque pedagógico y curricular del sistema educativo público y el plagio como otro síntoma del desgaste de la educación moderna

    Figura 1


    Cuando busqué el título para esta entrega del blog, la palabra que mejor describía lo que ocurre en la actualidad con las instituciones modernas ‒entre ellas el modo de producción industrial que tuvo su mayor auge en el siglo XIX‒ fue “desgaste”. Con el ingreso en una economía globalizada y en la Sociedad del Conocimiento y la Información que provocó cambios profundos en todas las instituciones de la Modernidad, lo mismo sucedió con la educación debido al surgimiento de necesidades educativas inéditas, tanto en los países ricos como en los pobres. El uso intensivo del conocimiento en los procesos productivos, así como la complejización de los entornos laborales por la integración estructural y funcional de la tecnología, ampliaron los requerimientos de educación formal y especializada, aún en los trabajos menos calificados.

    La brecha del conocimiento se hizo más que evidente en la nueva dinámica de la economía global que se inició en la década de 1990, porque los países menos desarrollados y dependientes de la ciencia y la tecnología producida en los países ricos, tuvieron que enfrentar sin recursos ni ideas nuevas su baja productividad, su ineficiencia e ineficacia administrativa general, y sus deficiencias económicas estructurales. En el nuevo contexto, la baja escolaridad de los ciudadanos y ciudadanas del Tercer Mundo se convirtió en uno de los problemas más importantes a resolver, que se sumó a otros muchos vinculados a ella, de una forma u otra: la pobreza, la brecha digital, la corrupción, la ingobernabilidad, el poco desarrollo de infraestructura vial, puertos y aeropuertos, la delincuencia creciente, la violencia y el crecimiento acelerado de las redes que articulan la economía perversa. América Latina, África y muchos países asiáticos hoy son centros de operaciones a gran escala del narcotráfico, la trata de personas, la venta ilegal de armas y órganos, la pornografía y la prostitución infantil y de personas adultas, y otras tantas formas distorsionadas y patológicas de obtener riqueza a costa de la profanación sistemática de uno de principales logros de la Humanidad: el reconocimiento del valor de la vida humana.

    Parece evidente que la apuesta de la economía perversa es la destrucción final de nuestra especie sobre la Tierra, porque, sin excepción, se basa en actividades que atentan contra aquellas que garantizan la construcción de sistemas sociales de acción reproducibles, como: la preservación de la vida en general y de la humana en particular, la convivencia pacífica, el orden y el respeto a los sistemas de derecho nacionales e internacionales, la validez y la legitimidad (Habermas, 1991, 1994). Tampoco el sistema de producción y consumo vigentes apuntan a una mejora sustancial de las condiciones de la vida humana en el siglo XXI. El calentamiento global, el acelerado deterioro ambiental y la destrucción sistemática de ecosistemas y especies terrestres y marinas, también nos tienen al borde del abismo. Pero, ante esa realidad las desgastadas instituciones nacidas en la Modernidad muestran poca o ninguna capacidad para contrarrestar los efectos destructivos, consecuencia del deterioro de las bases que sostienen los ideales de la Ilustración y la Modernidad.

    Por primera vez en la historia de nuestra especie, estamos frente al riesgo de una inminente autodestrucción. Las estimaciones más esperanzadoras nos dan un breve plazo para rectificar: lo que nos resta del siglo XXI. Ante el desafío de revertir en sólo 90 años las macrotendencias que hoy nos empujan como especie hacia la muerte y la destrucción, aparece como tarea urgente un cambio profundo en la visión del papel que juega la educación como institución socializadora y, en consecuencia, de sus implicaciones en la formación de los seres humanos que tendrán la responsabilidad de contener las fuerzas desencadenadas por la economía perversa, la ganancia fácil, la corrupción personal, política y empresarial, el oportunismo y el irrespeto generalizado por el medio ambiente y la vida, que hoy caracterizan nuestro mundo.


    El mensaje que reciben niños, niñas y jóvenes es justamente ese: la autodestrucción. Lo dramático es que tiene eco en ellos, porque experimentan una sociedad en caos, donde las personas adultas se matan por amor, asesinan a sus hijos e hijas por amor, y después de sus crímenes se suicidan por amor. Sólo a manera de ejemplo, mucha de la música que escuchan les ofrece mensajes de odio, racismo, machismo, misoginia, autodestrucción, desprecio por la vida y violencia. Mientras tanto, sus padres, madres o encargados están tan ocupados en sus trabajos y tareas cotidianas, que no tienen idea de lo que esas canciones de son pegajoso dicen en español, inglés, spanglish o cualquier otro idioma. Una cultura decadente y desgastada recicla lo viejo y mucho de lo nuevo disponible para las mayorías no siempre es constructivo ni valioso ética y estéticamente.

    El enfoque pedagógico y curricular vigente es una curiosa mezcla del enfoque tradicional-transmisionista que emergió en las universidades medievales en el siglo XIII, con los aportes de cientificidad que le imprimieran al Conductismo Watson y Skinner en la primera mitad del siglo XX. Para mejor comprensión de esto observen la figura 1, construida con base en Florez Ochoa (2000), al inicio del texto.


    Siguiendo a Florez Ochoa (2000), en el enfoque tradicional heredado de la Edad Media y en el Conductista, el docente es el centro del proceso educativo, pues es quien tiene y administra el conocimiento y lo transmite al alumnado a través de exposiciones orales y clases de corte magistral. En esos modelos de enseñanza la habilidad cognoscitiva privilegiada es la memoria, porque el conocimiento debe ser “grabado en ella”, bajo el supuesto de que es de ese modo que el estudiante “aprende”. La evaluación se compone de pruebas orales o escritas que dan fe de lo que “contiene” el estudiante en su memoria (Vizcarro y León, 1998). Ante el nivel de producción de libros, revistas e Internet esta propuesta aparece como realmente obsoleta.

    En el modelo tradicional se entiende que el aprendizaje es “… la actividad de memorizar información relevante procedente de un profesor o de un texto, transmitida, en cualquier caso, de forma unidireccional” (Vizcarro y León, 1998, p. 19). En el conductismo, el aprendizaje es “un cambio estable en la conducta [producto del] reforzamiento” (Hernández, 1998, p. 95), donde “el nivel de actividad del sujeto se ve fuertemente restringido por los arreglos de contingencias del profesor-programador, los cuales se planean incluso desde antes de la situación de instrucción” (Hernández, 1998, p. 94). Como verán, desde esta perspectiva, el plagio es una práctica “saludable” y efectiva, que es promovida por la lógica misma del modelo de enseñanza y aprendizaje.

    Entre los aspectos en común de esos paradigmas están los roles del docente y del estudiante en el proceso de enseñanza y aprendizaje. El profesor o profesora porta el conocimiento y lo administra, el estudiantado es pasivo y debe plegarse sin cuestionamiento a los planteamientos de quien le enseña. Asimismo, estos modelos parten del supuesto de que la información es escasa y verdadera, por lo que se debe aprender y replicar de la manera más exacta posible. En consecuencia, el plagio; es decir, la copia textual de las ideas reconocidas como “verdaderas” es la principal tarea del aprendiz; quien, a su vez, debe memorizarlas sin cuestionamiento alguno.


    Esto explicaría por qué el plagio se ha generalizado entre el estudiantado y por qué el profesorado, generalmente, lo califica con 10. Como diría una canción de Les Luthiers, cuando se trata de memorizar, “el que piensa pierde”. Les pedimos a nuestros niños, niñas y jóvenes que sean críticos, creativos, razonen y reflexionen, pero si lo hacen salen mal en los exámenes, especialmente en las pruebas nacionales.

    Esas concepciones del docente y del estudiante resultan inadecuadas para propiciar y desarrollar el tipo de aprendizajes, competencias y necesidades de formación que se requieren en la era de la Globalización y en la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Denle una mirada a los currículos, sistemas de evaluación y a los planes de estudio de primaria, secundaria e, incluso, de educación superior, y traten de ubicarlos en un esquema distinto a los descritos… Verán que estamos frente a enfoques pedagógicos y currículos desgastados y obsoletos, que distan mucho de satisfacer las necesidades educativas del presente. El plagio sólo es un síntoma más del desgaste y agotamiento de estos viejos modelos, que ya dieron sus mejores frutos en tiempos que no volverán y es inútil seguir “lloviendo sobre mojado”.

