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domingo, 29 de septiembre de 2013

Brecha digital y brecha educativa: las dos caras de la moneda en alfabetización digital


A veinticinco años de la impronta de las tecnologías de información y comunicación (TIC) en la historia reciente de la humanidad -porque provocaron un punto de inflexión entre la Era Industrial y la Postindustrial, la Modernidad y la Posmodernidad- y de su ingreso en las instituciones educativas: primero en educación básica, luego en la secundaria y a finales de la década de 1990 en educación superior, en la actualidad nos encontramos en una situación compleja y paradójica que requiere continuar con los esfuerzos de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) sobre el fenómeno TIC en las sociedades actuales y, en particular, en Educación.

A inicios de la década de 1980, empezó el debate sobre los alcances e impacto de las TIC en el desarrollo económico, social, educativo y cultural, y desde entonces se alertó sobre la brecha digital, entendida inicialmente como la distancia en términos de oportunidades entre quienes tenían acceso a esas tecnologías y quienes no, a partir de análisis diferenciados entre países desarrollados y subdesarrollados, así como entre países y regiones. Los hallazgos de investigación en diferentes contextos mostraron que en las naciones que se encontraban en “vías de desarrollo”, se presentaban mayores desigualdades de acceso a esas tecnologías que se profundizaban debido a asimetrías y formas de exclusión social, relacionadas con factores como sexo, etnia, nivel educativo, ingreso per cápita, clase social y lugar de residencia. Se encontró, además, que en los países pobres las diferencias de acceso a las TIC entre zonas urbanas y rurales se incrementaban, como consecuencia del escaso desarrollo en infraestructura pública y telecomunicaciones, el limitado acceso a computadoras y, por supuesto, a educación pública de nivel de primaria y secundaria pertinente, equitativa y de calidad que predomina en territorios rurales.

El estudio sistemático del acceso a las TIC ha llevado el debate a múltiples derivaciones, entre ellas:  usos de las TIC, migrantes y nativos digitales, conectividad e Internet, características de la tecnología, nivel educativo, sexo, etnia, trabajo y ocio, entre otros, que pese a sus diferencias tienen en común la exploración del impacto de esos medios en el estilo de desarrollo contemporáneo, porque las oportunidades de crecimiento personal y social se encuentran vinculadas al acceso a esos medios; pero, sobre todo, a la capacidad de hacer un uso provechoso de ellos, en aras del desarrollo educativo, social, político, económico y cultural.

Ante la complejidad y diversidad que caracteriza el debate actual sobre la brecha digital, es importante recuperar los aspectos que la relacionan con el acceso a la educación, porque rompen con un mito que predominó durante varias décadas: la tesis de que el acceso a las TIC en los centros educativos era la vía para reducir la brecha digital. Ante el masivo apoyo a esta tesis de organismos internacionales, políticos y la comunidad de especialistas en educación, a lo largo y ancho del planeta se hicieron inversiones millonarias para equipar instituciones de primaria y secundaria, a partir de la década de 1980. Veinticinco años después del ingreso de esos medios a los centros educativos, los resultados en términos de calidad, pertinencia y equidad de la educación no son los esperados. Esta situación también se dio en América Latina y, por supuesto, en Costa Rica. La mayor inversión en educación a escala planetaria de los últimos cincuenta años resultó un fracaso en términos de la relación costo-beneficio que se previó inicialmente.

Ante la debacle de la calidad educativa que se hizo manifiesta a finales de la década de 1980 y persiste hasta hoy en muchos países y regiones del mundo, fue insostenible la tesis de que el acceso a las TIC era suficiente para alcanzar los cambios educativos requeridos para desarrollar las competencias básicas para un uso adecuado de esos medios en los procesos de enseñanza y aprendizaje. También, resultó evidente que se debían revisar otros componentes del proceso educativo, como el diseño curricular y el enfoque pedagógico, en tanto base y fundamentos del proceso de enseñanza y aprendizaje. Frente a los hechos, finalmente se reconoce que el cambio educativo con TIC no se reduce al acceso a esos medios ni a Internet, sino que se asocia al desarrollo cognitivo de los principales actores del proceso educativo: docentes y estudiantes.