    ¿Qué les parece?



    Referencias bibliográficas

    Florez, R. (2000). Evaluación pedagógica y cognición. Colombia: McGraw-Hill.


    Habermas, J. (1991). Conciencia moral y acción comunicativa. Barcelona: Península.

    Habermas, J. (1994). Teoría de la Acción comunicativa: complementos y estudios previos. Madrid: Cátedra.

    Hernández, G. (1998). Paradigmas en Psicología de la Educación. México: Paidós.

    Vizcarro, C. y León, J. A. (1998). Nuevas tecnologías para el aprendizaje. Madrid: Pirámide.

    sábado, 19 de septiembre de 2009

    La brecha digital: causas, consecuencias y su relación con el “boom” del plagio en la educación nacional

    Por brecha digital se entiende la exclusión, ya sea personal, de un país o de una región, de las ventajas y oportunidades asociadas al uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la sociedad contemporánea (Majó y Marquès, 2001). Para el caso de la situación al respecto en Costa Rica, les recomiendo revisar el Informe 2006 del Programa de la Universidad de Costa Rica sobre la Sociedad de la Información y el conocimiento (PROSIC), titulado Hacia la Sociedad de la Información y el Conocimiento en Costa Rica (disponible en: http://www.prosic.ucr.ac.cr/index.php?option=com_content&view=article&id=6&Itemid=25), donde se define la brecha digital, según la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) de la siguiente manera:

    … [la brecha digital es] la distancia “tecnológica” entre individuos, familias, empresas y áreas geográficas en sus oportunidades en el acceso a la información y a las tecnologías de la comunicación y en el uso de Internet para un amplio rango de actividades. Esa Brecha Digital se produce entre países y al interior de las naciones. Dentro de ellos, se encuentran brechas regionales, brechas entre segmentos socioeconómicos de la población y entre los sectores de actividad económica. (PROSIC, 2006, p. 204)

    Como consecuencia del acelerado avance de las TIC y de la desigualdad global en la productividad y la distribución de la riqueza, apareció la brecha digital y, con ella, la figura del “migrante tecnológico”, que es el término que califica a las personas que deben hacer uno o más procesos de re-aprendizaje a lo largo de su vida para adaptarse a las características y al funcionamiento de tecnologías que reemplazan de manera irreversible a las ya conocidas.En el caso específico de la educación, en la actualidad es frecuente que docentes que han utilizado por muchos años la pizarra y textos convencionales como medios principales de trabajo en el aula dentro del modelo de enseñanza tradicional-transmisionista y conductista, se ven forzados a utilizar las TIC y a poner en práctica otros formatos de enseñanza, como consecuencia de la fuerte presión política, económica, social, cultural e institucional por incorporar esas herramientas en la enseñanza. Por eso, se puede afirmar que:

    En el período actual de transición, de búsqueda incierta y confusa de nuevos procedimientos y nuevos roles, es obvio que el docente se siente agobiado por la intensificación de sus tareas profesionales para hacer frente de manera incierta y difusa a la compleja y urgente diversidad de la demanda. Para mayor abundamiento, tiene que recomponer y reconstruir su rol profesional al mismo tiempo que se incrementan las exigencias exteriores y se tornan más urgentes. Incremento de responsabilidades y cambio de roles y funciones se mezclan en una preocupante convergencia para aumentar la confusión y el estrés. (Pérez, 1999, p. 175)

    En ese proceso de transición irreversible[1] de la educación tradicional hacia modelos educativos emergentes, en principio más coherentes con las demandas y requerimientos educativos generales de la sociedad contemporánea, muchos docentes han entrado en la categoría de “migrantes tecnológicos”, debido a que tienen que aprender a utilizar la nueva tecnología en los niveles técnico y pedagógico. Posteriormente, deben ensayar su uso y determinar a través de la práctica qué formas de empleo de esos medios resultan más exitosas o innovadoras en su trabajo (Bullock, 2002). Esto implica procesos de reflexión orientados a un replanteamiento de las creencias e ideas del profesorado sobre la enseñanza . Por su naturaleza, tal proceso genera ansiedad y produce distintas reacciones en el personal docente, entre ellas: resistencia al cambio, temor, sensación de vulnerabilidad, incertidumbre y un sentimiento general de sobrecarga de trabajo y desorientación:

    La pérdida de legitimación tradicional de la tarea docente, la incertidumbre de los nuevos horizontes, acompañados por la presión y la urgencia de responder a las exigencias del mercado, así como la escasa consideración social de su labor están provocando en el docente un alto grado de ansiedad e insatisfacción profesional. La cultura docente de final [y principios] de siglo se nutre, en no escasa medida, de frustración, ansiedad, desorientación y cínico pragmatismo.
    […]
    La exigencia de renovación permanente para hacer frente a las necesidades cambiantes de la sociedad, al incremento vertiginoso del conocimiento científico y cultural, a las características peculiares y desconocidas de cada nueva generación de estudiantes, a los requerimientos de renovación metodológica derivada del desarrollo del conocimiento pedagógico, a las demandas de la Administración (que impone modificaciones políticas y técnicas con cada cambio de gobierno, legitimadas en mayor o menor grado por la expresión mayoritaria de la población en los procesos electorales) provoca tanto la tendencia al cambio creador como la frecuente pérdida de sentido, el desconcierto y la frustración. Los docentes encuentran dificultades para responder profesionalmente a las demandas insistentes de cambio y renovación. Cuando el profesional docente se siente incapaz de afrontar las exigencias del cambio, la renovación se convierte en crisis y frustración. (Pérez, 1999, p. 176)


    La transformación en el rol del profesorado que proponen los paradigmas educativos emergentes implica cambios de orden institucional, teórico, pedagógico y subjetivo que inciden directamente en el trabajo docente. Esos cambios conllevan, a su vez, la necesidad de que el docente cobre conciencia de que debe capacitarse y explorar nuevas formas de enseñanza a lo largo de su vida profesional. La experiencia del proceso de enseñanza y aprendizaje como una situación “compartida” por docentes y alumnos no es fácilmente aceptada ni promovida por el profesorado, máxime cuando han adoptado la cultura educativa tradicional, que posiciona al docente como poseedor del conocimiento y único representante de la autoridad en el aula (Flores, 2000).

    El proceso de “acomodación” del profesorado a las nuevas tendencias educativas y la enseñanza apoyada en TIC, prevé una vivencia laboral que puede ser más o menos frustrante y traumática, dependiendo de la personalidad y características del docente, así como de las condiciones y circunstancias institucionales para favorecer esa transición. Es importante considerar que el paso de la cultura y prácticas docentes del modelo tradicional-transmisionista y conductista a las que requieren los modelos emergentes debe ser un proceso colectivo y reflexivo, que involucre a toda la institución y que no se recargue en el personal docente, como si fueran tareas y responsabilidades de su exclusiva responsabilidad y competencia (Hannan y Silver, 2005; Hargreaves, 2003; Knight, 2006; Pérez, 1999).

    Nuestra tesis es que la brecha digital es un factor intrínseco al boom del plagio en la educación costarricense, porque muchos docentes son “migrantes tecnológicos” y cuentan con poco o ningún apoyo institucional para capacitarse en las posibilidades y riesgos para la enseñanza y el aprendizaje de las TIC en general y de Internet en particular. Como consecuencia de esta realidad, muchos de ellos son vulnerables a los efectos indeseables de esos medios en el ámbito de la educación.

    El profesorado está solo frente al impacto positivo y negativo de las TIC, mientras las instituciones educativas, quienes las administran y la sociedad civil le atribuyen la culpa por los desaciertos y la pérdida de calidad de la enseñanza y el aprendizaje. Hasta que esta situación no se asuma como corresponde: desde la administración del sistema educativo, las consecuencias negativas y positivas de las TIC seguirán su propio curso… entre ellas el plagio.

    Lo que debemos comprender de esta situación es que el profesorado es un actor fundamental en el cambio, pero no el único: la administración del sistema educativo y de las instituciones educativas debe procurar al profesorado las condiciones para “migrar” del viejo modelo pedagógico a los modelos emergentes. Pero eso no es posible si la estructura y la lógica de administración de las organizaciones educativas siguen siendo viejas y se resisten a cambiar. Los docentes y la tecnología no pueden hacer por sí mismos el cambio que necesitamos en educación... Las TIC pusieron en jaque a la educación desde sus cimientos, que son: la estructura de la organización, la administración y el enfoque pedagógico.

    Organizaciones educativas burocráticas, sobre-administradas, ineficientes e ineficaces, llenas de contradicciones pedagógicas y sinsentidos de gestión, matizados de leyes, reglamentos y demás entuertos jurídicos, no favorecen la integración adecuada de las TIC en la enseñanza. Por el contrario, la distorsionan, retrasan y la recargan de manera injusta e irresponsable en el profesorado.

    Estoy segura que muchos de ustedes se han sentido frustrados y han enfrentado en soledad y aislamiento la vulnerabilidad que conlleva ser “migrante tecnológico”. Yo lo sé, porque soy parte de la generación de transición y he tenido que sobrevivir como profesora sus embates por mi propia cuenta…


     
    Referencias bibliográficas

    Beck, U. (1998). ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. España: Paidós.

    Beck, U., Giddens, A. & Lash, S. (2001). Modernización reflexiva. Política, tradición y estética en el orden social moderno. Madrid: Alianza Universidad.

    Bullock, D. (2002). Preparing for the journey: Lessons Learned from Preservice Teachers as They Practice Teaching with Technology. A dissertation submitted of the requirements for the degree of Doctor of Education in Educational Leadership: Curriculum and Instruction. U.S.A.: Portland State University.

    Florez, R. (2000). Docente del siglo XXI. Cómo desarrollar una práctica docente competitiva. Colombia: McGraw-Hill.

    Hannan, A. y Silver, H. (2005). La innovación en la enseñanza superior. Enseñanza, aprendizaje y culturas institucionales. Madrid: Narcea.

    Hargreaves, A. (2003). Profesorado, cultura y posmodernidad. Cambian los tiempos, cambia el profesorado. Madrid: Morata.

    Majó, J. y Marquès, P. (2001). La revolución educativa en la era Internet. Valencia: Praxis.

    Pérez, A. I. (1999). La cultura escolar en la sociedad neoliberal. Madrid: Morata.

    Rodríguez, M. [Coord.]. (2002). Didáctica general. Qué y cómo enseñar en la sociedad de la información. Madrid: Biblioteca Nueva.

    Programa de la Sociedad del Conocimiento y la Información (PROSIC). Informe 2006. Hacia la Sociedad de la Información y el Conocimiento en Costa Rica. San José, Costa Rica: PROSIC, 2006.
    [1]Hacemos referencia a la tesis de Beck (1998) y Beck, Giddens, & Lash (2001), de que la Globalización es una nueva fase del modo de producción capitalista que es irreversible debido al carácter y magnitudes que han adquirido los siguientes aspectos:

    1. La creciente densidad del intercambio internacional.
    2. La revolución de las tecnologías de la información y la comunicación.
    3. La exigencia universal de respetar los derechos humanos.
    4. Las corrientes icónicas de las industrias globales de la cultura.
    5. La política mundial postinternacional y policéntrica.
    6. El problema de la pobreza global.
    7. Los atentados ecológicos globales.
    8. El problema de los conflictos transculturales.
    9. El terrorismo internacional. (Beck, 1998; Rodríguez, 2002)

    Esas macrotendencias colocan a las instituciones propias de la modernidad en una situación de crisis y de transformaciones, a su vez, irreversibles. Debido a que la educación, como la conocemos hoy, nació como una institución propia de la Modernidad, no se sustrae a la influencia e impacto de esos eventos.

    domingo, 26 de julio de 2009

    Plagio, parafraseo y “rincón del vago”: la Generación Red y los desafíos de la educación costarricense

    Espero que el receso de medio año les haya permitido un merecido descanso y la recuperación de la energía necesaria para emprender la segunda parte del curso lectivo de 2009. En medio de la pandemia de la gripe AH1N1, el caos vial y la situación política convulsa en la región, debido a la compleja cadena de eventos del último mes en Honduras, la reflexión, el análisis profundo y la necesidad de identificar puntos de encuentro entre las demandas sociales y las respuestas gubernamentales e institucionales cobran relevancia en un escenario local, regional y global caracterizado por la ingobernabilidad.

    A finales de la década de 1980, un teórico de la última generación de la
    Escuela de Frankfurt, Claus Offe, escribió dos libros extraordinarios por su capacidad explicativa y el tema que trataron: el Estado en la fase del Capitalismo tardío y su capacidad para “hacer política” en un contexto radicalmente distinto al de la Era Industrial y el Estado Benefactor. Los libros se titulan: Contradicciones en el Estado de Bienestar (1990) y Partidos políticos y nuevos movimientos sociales (1992). En ambos textos, Offe trabaja con un concepto novedoso entonces: la ingobernabilidad, entendida como la “sobrecarga en la demanda política” sobre el Estado, en un contexto de “sobrecarga en la demanda económica”, conocida como inflación. Creo que quienes trabajamos en educación debemos revisarlos hoy, a la luz de dos décadas “perdidas” en el mundo contemporáneo, en términos de desarrollo humano y económico, y de estabilidad político-social .

    El desbalance entre la capacidad del Estado para satisfacer las demandas sociales y atender las presiones del sector privado hace que nuestras sociedades se vuelvan cada vez más proclives a la “desintegración, la quiebra y el caos” (Offe, 1990, p. 154). Lamentablemente, esta predicción de Offe de hace veinte años se ha cumplido en muchos países y regiones. Centroamérica y Costa Rica, no son la excepción. Las fallas sistemáticas del Estado en el sistema democrático y su incapacidad para articular la lógica político-administrativa necesaria para hacer un balance entre el “bien común” –lo público– y la “libertad individual” –lo privado–, cada vez son más evidentes y profundas. Ejemplos de ello son la última crisis financiera global y la pérdida creciente de credibilidad en los partidos políticos y la política, que se traduce en una escasa participación de la ciudadanía en los asuntos públicos y en la abstención masiva al voto en los procesos electorales.

    Se preguntarán qué relación hay entre un problema generalizado en el ámbito político-económico y la educación. Si me permiten, creo que la relación es directa porque la educación es un bien público, que está regido por la institucionalidad que avala el Estado y, en consecuencia, por el sistema de regulación y legislación que da al país el carácter mismo de nación. A partir de la Constitución Política, se declara la educación como un derecho de la ciudadanía, protegido y garantizado por el Estado costarricense.

    Con la educación ha ocurrido lo mismo que con otras demandas sociales, cuya satisfacción es fundamental para garantizar la estabilidad, el desarrollo general y el bien común, entre ellas: la salud, el acceso al trabajo, la estabilidad laboral, salarios dignos, la seguridad ciudadana, el acceso a la vivienda y pensiones decorosas. Desde la década de 1990, crece la sobrecarga de las demandas educativas sobre el sistema de educación pública, que el Estado costarricense no logra satisfacer por los mecanismos tradicionales –ya desgastados por limitaciones históricas propias, a las que se suman carencias que no fueron subsanadas en el momento oportuno. La erradicación de la pobreza material y cultural en el país es una batalla que se pierde todos los días… Sólo basta ver los sucesos de los noticiarios y algunos programas de entretenimiento nacionales y extranjeros de alta audiencia, para encontrar ejemplos dramáticos de ello.

    Al igual que nuestras carreteras y puentes, la educación pública ha sufrido un largo período de abandono e indiferencia política y ciudadana. Ante la sistemática evidencia de nuestras carencias y fracasos en el sistema educativo público, culpamos a la familia, a la economía, al gobierno de ayer, de hoy y de mañana, al “descalabro” de la juventud e, incluso, a Internet. La Generación Red, a la que pertenecen las personas que nacieron a partir de 1990, es la perjudicada directa; pero, los afectados indirectos somos muchos: la sociedad costarricense como un todo.