En relación con el desarrollo cognitivo del profesorado, todo apunta que dos factores son claves: la formación inicial y en servicio. En cuanto al desarrollo cognitivo del estudiantado, se apela a nuevos enfoques pedagógicos, que favorezcan el diseño de propuestas curriculares que promuevan el desarrollo de habilidades de pensamiento de alto nivel. Los hallazgos de investigación sugieren que es indispensable revisar la estructura organizacional y funcional de los sistemas educativos en general y, en particular, la de las instituciones educativas. Como verán, todo indica que es impostergable una revisión de los sistemas educativos como un todo, para implementar los cambios necesarios para pasar de una educación masificada, masiva y orientada al desarrollo de habilidades cognitivas de bajo nivel y nivel medio, hacia otra capaz de desarrollar las habilidades y competencias cognitivas, psicológicas y socioafectivas del siglo XXI (OCDE, 2010), a las que hemos hecho referencia en otras entregas de este blog:
  1. Competencias cognitivas como solución de problemas, pensamiento crítico, formulación de preguntas pertinentes, búsqueda de la información relevante, realización de juicios informados, uso eficiente de la información, realización de observaciones, investigaciones, invención y creación, análisis de datos o presentación de trabajos y conclusiones de forma eficiente, tanto oralmente como por escrito.
  2. Competencias metacognitivas que capaciten [a las personas] para la autorreflexión y la autoevaluación.
  3. Competencias sociales que le permitan participar y, en su caso, dirigir discusiones de grupo, persuadir, trabajar cooperativamente.
  4. Disposiciones afectivas que hagan posible un trabajo eficaz, tales como la perseverancia, la motivación intrínseca, un buen nivel de iniciativa y una actitud responsable, así como la percepción de autoeficiencia, o la suficiente independencia, flexibilidad y capacidad para enfrentarse a situaciones frustrantes cuando sea necesario. (Vizcarro y León, 1998, pp. 17-18)
    Como verán, la brecha digital dio paso a avances epistemológicos y teóricos sobre este tema que permitieron el desarrollo de un campo nuevo de investigación en Educación, donde se explorara, explica y comprende cómo la brecha educativa -entendida como la distancia entre las personas que tienen acceso a educación pertinente, equitativa y de calidad y las que no- se amplifica ante al acceso a las TIC. Hoy se cuenta con evidencias suficientes para afirmar que la exclusión de educación pertinente y de calidad empobrece el uso y aprovechamiento de esas tecnologías, lo que radicaliza formas de exclusión social de diversa índole que condenan a las personas y los pueblos al subdesarrollo, la pobreza y la sumisión política, económica y cultural. Tener acceso a las TIC es condición necesaria, pero no suficiente para aprovecharlas en sus potencialidades y favorecer con ello el desarrollo personal y social.

    En medio del anonadamiento y el letargo de los últimos años en Educación, fuerzas científicas, sociales y políticas emergentes dan señales de nuevas posibilidades para una auténtica revolución educativa, donde las TIC se conviertan en herramientas que apoyen procesos de enseñanza y aprendizaje orientados al desarrollo de capacidades indispensables para vivir en el siglo XXI y beneficiarse de uno de los principales logros de nuestra civilización: las tecnologías digitales e Internet. Entretenerse con las TIC, participar en redes sociales y usar el correo electrónico o chats como medios de comunicación no implican una adecuada alfabetización info-comunicacional ni cierran la brecha digital… ¿Qué les parece? 

    Referencias bibliográficas 

    Vizcarro, C. y León, J. A. (1998).  Nuevas tecnologías para el aprendizaje.  Madrid: Pirámide. 