    Ante la situación de crisis generalizada y de “crisis en el manejo de la crisis”, entendida como la incapacidad de encontrar soluciones viables y duraderas desde el Estado para recuperar la “estabilidad” (Offe, 1990), debemos reconocer que las viejas fórmulas y las prácticas del pasado resultan inadecuadas o, en el mejor de los casos, parciales. Este tipo de respuesta de las instancias gubernamentales tiene un apelativo popular de vieja data en nuestro país: “parches”. La buena noticia es que los “parches” ya no sirven, porque la profundidad y magnitud de los problemas que hoy nos aquejan hacen que las soluciones basadas en la inmediatez, simplistas, no planificadas y cortoplacistas, simplemente ya no funcionen. Recuerden lo que duraron las reparaciones recientes y las placas metálicas sobre el puente del río Virilla en la autopista General Cañas.

    En relación con lo anterior, en educación enfrentamos un problema de “vieja data”, que se ha generalizado en todas las fases del sistema educativo del país: el plagio. Nuestros niños, niñas, jóvenes y adultos ven “normal” la práctica de “copiar y pegar” de Internet, libros, periódicos, revistas o cualquier otra fuente para hacer sus trabajos y deberes académicos, sin referencia alguna. Pero eso no es lo peor, lo más aterrador es que muchos de sus maestros, maestras, profesores y profesoras califican esos trabajos copiados textualmente y sin referencias con 10… Entonces, ¿qué se dañó tan profundamente en la educación costarricense? ¿Qué implicaciones tiene la generalización de esta práctica en el proceso de enseñanza y aprendizaje, en la formación general y universitaria?, ¿qué hacer al respecto?

    Creo que hay varios factores que se deben considerar para dar una solución integral a un problema tan complejo, que se relaciona con diferentes factores: la brecha digital, el enfoque pedagógico y curricular del sistema educativo público, la formación de formadores, la pauperización de la profesión docente, la formación en servicio del profesorado, la falta de investigación y la carencia de mecanismos de supervisión y control. Por la complejidad y dificultades implícitas de los componentes del plagio mencionados, voy a tratar cada uno de ellos por separado en diferentes entregas en este blog. La idea es motivar la reflexión y discutir las implicaciones de este fenómeno en términos de la calidad, la pertinencia y la equidad de la educación en el país.

    Como les mencioné, los “parches” ya no son una opción razonable y lo que está en juego es el futuro del país. A mi parecer, el plagio se relaciona con lo académico pero lo trasciende, ya que es el resultado de una visión de mundo y valores contemporáneos que deben movernos a la reflexión y a encontrar respuestas para revertir prácticas generalizadas en el sistema educativo nacional que deterioran la inteligencia y la psique, y lesionan los cimientos de la sociabilidad.

    La siguiente entrega tratará la brecha digital y sus implicaciones en la proliferación del plagio y el deterioro creciente de la educación nacional, especialmente en las universidades, en los niveles de grado y posgrado. Para mí es especialmente importante conocer su experiencia al respecto y cómo han abordado el problema en su trabajo docente, así que sus comentarios serán de gran utilidad para orientar el análisis y la discusión sobre un problema de esa magnitud y características, que tiene implicaciones nefastas para nuestro sistema educativo y el país.



    Referencias bibliográficas

    Offe, C. (1990). Contradicciones en el Estado del Bienestar. Madrid: Alianza Universidad.

    Offe, C. (1992). Partidos políticos y nuevos movimientos sociales. Madrid: Sistema.

    martes, 23 de junio de 2009

    Perplejidades y enigmas de la educación contemporánea

    Comentamos en ocasiones anteriores algunas de las principales limitaciones de la educación contemporánea para responder a las demandas educativas de la Sociedad del Conocimiento y la Información (SIC). Entre ellas referimos las inconsistencias epistemológicas y teóricas que subyacen al proyecto educativo nacional, así como problemas paralelos relacionados con la formación de formadores, el modelo de administración y la gestión del sistema educativo público, la anomia social que caracteriza nuestro tiempo y la pérdida de sentido de la educación para nuestros niños, niñas y jóvenes.

    Los avances en el conocimiento sobre la sociedad y la persona, producto de los aportes de la Sociología y la Psicología, ya mostraron ampliamente la importancia de los procesos de socialización primaria y secundaria, para el adecuado desarrollo psicológico y social. Al respecto, la educación juega un papel crucial en la conformación de la persona como sujeto social, capaz de insertarse en el contexto sociocultural e histórico que le corresponde vivir. Entre más educación recibe la persona, mayores son sus posibilidades de alcanzar el éxito social y personal.

    Normalmente se relaciona la educación con las oportunidades laborales, pero ella se vincula también -quizá más de lo que pensamos-, con las posibilidades de crecimiento y maduración personal. Como demostró Piaget (2001), inteligencia y afectividad son parte de un mismo proceso, donde el ser humano se constituye como tal y, en consecuencia, selecciona y justifica sus actuaciones ante sí misma y quienes le rodean. Entre mayor educación y conocimientos adquiere la persona, más probable es que tome mejores decisiones que le afectan directamente y a otros, en particular a su familia. Mucho del descalabro social de nuestro tiempo se explica en parte, por la pérdida de significación de la educación en el nivel personal (Taberner, 2008).

    El énfasis en una visión superficial, utilitaria y mediocre del conocimiento y la cultura ha llevado a tomar decisiones nefastas para la educación, como: el acortamiento de los tiempos de formación, el énfasis en los contenidos, el acento de la memorización en el aprendizaje y la tendencia a convertir los valores socio-culturales en un contenido más del currículo. Sólo la vivencia auténtica y reflexiva del conocimiento y del acervo cultural permiten su integración y elaboración cognoscitiva y afectiva.

    Dos de las necesidades declaradas a escala planetaria son mejorar el acceso y la calidad de la educación; no obstante, sus causas siguen sin ser atendidas: el enfoque epistemológico y teórico, la formación inicial y en servicio de formadores, y la integración de las TIC en los procesos de enseñanza, aprendizaje y gestión de la educación. Entre ellas, el cambio epistemológico y teórico es fundamental, pues de ello depende que se superen los enfoques tradicional-transmisionista y conductista del currículo, la enseñanza y el aprendizaje.

    A nuestro parecer, mientras prevalezca una visión tradicional-transmisionista y conductista de la enseñanza y el aprendizaje, se mantendrá una estructura burocrática de las organizaciones educativas y viceversa. Los enfoques pedagógicos emergentes, como el constructivista, el cognitivo y el sociocultural no son viables en estructuras organizativas burocráticas, cuyos esquemas de gestión son la estandarización, el control formal, la predicción de los procesos -en esencia rutinarios-, y la evaluación estereotipada. Ahora bien, ¿qué debe cambiar primero?: el enfoque epistemológico y teórico de la educación o la organización del sistema educativo costarricense, que incide en los niveles público y privado, desde primaria hasta la educación superior.

    Como bien señala la teoría, pese a que la respuesta es obvia, no encontramos el norte. Debe cambiar la organización primero, porque de lo contrario todo intento de innovación en el nivel educativo será inútil. Creo que la experiencia de nuestro sistema educativo en la década de 1990, específicamente desde 1994, con la Política Educativa hacia el Siglo XXI, en 2002 con el Plan Educativo 2002-2006, el proyecto del gobierno de Abel Pacheco sobre el Relanzamiento de la Educación y el Plan de Acción de la Educación para Todos 2003-2015, son una muestra de que el enfoque está equivocado: el cambio pedagógico no tiene futuro, si no cambia primero la estructura y organización del sistema educativo .

    Como dijera Marx para el caso del sistema filosófico de Hegel, la visión que ha primado hasta ahora en el país sobre el cambio en educación hay que “ponerla de cabeza”. Debemos empezar por el principio: crear un sistema educativo con una estructura y organización coherentes con los enfoques epistemológicos y teóricos emergentes de la educación. De continuar esa perspectiva, seguiremos “lloviendo sobre mojado”. ¿Qué opinan ustedes? ¿Será posible conservar el vino nuevo en odres viejos?


    Referencias bibliográficas

    Piaget, J. (2001). Inteligencia y afectividad. Argentina: Aique.
    Taberner, J. (2008). Sociología y educación. El sistema educativo en sociedades modernas: funciones, cambios y conflictos. Madrid: Tecnos.

    miércoles, 3 de junio de 2009

    Para las personas interesadas en la relación entre el juego, la enseñanza y el aprendizaje

    Estimadas amigas y amigos:

    Quisiera compartir con ustedes la invitación que recibí del Instituto de Investigación y Formación en Juego, cuya dirección electrónica es:
    info@instituto.ws

    • Está abierta la inscripción para el curso a distancia:


      1) Estrategias y Miradas Lúdicas (Curso breve a distancia).
    • Objetivos

      - Profundizar temas relativos a la problemática lúdica
      - Conocer estrategias de observación de juego
      - Desarrollar estrategias lúdicas posibles de acuerdo al contexto

      Síntesis de los contenidos

      El juego.
      La observación del juego.
      Intervención en el juego. Estrategias lúdicas en contexto.
      Duración: 22 de Junio al 16 de Julio de 2009


      (Se entregarán certificados de participación)


      TODAS LAS ACTIVIDADES SON CON INSCRIPCIÓN PREVIA.

      Instituto de Investigación y Formación en Juego:
      www.juego.org.ar
      info@juego.org.ar
      54. 11. 4702-0675
    Espero que les sea de utilidad.


    martes, 19 de mayo de 2009

    Innovación y desarrollo en Costa Rica gracias al binomio creatividad-educación

    La semana pasada recibimos la honrosa noticia de que estudiantes costarricenses de nivel de secundaria, de colegios técnicos públicos recibieron cinco premios en la Feria Internacional de Ciencia e Ingeniería de Intel, que se llevó a cabo en Nevada, EUA. Este logro tiene un valor enorme para el país, porque se premian sólo diez proyectos, entre 1225 que se exhiben en esa feria.
    Los detalles pueden encontrarlos en el periódico La Nación: http://www.nacion.com/ln_ee/2009/mayo/15/aldea1966224.html.

    Cuando vi un reportaje que hizo un canal nacional en Reno, me llamó la atención la actitud y comentarios de las muchachas y muchachos costarricenses que participaron en la Feria. Al respecto, quisiera destacar su actitud, motivación y su visión de la ciencia y la tecnología, así como la reiterada referencia al apoyo de sus padres, madres y docentes como elementos clave en sus logros académicos y en el desarrollo de sus proyectos. Esto confirma que el papel de la familia y el involucramiento proactivo de las instituciones educativas y del profesorado son esenciales en la formación académica de nuestras niñas, niños y jóvenes.

    Creo que para toda la ciudadanía, al igual que para mí, fue refrescante una noticia de este tipo, porque eventos como este hacen un paréntesis en el acontecer del día a día, donde nos enteramos que muchos de nuestros jóvenes están involucrados en actos vandálicos, delincuencia y violencia sin sentido. Esto muestra que el sistema educativo público costarricense con el apoyo de empresas como Intel, dedicadas al desarrollo de conocimiento científico y tecnología de punta, está en condiciones de ofrecer a nuestras niñas, niños y jóvenes alternativas para encontrar en la educación placer, crecimiento personal e intelectual y un futuro promisorio.

    Como bien decía don Mario Benedetti ‒cuya muerte nos duele a todos, en particular a quienes hemos tenido el placer y el privilegio de leer sus novelas, cuentos y poemas‒, los seres humanos somos muy buenos haciendo recuento de lo que no tenemos, pero no lo somos tanto cuando se trata de lo que efectivamente tenemos y es nuestro. Por eso, mi reconocimiento, agradecimiento y una sincera felicitación a las familias, muchachas, muchachos y docentes que hicieron que Costa Rica protagonizara una hermosa y esperanzadora noticia.

    Ojalá que muchos de nuestros niños, niñas y jóvenes, perdidos entre la desesperanza y tentados por el facilismo y el desprecio por su propia vida y la de los demás, encuentren en el ejemplo de estos muchachos y muchachas, una oportunidad para recuperar sus vidas y la esperanza en la educación. A pesar de las deficiencias que tiene nuestro sistema educativo público, es una oportunidad que bien aprovechada marca grandes diferencias en la calidad de vida y el desarrollo de las personas.

    A las muchachas y muchachos premiados:

    Mabellín Fallas, Fabiola Bogantes y Yaoska Hernández, estudiantes del Colegio Técnico de San Sebastián.
    Sayder Palacios, Robert Tomas y Ronny Pérez, graduados del Técnico Don Bosco.
    Yéssica Elizondo, Edwin Xioo y Cynthia Fernández, del Colegio Científico de Puntarenas.
    Rolando Retana, estudiante del Colegio Técnico Don Bosco.

    Para ellos, nuestra gratitud, felicitaciones y los mejores deseos para un futuro marcado por la innovación y la creatividad. Que su ejemplo nos lleve a reflexionar sobre el país que queremos y el futuro que construimos hoy, de la mano de nuestros niños, niñas y jóvenes.

    martes, 17 de marzo de 2009

    Velocidades, tiempos y destiempo de la educación

    Desde la antigüedad, gracias a los aportes y documentación de las actividades políticas y educativas de Grecia y Esparta (a partir del siglo VII a. C), hoy sabemos que la educación existe como institución para atender las demandas educativas de la sociedad. Esto parece evidente; no obstante, cuando las necesidades educativas cambian rápido y de manera radical, el sistema educativo requiere de tiempo para hacer los ajustes necesarios y poner los servicios educativos al nivel que la sociedad requiere. Esto ha pasado pocas veces en la historia, pero ha sucedido.
     
    Un ejemplo dramático del cambio social y económico que precipitó profundas reformas en la educación en la Antigüedad Clásica fue el surgimiento de la clase social comerciante griega, que sin el linaje aristocrático requería de servicios educativos que favorecieran la incipiente y creciente actividad comercial. Esta nueva clase social presionó y "pagó" por servicios educativos acordes con sus intereses, llevando a la polémica entre Sócrates y los sofistas que culminó con la dramática muerte del pensador, que abrió las puertas al desarrollo de la Filosofía en Occidente. El enfrentamiento de esas visiones de la educación se documenta en el famoso diálogo de Platón: Apología de Sócrates.
    La lucha entre las perspectivas de la educación de Homero y Hesiodo, terminó con la diversificación y ampliación de las funciones de la Educación y, en consecuencia, de sus funciones sociales básicas. El primero, defensor de una visión aristocrática, innatista y clasista de la educación; el segundo, de una visión pluralista, histórica y pragmática de ella, hicieron que sus seguidores entraran en conflicto cuando las demandas educativas de la sociedad griega se transformaron, como resultado de cambios en la economía y el desarrollo sociopolítico.

    Desde sus inicios, la educación ha sido una actividad marcada por intereses político-económicos y, por ende, los cambios en ella sólo se dan de manera reactiva, cuando las transformaciones en esos ámbitos están en proceso y expansión. Pero esa no es la suerte exclusiva de la educación, sino que es la de todas las instituciones sociales esenciales. Si hoy estamos frente a la necesidad del cambio en educación es porque las demandas de la sociedad al respecto cambiaron. Ello implica que en la actualidad las personas requieren de otro tipo de conocimientos y competencias para ser funcionales social, cultural, laboral política y económicamente.

    La experiencia de una "sobrecarga cognitiva" y del  "aceleramiento del tiempo vital" que caracterizan nuestra civilización es resultado de un incremento sin precedentes de la cantidad de información disponible y del acceso a ella. Por el contrario, en la Antigüedad Clásica y hasta inicios de la Revolución Industrial, la característica fue la escasez de información y el restringido acceso a ella. 
    Debido a la cantidad disponible y al acceso a la información, no es arbitrario que antes de la Era Industrial se privilegiara la memoria y se priorizaran didácticas que favorecían la memorización, porque las personas debían llevar consigo, en sus mentes, la información que requerían para ser socialmente funcionales. La poesía, la música y la repetición de frases con cadencia musical ayudaban a la memorización. Quienes tenían esa habilidad desarrollada tenían, a su vez, más oportunidades de servirse de las ventajas de su cultura.