    OCDE. (2010). Habilidades y competencias del siglo XXI para los aprendices del nuevo milenio en los países de la OCDE. Recuperado de: http://recursostic.educacion.es/blogs/europa/media/blogs/europa/informes/Habilidades_y_competencias_siglo21_OCDE.pdf

    domingo, 29 de abril de 2012

    Alfabetización tradicional y digital en la Sociedad de la Información y el Conocimiento

    En la primera mitad del siglo XX, se determinó que existía una relación directa entre alfabetización tradicional y desarrollo económico, social y personal. En la segunda mitad de ese siglo, diversas investigaciones mostraron con evidencias empíricas en varios países y regiones del mundo, el vínculo entre el nivel educativo de la fuerza del trabajo y el crecimiento económico (Torres, 1995). Esta tendencia se mantiene hasta hoy y nadie pone en duda que el desarrollo económico y la educación son factores claves de la evolución personal y social que, además, se implican uno a otro.
     
    El desarrollo se entiende como “crecimiento económico” general en sistemas políticos democráticos; no obstante, el incremento sostenido de la pobreza y la exclusión social, así como el avance de la economía perversa son indicadores de que esta noción es restringida y refleja visiones arcaicas de justicia, equidad y auténtico progreso de la sociedad. Ante un “crecimiento económico” que excluye a grandes masas de la población y condena a la pobreza a millones de personas alrededor del mundo, se apuesta por un incremento de la oferta educativa y la atención de problemas endémicos en los países subdesarrollados, relacionados con la baja escolaridad y el bajo rendimiento académico. En la primera década del siglo XXI, se sumó a la alfabetización tradicional, la necesidad de responder a otra brecha social sin precedentes que ampliaba la brecha educativa: la alfabetización digital.
     
    La brecha educativa, económica y digital se cierne en la actualidad sobre los débiles tejidos sociales de millones de personas que viven en condición de pobreza y exclusión social a lo largo y ancho del planeta. Estos males sociales dejaron de ser exclusivos de los países pobres, pues hoy las naciones más ricas sufren de estos flagelos, a los que se adhiere la creciente migración de personas excluidas de los países pobres, que incrementa procesos distorsionados de explotación del trabajo y violación sistemática de los Derechos Humanos. La pobreza y la migración son dos condiciones del crecimiento de la economía perversa. Países como Camboya y Kenia son paraísos de los pedófilos, porque las mismas familias de los niños y niñas prostituidos se encargan de “venderlos” al mejor postor para comer y sobrevivir en condiciones infrahumanas…

    Pese a los esfuerzos de organizaciones mundiales, regionales y locales, quienes acceden a educación básica no siempre tienen la oportunidad de una adecuada alfabetización tradicional y, menos aún, a la alfabetización digital. Es ingenuo pensar que el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) fijas y móviles es generalizado. Aún millones de personas no tienen acceso a ellas; peor aún, en algunos países hay acceso, pero las personas no están alfabetizadas en el nivel tradicional, lo que las pone en una doble condición de exclusión debido a la brecha educativa.

    El desafío de superar la brecha digital tiene como condiciones previas la alfabetización tradicional y digital; es decir, superarla implica cerrar la brecha educativa. Una persona analfabeta o analfabeta funcional, aunque tenga acceso a las TIC será incapaz de aprovecharlas para mejorar su calidad de vida laboral, personal y social. De manera ingenua, aún se piensa que el acceso a la tecnología hace por “arte de magia”, el milagro de impulsar el desarrollo económico y sacar a millones de personas de la pobreza y la ignorancia que obstaculizan el desarrollo humano. Las evidencias indican que el acceso a las TIC es condición necesaria del desarrollo en la Sociedad de laInformación y el Conocimiento, pero no es suficiente. El auténtico desarrollo económico y humano en nuestro tiempo tiene como base la alfabetización tradicional. No es posible superar la brecha digital mientras la brecha educativa persista.

    La alfabetización tradicional y la digital van de la mano, pero la primera es condición de la segunda. Una persona que tenga una competencia lecto-escritora pobre no está en condiciones de comprender, interpretar y utilizar la información de manera tal que se convierta en “conocimiento” relevante para el mejoramiento de la calidad de vida personal, laboral y social. Esto nos pone frente a otro mito que alivia “el malestar” en la cultura posmoderna: el hecho de que la información, pese a que es abundante y accesible, no necesariamente se traduce en auténtico conocimiento, ni en desarrollo personal, económico y social.