    En la actualidad, la experiencia de la sobrecarga cognitiva no es tal, sino que tiene que ver con una sobrecarga para el sistema de la "memoria". No es posible memorizar todo el conocimiento disponible, ni aún usando las mejores técnicas didácticas de memorización de la Grecia Clásica. La sobrecarga, entonces, a mi parecer, no es tal. Lo que se imposibilitó fue la enseñanza basada en la memorización de la información.

    Las demandas educativas del presente son muy distintas a las del pasado. Se necesita de conocimientos y competencias para discriminar y seleccionar la información, no para memorizarla. Hoy, todos los seres humanos deben estar en condiciones de usar inteligentemente la excesiva cantidad de información disponible para resolver problemas, pero para ello no se requiere retener miles de datos porque contamos con dispositivos eficientes, baratos y cómodos para almacenar la información. Es indispensable usar nuestros cerebros y nuestro tiempo, siempre escaso, en cosas más relevantes para el grado de desarrollo de conocimiento alcanzado hasta ahora.

    Creo que la noción de "sobrecarga cognitiva" nos pone ante la obsolescencia del sistema educativo actual, incapaz de satisfacer las demandas educativas de la Sociedad del Conocimiento y la Información. No hay sobrecarga cognitiva, hay sobrecarga de cosas que "memorizar" y un sistema de enseñanza basado en la memorización se volvió imposible, además de inútil.

    Se estima que las necesidades educativas de la
    Era de la Información suponen varios niveles y distintas competencias; entre ellas se señalan las siguientes:

    Competencias cognitivas: solución de problemas, pensamiento crítico, formulación de preguntas pertinentes, búsqueda de la información relevante, realización de juicios informados, uso eficiente de la información, realización de observaciones, investigación, invención y creación, análisis de datos o presentación de trabajos y conclusiones de forma eficiente, tanto oralmente como por escrito.
    Competencias metacognitivas que capaciten a las personas para la autorreflexión y la autoevaluación.

    Competencias sociales
    que le permitan participar y, en su caso, dirigir discusiones de grupo, persuadir, trabajar cooperativamente, etc.

    Disposiciones afectivas
    que hagan posible un trabajo eficaz, tales como la perseverancia, la motivación intrínseca, un buen nivel de iniciativa y una actitud responsable, así como la percepción de autoeficacia y la suficiente independencia, flexibilidad y capacidad para enfrentarse a situaciones frustrantes cuando ello suceda. (Vizcarro y León, 1998, pp. 17-18)

    Evidentemente, la vía para mejorar e innovar la educación no es desarrollar técnicas para memorizar más y mejor, sino un sistema educativo donde
    la memorización no sea la base de la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación.


    Creo que la noción de "sobrecarga cognitiva" no es tal, lo que tenemos hoy es una "sobrecarga" sobre el sistema educativo, que no da más desde la visión y el enfoque tradicional-transmisionista de la enseñanza y el aprendizaje. Tenemos que ajustar la educación a las necesidades, los tiempos y velocidades de la Sociedad de la Información.


    Referencias bibliográficas


    Vizcarro, C. y León, J. (1998). Nuevas tecnologías para el aprendizaje. Madrid: Pirámide
    .

    domingo, 22 de febrero de 2009

    ¿Por qué nos cuesta tanto despegar en educación y en todo lo demás?

    Las instituciones fracasan víctimas de su propio éxito.
    Montesquieu


    Quisiera referirme a un texto que leí el año pasado y retomé recientemente, de Alvin y Heidi Tofler (http://es.wikipedia.org/wiki/Alvin_Toffler) titulado La revolución de la riqueza, que les recomiendo, porque en él se hace un análisis interesante y profundo de las macrotendencias globales que determinan el futuro próximo y no tan próximo de la humanidad e intentan explicar por qué ha resultado tan difícil hacer los cambios necesarios para entrar en un futuro que ya está aquí.
    Tofler es un pionero de la Prospectiva, que busca la comprensión del futuro para tomar acciones que nos permitan intervenir de manera temprana sobre eventos que afectan a la humanidad, tanto positiva como negativamente. La prospectiva (http://es.wikipedia.org/wiki/Futurolog%C3%ADa) es una ciencia relativamente reciente, con sólidas bases científicas, que ha tenido éxito en los últimos años e impactó fuertemente a las ciencias sociales, porque permitió aplicar teorías emergentes como la Teoría de Sistemas Sociales (http://es.wikipedia.org/wiki/Niklas_Luhmann), la Teoría del Caos (http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_Caos) y la Teoría de la Complejidad (http://es.wikipedia.org/wiki/Complejidad). Así, es una disciplina al servicio de la comprensión de fenómenos sociales de gran magnitud, diversidad y complejidad (véase al respecto: http://es.wikipedia.org/wiki/Futurolog%C3%ADa).
    En el libro que les mencioné los Tofler hacen una metáfora muy interesante sobre la reordenación del tiempo en la Era Posmoderna (http://es.wikipedia.org/wiki/Posmodernidad) y la Globalización (http://es.wikipedia.org/wiki/Globalizaci%C3%B3n), cuya velocidad incremental provoca un “choque de velocidades” entre distintas instituciones y actores sociales fundamentales, que emergieron en la Era Industrial, hace 250 años: las empresas privadas, la sociedad civil, la familia nuclear, las organizaciones no gubernamentales, las burocracias gubernamentales y las agencias reguladoras, los sistemas educativos públicos, las organizaciones intergubernamentales, las estructuras políticas y el sistema jurídico (Tofler y Tofler, 2006, p. 66-73).
    Para introducir el tema hacen un análisis de las transformaciones en el ritmo temporal sufridas en la transición del Feudalismo (http://es.wikipedia.org/wiki/Feudalismo) a la Era Industrial (http://es.wikipedia.org/wiki/Era_industrial). Los trenes son la principal evidencia de las dificultades que hubo entonces por acelerar el ritmo económico, social y político, así como el “vital”. Las personas y, en consecuencia, las organizaciones no se adaptaron con facilitad al aceleramiento del tiempo, a las nuevas exigencias de rapidez, eficiencia, eficacia y “puntualidad” necesarios para entrar en el “tiempo de la Era Industrial”.
    Pese a los logros irrefutables al respecto a lo largo de esos 250 años, a mediados de la segunda parte del siglo XX el ritmo del tiempo se aceleró de nuevo producto de la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación (http://es.wikipedia.org/wiki/Tecnolog%C3%ADas_de_la_informaci%C3%B3n), con las consecuencias normales de eventos de esa magnitud, que alcanzaron entonces una escala planetaria y exigían el cambio de ritmo a ese mismo nivel. Todo el mundo debía sincronizarse para hacer posible un nuevo modelo económico y social que hoy llamamos Globalización (http://es.wikipedia.org/wiki/Globalizaci%C3%B3n). Las consecuencias por el impacto de este nuevo aceleramiento fueron de muy diversa índole, entre ellas destaca el que tuvo sobre la administración en general y la pública en particular. Pese a lo interesante de lo que sucede con cada una de ellas, sólo voy a mencionarlas en términos generales, pese a que en el libro de Tofler y Tofler (2006) se hace referencia a los Estados Unidos, pero considero que aplican para todo el mundo con las diferencias y salvedades del caso.

    Siguiendo la metáfora de una autopista donde diferentes vehículos van en la misma dirección (el futuro) pero a diferentes velocidades, para Tofler y Tofler (2006) las velocidades serían las siguientes:

    1. Las empresas privadas van a 160 km por hora.
    2. La sociedad civil va a 150 km por hora.
    3. La familia a 100 km por hora.
    4. Las organizaciones no gubernamentales a 50 km por hora.
    5. Las burocracias gubernamentales y las agencias reguladoras a 40 km por hora.
    6. El sistema educativo va a 15 km por hora.
    7. Las organizaciones intergubernamentales, como las Naciones Unidas o el Fondo Monetario Internacional, van a 10 km por hora.
    8. Las estructuras políticas van a 5 km por hora.
    9. El sistema jurídico y la legislación van a 2 km por hora.


    Como verán, el panorama es dificil en diferentes direcciones. En primera instancia, el planeta entero va al ritmo de los intereses privados, lo que explica el franco deterioro de la sociedad y el retroceso de logros de la humanidad sin precedentes como: los derechos humanos, la democracia, las libertades civiles y las garantías sociales. La crisis económica mundial, sus causas y precedentes son pruebas irrefutables de ello. Si bien hay actividades privadas esenciales para la sociedad, que se llevan a cabo en acato a los logros mencionados, no podemos obviar ciertas tendencias generales donde hay conflicto entre intereses públicos y privados, sin los debidos controles o supervisión del Estado.

    La sociedad civil y la familia siguen en la carrera, justo detrás de las empresas, ajustándose a esa misma lógica. Ello explica la preeminencia de los intereses personales sobre los altruistas y sociales, que son la verdadera base de la familia nuclear y no si la familia está integrada por el padre, la madre y unos hijos. La destrucción de los valores que sustentó primero la familia extendida y luego la nuclear, son la verdadera causa del rompimiento de las redes de apoyo emocional, económico y psicológico que brindó tradicionalmente la familia a sus miembros, particularmente a los niños, niñas, a los jóvenes y a las personas con discapacidad, enfermas y ancianas. Si creen que exagero al respecto les recomiendo un libro extraordinario de Ulrich Bech y Elizabeth Beck-Gernsheim (http://es.wikipedia.org/wiki/Ulrich_Beck), titulado El normal caos del amor. Las nuevas formas de la relación amorosa, donde se hace un análisis pormenorizado de las funciones y cambios en la familia en las fases tradicional-feudal, industrial y posmoderna.

    Las organizaciones no gubernamentales se han despolitizado positivamente y repolitizado negativamente. Es decir, cada vez representan menos los intereses de grupos excluidos de poder para representar intereses de los grupos poderosos. Esta estrategia ha garantizado su supervivencia económica, pero les ha restado legitimidad e impacto social, por lo que aglutinan grupos específicos y relativamente pequeños, con intereses de alguna manera integrados a la lógica de poder dominante.

    Detrás van las burocracias gubernamentales y las agencias reguladoras ahogadas en su propia incapacidad para la administración de lo público y presionadas por muchos intereses privados contradictorios. En ese contexto se caracterizan por sus acciones erráticas, reactivas, ineficaces e ineficientes y de baja calidad general. Ustedes me dirán si algo de lo que ocurre en Costa Rica al respecto se les parece.
    El sistema educativo va a sólo 15 km por hora. Ello implica que es una de las instituciones nacidas en la Modernidad más atrasadas y obsoletas de la historia reciente de la humanidad. La ineficacia, ineficiencia y la falta de pertinencia, calidad y equidad de la educación contemporánea rebasan cualquier pronóstico que pudo hacerse hace diez años y es precisamente lo que espero revisar con mayor cuidado en otras entregas de este blog, hasta agotar aspectos que considero esenciales en relación con la obsolescencia de la educación en nuestro tiempo.

    Las organizaciones intergubernamentales, como las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial y otras, van a 10 km por hora, porque continúan arbitrando el mundo posmoderno desde la lógica de la Era Industrial. Lamentablemente, todavía no se han enterado que el mundo cambió o se enteraron pero están esperando cómodamente que el desgaste las encuentre en el futuro próximo, mientras cuesta seis dólares o más que un dólar llegue a los pobres o a quien lo necesite. El conflicto palestino-israelí, que dejó sus peores consecuencias en diciembre pasado ante la indiferencia e ineptitud de los organismos competentes, como las Naciones Unidades, son una triste evidencia de ello. No se diga de las acciones de esas instancias frente a la actual crisis económica mundial.

    Las estructuras políticas van a 5 km por hora, por la corrupción de la función social básica de esas instancias. La responsabilidad mayor de las estructuras políticas en la actualidad es la destrucción de los sistemas democráticos y el regreso a una sociedad salvaje y sin reglas del juego claras, donde los grandes ganadores son la economía perversa, el crimen organizado, el narcotráfico, el terrorismo y la delincuencia en todas sus facturas. Vivimos en “tierra de nadie”, porque la política está a favor de cualquier tipo de intereses, menos los que le corresponden: los públicos, los de todos, los que permiten y sostienen sociedades capaces de reproducirse económica y culturalmente, y de tener un futuro.

    Los ciudadanos de hoy somos las hordas de ayer, sobreviviendo entre la violencia, el saqueo y el abuso de los más fuertes y de los criminales. Ustedes tienen los periódicos y los noticiarios del país a mano. Échenles una mirada y díganme si esto no ocurre en nuestro país, en Nicaragua, en Panamá y así para adelante y para atrás a lo largo de América Latina. México es hoy una triste prueba de este horror, porque en ese país se vive una guerra entre el narcotráfico y la ciudadanía, ya que si bien el ejército y la policía intervienen, las víctimas de esa guerra son los ciudadanos y las ciudadanas de México. Colombia no se queda atrás. El resto del mundo tampoco, pues hay ejemplos tanto o más tristes en Europa, Asia y África.

    Finalmente, el sistema jurídico y la legislación van a 2 km por hora. Creo que esto ni siquiera merece comentarios. En Costa Rica sobran los ejemplos de la incapacidad de nuestro sistema jurídico y nuestras leyes para contener las disfunciones sociales, políticas y económicas que nos acongojan a todos los ticos. Frente a esta realidad, sólo queda que los y las costarricenses tengamos la valentía de exigir leyes acordes a la altura de los tiempos, porque ya no vivimos en el siglo XIII y no necesitamos inquisidores, tramitólogos ni lenguajes excesivos, floridos y absurdos para justificar la incompetencia, la ineptitud y la irresponsabilidad de nuestros connotados juristas, entre los que todavía quedan algunos con visión de futuro, que quieren imprimirle a nuestro sistema legal la velocidad, eficiencia y eficacia que todos necesitamos y merecemos. Ojalá tomen la palabra, se atrevan y nos regalen la esperanza de un mejor país.

    Ya los familiares de las víctimas, sobrevivientes junto a ciudadanos y ciudadanas comprometidas se lanzaron a las calles clamando justicia y un alto a la violencia, el crimen y la delincuencia en el país. Esperemos todos que sus voces sean escuchadas.

    Sobre la educación y su pobre desempeño de 15 km por hora, me referiré específicamente en la próxima entrega. Espero sus comentarios y, como dice un poema de no recuerdo quién, “buena suerte viviendo”.



    Referencias



    Beck, U & Beck-Gernsheim, E. (2001). El normal caos del amor. Las nuevas formas de la relación amorosa. Barcelona: Paidós.

    Tofler, A. y Tofler, H. (2006). La revolución de la riqueza. México: Debate.

    lunes, 19 de enero de 2009

    Tiempos difíciles y lecciones por aprender: entre el colapso financiero global y el sismo del 8 de enero

    Al igual que ustedes finalicé el 2008 y empecé el 2009 entre el asombro, la perplejidad y el miedo. La crisis financiera que atraviesa el mundo desde finales de 2008 es resultado de eventos anunciados con respetable anticipación: hace 80 años, cuando el economista británico John Maynard Keynes sustentó las tesis por las cuales era inviable a nivel social un sistema de libre mercado (representante de los intereses privados) de corte salvaje y sin controles del Estado (representante de los intereses públicos).

    El regreso a una lógica económica que beneficia a pocos y lesiona a muchos pasó su onerosa factura y los Estados de todo el mundo, incluido el costarricense, han salido a rescatar a los multimillonarios consorcios industriales, banqueros y financieros con recursos que provienen de los impuestos que pagamos como ciudadanía; es decir, quienes vivimos vidas ordinarias y sin opulencia, en trabajos muchas veces poco remunerados y otras tantas sin acceso a educación básica, servicios de salud ni a un sistema mínimo de pensiones.