    Hoy es evidente que sólo una educación básica de alta calidad, pertinente y equitativa nos sacará de la “paradoja” de la Sociedad de la Información y el Conocimiento, donde se superen la pobreza y la exclusión, y se desmovilicen formas distorsionadas y patológicas de organización social, como la economía perversa y sus contrapartes: la corrupción política y la destrucción de la lógica de valores de la ciudadanía en sociedades democráticas.
     
    El desafío educativo de nuestro tiempo en relación con las TIC y su integración en la enseñanza y el aprendizaje radica en comprender que la alfabetización digital supone la tradicional, y que esta última sigue en crisis porque aún no se hacen los cambios organizativos, curriculares y pedagógicos indispensables para satisfacer las demandas educativas de las sociedades contemporáneas. Aprender a leer y escribir es la primera fase de una educación capaz de estimular la demanda por más y mejor educación formal y no formal a lo largo de la vida. 

    Una población alfabetizada y educada de manera permanente, sin duda, hará un uso de las TIC y de cualquier otro medio para obtener información y conocimiento para mejorar su vida en los niveles personal y ocupacional. También, encontrará formas edificantes y saludables de entretenimiento, así como mecanismos para avanzar en su participación ciudadana con responsabilidad social, ética y respecto a la ley y los Derechos Humanos. ¿Qué les parece?

    Referencias bibliográficas

    Torres, C. (1995). La política de la Educación no Formal en América Latina. México: Siglo XXI.

    viernes, 31 de diciembre de 2010

    Innovar en educación desde la perspectiva de Manuel Castells

    En ocasión del IV Congreso Internacional de Administración de la Educación que organizó la Escuela de Administración Educativa de la Universidad de Costa Rica, estuvo como conferencista de apertura el Dr. Manuel Castells. Como es usual, la relevancia de su pensamiento y su amplio bagaje como investigador fueron una invitación a reflexionar sobre diversos temas, en particular, sobre la innovación en el campo de la educación en el contexto de la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Al respecto, revisó los supuestos sobre los cuales se ofrece la educación, a fin de esclarecer qué significa realmente “innovar” en educación en la actualidad.Uno de los aspectos que quisiera comentar fue la tesis del Dr. Castells que pese a que la educación es considerada un bien supremo y un tema prioritario en la agenda política global, el reconocimiento público de ella es limitado. Esto se evidencia, entre otras cosas, en los bajos presupuestos estatales para educación ‒en particular en los países más pobres del mundo‒ y en la figura del profesorado que se desdibuja en una trama ideológica de desprestigio y olvido. 

    Quisiera agregar que es habitual que se responsabilice a ese colectivo de la baja calidad de la enseñanza y del pobre desempeño del estudiantado en áreas básicas como lecto-escritura, expresión oral y operaciones lógico-matemáticas simples, obviando con ello la complejidad del fenómeno educativo y la vulnerabilidad de la formación y el ejercicio de la profesión docente en nuestros días.Ante la paradoja entre una visión de la educación como “clave para el progreso” y el abandono financiero y administrativo generalizado, Castells opina que prevalecen desacuerdos sobre la práctica educativa y se hace un uso demagógico y “politiquero” de ella. A esto se debe sumar el atraso en términos de I+D en el campo, que impide que se genere nuevo conocimiento para innovar la práctica pedagógica y la administración de la educación. La consecuencia inevitable de esos vacíos es que se ensayen viejas fórmulas para mejorarla, que continúan fallando en todas las latitudes.