    La triste historia de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas vuelve a hacerse presente en los anales de la historia, hoy llamada “rescate financiero”, pero que en el pasado tuvo otros nombres… Sin duda, ustedes saben algunos de los muchos nombres del abuso, la explotación, la esclavitud y el robo a “mano armada” de las muchas “matáncicas” que tiene la “histórica en sus pagínicas bien imprentádicas”, como bien dijera la poetiza y folclorista
    chilena, fundadora de la música popular de ese país, Violeta Parra (Véase al respecto: http://es.wikipedia.org/wiki/Violeta_Parra.

    Otra amarga sorpresa fue el terremoto del pasado 8 de enero, cuyas consecuencias sociales, económicas y personales apenas empiezan a manifestarse. Ese evento mostró que no estamos preparados como país para contrarrestar las secuelas de una catástrofe natural de esa envergadura. La prueba de ello son comunidades en zonas de alto riesgo sísmico, viviendo en construcciones inadecuadas y sobre terrenos vulnerables, que tampoco contaban con planes de emergencia ni estrategias
    básicas de evacuación y supervivencia. Pese a los esfuerzos del gobierno y la ciudadanía, y a la cantidad de héroes y heroínas anónimos que han estado hombro a hombro con quienes perdieron a sus seres queridos y quedaron sólo con lo que llevaban puesto, la lección a aprender como país es ineludible.

    Esta tragedia nos ha unido como nación y ha expuesto las dos caras de la moneda: mientras unas personas ayudan y se solidarizan con las víctimas y los sobrevivientes en un profundo reconocimiento y respeto de su dolor, otros aprovechan para robar y saquear… Cuando supe de esta realidad por medio de las noticias cobré conciencia de lo deteriorada y deshumanizada que está mucha gente en Costa Rica… No olvidemos que para muchos costarricenses y extranjeros a quienes nuestro país abrió sus puertas para que rehicieran sus vidas valoran poco o nada el trabajo, la dignidad, la vida y el sufrimiento de los demás. Esos: los sin escrúpulos, salieron a poner la triste nota de un sector de la sociedad que se esfuerza no en el trabajo ni en ser solidarios, sino en el abuso, el irrespeto por los demás, la vida fácil y la obscena actitud de aprovecharse de la vulnerabilidad ajena: algo que no es difícil con un arma en la mano o después de un terremoto en la zona de epicentro… Pero esto pasa todos los días en nuestras calles, barrios y ciudades, aunque no tiemble...

    La delincuencia es un sismo social de escalas mayúsculas que nos roba la paz y la tranquilidad a quienes vivimos en Costa Rica, además de los bienes materiales que tanto cuesta adquirir con honradez, tratando día con día de hacer bien nuestro trabajo. Prevenir y mitigar la delincuencia, que es secuela de tragedias sociales añejas y desatendidas por largo tiempo, sigue como una tarea pendiente en nuestro país. No sé a ustedes, a mí el terremoto me ha hecho reflexionar sobre lo mejor y lo peor de nuestra sociedad. Encontré consuelo porque todavía quedan muchas personas, cientos, miles, cientos de miles y países amigos que creen en la solidaridad y el respeto por la vida, pero, también, una profunda tristeza por la evidencia de que aún en momentos de profundo dolor y sufrimiento de muchos no faltan personas inescrupulosas, capaces de aprovecharse de algo así para sacar provecho y obtener bienes mal habidos…

    La labor de rescate y apoyo a las víctimas del terremoto, el trabajo que se ha hecho para ayudar a los animales de la región que sufren también las consecuencias de una catástrofe de magnitudes impensables, el apoyo de gobiernos amigos como el de Colombia y el de los Estados Unidos, así como la ayuda internacional y la apertura de créditos rápidos para eventos de esta naturaleza son signos de esperanza en un mundo en crisis, pero no debemos olvidar la otra cara de la moneda…

    Ambas tragedias, una mundial y otra nacional, tienen que ver con la educación y nos compete a quienes estamos involucrados en ella aprender las lecciones que subyacen a situaciones como las mencionadas, sin olvidar otras tragedias como la que ocurrió en Gaza o el cambio climático que sigue su curso: ambas situaciones cobran vidas y dejan secuelas económicas, sociales y humanas iguales o peores a las del terremoto del 8 de enero.

    Lo que hemos vivido en los últimos meses tiene que ver con la educación por varias razones. La primera y más importante es porque la educación, como sistema e institución pública, tiene una función básica: la socialización secundaria. Además de que los niños, niñas y jóvenes aprendan conocimientos y competencias académicas deben desarrollar competencias y conocimientos sociales que les permitan ser personas felices y útiles a la sociedad. Pese al esfuerzo hecho hasta ahora los resultados al respecto son insuficientes. La calidad, pertinencia y equidad de la educación pública tiene problemas, pero particularmente son evidentes en primaria y secundaria. Por el contrario, la educación privada tiene problemas, especialmente, en educación superior, que es donde se forman muchos maestros, maestras, profesoras y profesores sin que haya criterios auténticos para certificar la calidad y pertinencia de la formación ni la idoneidad profesional.

    La formación de formadores en los niveles inicial y en servicio se debe revisar para garantizar la calidad e idoneidad profesional. El Ministerio de Educación Pública es el llamado a intervenir y articular este esfuerzo, que es condición necesaria para poner la educación nacional, pública y privada, a la altura de los tiempos. No es posible que haya maestros, maestras, profesores y profesoras en las aulas que no cuentan con un sistema de evaluación del desempeño ni con planes de mejora continua. Tampoco puede seguir la titulación de educadores y educadoras sin control de los procesos de formación de las universidades, tanto públicas como privadas. Ignorar las consecuencias de estos dos aspectos sólo va a empeorar las cosas en el corto plazo, en términos de rendimiento escolar y académico, calidad de la formación, deserción y pobre desarrollo científico y cultural.

    Otra razón es que el sistema educativo público debe velar por la puesta en práctica de un programa de alerta “permanente” ante siniestros, especialmente terremotos. Somos el tercer país del mundo con mayor sismicidad y quedó demostrado el 8 de enero pasado que no podemos bajar la guardia. Hace dos décadas sufrimos eventos sísmicos que tuvieron un impacto enorme en nuestro país. Sin embargo, con el retorno de la calma la tendencia es bajar la guardia y olvidar que vivimos en riesgo permanente de eventos como estos. Educar a la población al respecto evitaría que tragedias de esa magnitud cobraran tantas vidas. La ciudadanía debe entender que respetar la legislación vigente en construcción no es una arbitrariedad, sino el producto de un esfuerzo coordinado de instituciones especializadas como el Colegio de Ingenieros y las universidades públicas. Educar a nuestras niñas, niños y jóvenes al respecto y sobre la necesidad de coordinar procedimientos en las comunidades para actuar en caso de emergencias salvaría vidas y reduciría las pérdidas materiales.

    Sé bien que muchas de las necesidades de formación de la ciudadanía se han trasladado a las escuelas y colegios. Muchos docentes, Directores y Directoras de instituciones educativas se manifiestan en contra de ello, argumentando que no es posible abarcar todos los frentes de formación descubiertos desde las instituciones educativas. Eso es cierto, lo que queda pendiente en el sistema educativo público es una revisión profunda del currículo para liberarlo de tantos contenidos inconexos y desarticulados, que aparecen en Internet con un “click”, para dedicar el tiempo lectivo a cosas realmente importantes como “aprender a aprender”, “aprender a convivir” y “aprender a vivir”, si mal no recuerdo, máximas del ideario mundial de la educación para el siglo XXI. A la escuela, al colegio y a la universidad deberíamos ir para aprender y no para obtener información que aparece en la Red.

    Del dolor y la crisis no tenemos más opción que salir fortalecidos y enfrentar con valentía y creatividad los desafíos que nos plantean como personas y sociedades. Ojalá estas tristes experiencias nos muevan a la reflexión, pero, sobre todo, a la acción.