    Al respecto, el Dr. Castells mencionó un caso extraordinario y digno de atención sobre las aplicaciones de la teoría del aprendizaje de Piaget en Suiza, que han fracasado en términos de la calidad de la enseñanza y el aprendizaje. Parte de la explicación de esto es que han imperado la improvisación y la “moda”, y que no existe una auténtica revisión científica de las teorías del aprendizaje como tales, ni de sus implicaciones pedagógicas y tecnológicas, organizativas y administrativas. El cambio en educación es uno de los desafíos científicos más importantes de nuestro tiempo; no obstante, hasta ahora no hay un sistema de construcción de conocimiento científico articulado local, regional y mundialmente que facilite la innovación y, en consecuencia, las transformaciones que tanto nos urgen…Entre las funciones históricas insustituibles de la Educación, Castells mencionó las siguientes:

    a. La socialización secundaria, entendida como las pautas de comportamiento para vivir en sociedad que implica, a su vez, la formación de la personalidad.
    b. La transmisión de valores y la legitimación social; es decir, los criterios para evaluar la práctica social.
    c. La formación de la fuerza laboral, que presupone el aprendizaje de las habilidades básicas para el trabajo.
    d. La selección y segregación social, porque la educación es el principal sistema de estratificación social, a partir del cual se reproducen las diferencias de clase, pero articulado con la lógica de la meritocracia. Los sistemas educativos crean mecanismos de selección social diversa, donde se reproduce la desigualdad, bajo la sombra de la corrección de la universalidad. Esto se manifiesta, especialmente, en la diferenciación entre la enseñanza privada y pública, en particular en América Latina.
    e. La función de producir y desarrollar la generación de conocimiento y la capacidad de innovar. Una tarea esencial de la educación es recombinar la información para generar conocimiento e innovación. En ese proceso, paradójicamente, la criticidad es la base de la innovación en sistemas educativos homogéneos y de tendencia universal.


    A criterio de Castells, esas funciones se han visto alteradas en la Sociedad Red debido al impacto de dos fenómenos de envergadura mundial que ocurrieron en la década de 1980: la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y la Globalización. Argumentó que la particularidad de la nueva sociedad es que por primera vez en la historia ésta funciona como una estructura que responde a principios organizativos vinculados a esas tecnologías. Además, las TIC ampliaron el espectro económico hacia una globalidad donde el mercado es mundial y no local, pese a que se articula localmente.Para Castells, los cambios en educación son cruciales y deben empezar por un auténtico compromiso social y estatal, continúa con una nueva lógica organizativa-administrativa que supere la burocracia y culmina con la innovación de lo pedagógico, pues se deben crear organizaciones educativas donde sea posible “aprender a aprender” a lo largo del ciclo de vida. 


    El aprendizaje debe ser un “aprendizaje de capacidades” para adquirir nuevos conocimientos, no contenidos como ocurre desde la Edad Media hasta hoy. Las personas deben ser capaces de adaptarse; para ello, es imprescindible desarrollar capacidades cognitivas de alto nivel y no la memoria, pues la información es barata y está disponible en Internet.Castells indicó que en la actualidad más del 80% de la población del planeta está conectada. En consecuencia, la brecha digital tiene que redefinirse en términos de la calidad de la conexión; pero, resuelto este problema, ¿qué ocurre cuando se tiene acceso a Internet? Los datos señalan que la reproducción de la desigualdad educativa se incrementa con el acceso a la Red de Redes, debido a que la capacidad de las personas para utilizar las herramientas digitales presupone niveles educativos medios y altos. En conclusión: Internet ha incrementado la desigualdad social, económica, laboral y cultural, porque profundiza y acentúa las desigualdades educativas. Una cosa es jugar juegos de vídeo por Internet, bajar música y vídeos, y utilizar el correo electrónico o participar en redes sociales; otra, utilizar ese medio como fuente de información para convertirla en conocimiento útil para incrementar la productividad y mejorar la calidad de vida.

    En la Sociedad del Conocimiento y la Información la producción de conocimiento es fuente de poder, riqueza y desarrollo de las personas, y está directamente ligada a la capacidad de innovación, que se vincula con la posibilidad de experimentar y cambiar. Castells citó como ejemplo a Japón, ya que su desarrollo económico se dio a partir de la mejora de innovaciones hechas en otros países, lo que provocó una escasa capacidad de innovación propia y una economía basada en la producción barata de innovaciones ajenas. A su parecer, esa sociedad hoy tiene un bloqueo básico, porque la educación se basa en exámenes que están estratificados y determinados geográficamente. En ese país las personas no se forman para innovar y no hay conexión empresa-innovación. El resultado es obvio: si no hay innovación en esta nueva fase de la economía mundial, no hay desarrollo; si no hay desarrollo, la sociedad empieza a empobrecerse y los logros alcanzados se deterioran e, incluso, se revierten.Para el caso específico de la educación, Castells afirmó que la formación continuada de las personas vinculadas a ella es clave y esto quiere decir “formación virtual a distancia”. Que las personas puedan actualizarse es condición para el éxito ahora y en el futuro. Respecto de la Educación, considera que la formación más importante es la del profesorado, incluso más que la del estudiantado, pues su aprovechamiento depende de las capacidades y conocimientos de los primeros, en cuanto son practicantes de la enseñanza y propician el aprendizaje.Este señalamiento es importante, ya que la formación del profesorado y las personas profesionales de la educación se ha basado en “formación puntual” y fragmentada, y esto no es suficiente. La innovación, como comentamos en entregas anteriores, requiere de contextos propicios para que las personas adquieran conocimientos nuevos, sean creativas, y ensayen soluciones innovadoras para resolver viejos y nuevos problemas.

    Creo que las principales conclusiones de las tesis comentadas son las siguientes:

    1. Se debe abandonar la postura ideológico-política sobre la educación.
    2. Es imprescindible aumentar la inversión real en educación.
    3. Se debe revisar la formación profesional y en servicio del profesorado y el personal vinculado a la educación, en particular de quienes tienen a cargo su administración.
    4. Es impostergable crear sistemas de producción de conocimiento científico en educación, para favorecer la innovación pedagógica y la gestión educativa.
    5. Se deben contextualizar los hallazgos científicos relacionados con la enseñanza, el aprendizaje y la administración de la educación.


    En los países en desarrollo las universidades juegan un papel esencial en la formación profesional y en la producción y distribución del conocimiento científico; por ello, deben convertirse en "semilleros de innovación". El nuevo papel de las facultades y escuelas de educación es responder a los puntos 3, 4 y 5, citados anteriormente. Sin embargo, el logro de esos esfuerzos sólo será posible con el apoyo estatal y privado para financiar los costos que implican la formación profesional de grado y posgrado, y la investigación de alto nivel. Sin un auténtico compromiso social con la educación que requerimos para enfrentar los desafíos de la Era de la Información es poco lo que pueden hacer individualmente docentes, personal administrativo y las familias. Se requiere un nuevo contrato social donde se garanticen los derechos de las personas a recibir una educación de alta calidad a lo largo de su ciclo de vida.

    La calidad de la educación tiene como requisitos la dignificación de la profesión docente y la revaloración científica, económica y social de ella. Al igual que en el área de la salud, nuestras vidas están en manos de las personas profesionales de la educación. Cuando comprendamos la importancia que cobró esta profesión en nuestra Era, las soluciones y el cambio vendrán por añadidura porque solventaremos los requerimientos 1 y 2 del listado anterior. Innovar en educación es un compromiso social y una tarea compartida por diversos sectores y actores sociales: Estado, universidades, sector privado y familias tienen la responsabilidad en sus manos. Asumirla y actuar con prontitud son precondiciones del futuro de nuestra especie sobre la Tierra.

    Cerramos el 2010 con el año con más tragedias naturales de las últimas tres décadas. Mientras Europa se congela tras tormentas de nieve sin precedentes, Argentina enfrenta uno de los veranos más calientes de su historia. El 29 de diciembre Buenos Aires estaba a 40 grados Celsius y en Polonia se registraron temperaturas de 30 grados Celsius bajo 0. Es innegable que no estamos haciendo bien las cosas… Sólo una ciudadanía educada es capaz de reflexión y de tomar conciencia de la responsabilidad social que hoy nos compete. Revertir las malas decisiones económicas, políticas y culturales del pasado reciente pasa, inevitablemente, por el acceso a educación de calidad a lo largo de la vida.

    Sabemos con certeza que nuestras relaciones con la Naturaleza deben cambiar. También sabemos que deben cambiar los sistemas político-económicos que profundizan e incrementan la desigualdad y la injusticia social. Nuestra visión equivocada de la Naturaleza nos tiene sumidos en un caos climático, cuyas consecuencias comienzan a sentirse a lo largo y ancho del planeta con cientos de miles de vidas perdidas y afectadas, y costos multimillonarios. La economía perversa crece y nos roba lo mejor de nuestros logros civilizatorios, el genocidio y la guerra persisten en muchas regiones, en particular en Asia y África. La amenaza nuclear reapareció en el escenario bélico y los fundamentalismos de diversa factura perviven y se multiplican en todas las latitudes. Nuestra esperanza se encuentra en el sentido común y el aprovechamiento inteligente de los conocimientos científicos logrados hasta ahora. La sabiduría no es más que la combinación de estos ingredientes… sólo ella nos permitirá ver con claridad que en el bien común recae el bien individual y la educación es una de las formas más sencillas y efectivas de poner la sabiduría al alcance de todos.

    En espera de que el 2011 sea un mejor año, estoy segura que la conferencia y la entrevista a Castells les resultarán tan interesantes y provechosas como a mí. Fue un privilegio contar con la presencia de una autoridad científica de su nivel y espero que podamos sacar el máximo provecho de sus ideas y hallazgos de investigación. Les deseo felices fiestas en unión de sus seres queridos y aprovecho esta oportunidad para agradecerles sus comentarios, aportes e ideas para reflexionar sobre la educación a lo largo del 2010.


    ENTREVISTA DR. CASTELLS

    sábado, 19 de septiembre de 2009

    La brecha digital: causas, consecuencias y su relación con el “boom” del plagio en la educación nacional

    Por brecha digital se entiende la exclusión, ya sea personal, de un país o de una región, de las ventajas y oportunidades asociadas al uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la sociedad contemporánea (Majó y Marquès, 2001). Para el caso de la situación al respecto en Costa Rica, les recomiendo revisar el Informe 2006 del Programa de la Universidad de Costa Rica sobre la Sociedad de la Información y el conocimiento (PROSIC), titulado Hacia la Sociedad de la Información y el Conocimiento en Costa Rica (disponible en: http://www.prosic.ucr.ac.cr/index.php?option=com_content&view=article&id=6&Itemid=25), donde se define la brecha digital, según la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) de la siguiente manera:

    … [la brecha digital es] la distancia “tecnológica” entre individuos, familias, empresas y áreas geográficas en sus oportunidades en el acceso a la información y a las tecnologías de la comunicación y en el uso de Internet para un amplio rango de actividades. Esa Brecha Digital se produce entre países y al interior de las naciones. Dentro de ellos, se encuentran brechas regionales, brechas entre segmentos socioeconómicos de la población y entre los sectores de actividad económica. (PROSIC, 2006, p. 204)

    Como consecuencia del acelerado avance de las TIC y de la desigualdad global en la productividad y la distribución de la riqueza, apareció la brecha digital y, con ella, la figura del “migrante tecnológico”, que es el término que califica a las personas que deben hacer uno o más procesos de re-aprendizaje a lo largo de su vida para adaptarse a las características y al funcionamiento de tecnologías que reemplazan de manera irreversible a las ya conocidas.En el caso específico de la educación, en la actualidad es frecuente que docentes que han utilizado por muchos años la pizarra y textos convencionales como medios principales de trabajo en el aula dentro del modelo de enseñanza tradicional-transmisionista y conductista, se ven forzados a utilizar las TIC y a poner en práctica otros formatos de enseñanza, como consecuencia de la fuerte presión política, económica, social, cultural e institucional por incorporar esas herramientas en la enseñanza. Por eso, se puede afirmar que:

    En el período actual de transición, de búsqueda incierta y confusa de nuevos procedimientos y nuevos roles, es obvio que el docente se siente agobiado por la intensificación de sus tareas profesionales para hacer frente de manera incierta y difusa a la compleja y urgente diversidad de la demanda. Para mayor abundamiento, tiene que recomponer y reconstruir su rol profesional al mismo tiempo que se incrementan las exigencias exteriores y se tornan más urgentes. Incremento de responsabilidades y cambio de roles y funciones se mezclan en una preocupante convergencia para aumentar la confusión y el estrés. (Pérez, 1999, p. 175)

    En ese proceso de transición irreversible[1] de la educación tradicional hacia modelos educativos emergentes, en principio más coherentes con las demandas y requerimientos educativos generales de la sociedad contemporánea, muchos docentes han entrado en la categoría de “migrantes tecnológicos”, debido a que tienen que aprender a utilizar la nueva tecnología en los niveles técnico y pedagógico. Posteriormente, deben ensayar su uso y determinar a través de la práctica qué formas de empleo de esos medios resultan más exitosas o innovadoras en su trabajo (Bullock, 2002). Esto implica procesos de reflexión orientados a un replanteamiento de las creencias e ideas del profesorado sobre la enseñanza . Por su naturaleza, tal proceso genera ansiedad y produce distintas reacciones en el personal docente, entre ellas: resistencia al cambio, temor, sensación de vulnerabilidad, incertidumbre y un sentimiento general de sobrecarga de trabajo y desorientación:

    La pérdida de legitimación tradicional de la tarea docente, la incertidumbre de los nuevos horizontes, acompañados por la presión y la urgencia de responder a las exigencias del mercado, así como la escasa consideración social de su labor están provocando en el docente un alto grado de ansiedad e insatisfacción profesional. La cultura docente de final [y principios] de siglo se nutre, en no escasa medida, de frustración, ansiedad, desorientación y cínico pragmatismo.
    […]
    La exigencia de renovación permanente para hacer frente a las necesidades cambiantes de la sociedad, al incremento vertiginoso del conocimiento científico y cultural, a las características peculiares y desconocidas de cada nueva generación de estudiantes, a los requerimientos de renovación metodológica derivada del desarrollo del conocimiento pedagógico, a las demandas de la Administración (que impone modificaciones políticas y técnicas con cada cambio de gobierno, legitimadas en mayor o menor grado por la expresión mayoritaria de la población en los procesos electorales) provoca tanto la tendencia al cambio creador como la frecuente pérdida de sentido, el desconcierto y la frustración. Los docentes encuentran dificultades para responder profesionalmente a las demandas insistentes de cambio y renovación. Cuando el profesional docente se siente incapaz de afrontar las exigencias del cambio, la renovación se convierte en crisis y frustración. (Pérez, 1999, p. 176)


    La transformación en el rol del profesorado que proponen los paradigmas educativos emergentes implica cambios de orden institucional, teórico, pedagógico y subjetivo que inciden directamente en el trabajo docente. Esos cambios conllevan, a su vez, la necesidad de que el docente cobre conciencia de que debe capacitarse y explorar nuevas formas de enseñanza a lo largo de su vida profesional. La experiencia del proceso de enseñanza y aprendizaje como una situación “compartida” por docentes y alumnos no es fácilmente aceptada ni promovida por el profesorado, máxime cuando han adoptado la cultura educativa tradicional, que posiciona al docente como poseedor del conocimiento y único representante de la autoridad en el aula (Flores, 2000).

    El proceso de “acomodación” del profesorado a las nuevas tendencias educativas y la enseñanza apoyada en TIC, prevé una vivencia laboral que puede ser más o menos frustrante y traumática, dependiendo de la personalidad y características del docente, así como de las condiciones y circunstancias institucionales para favorecer esa transición. Es importante considerar que el paso de la cultura y prácticas docentes del modelo tradicional-transmisionista y conductista a las que requieren los modelos emergentes debe ser un proceso colectivo y reflexivo, que involucre a toda la institución y que no se recargue en el personal docente, como si fueran tareas y responsabilidades de su exclusiva responsabilidad y competencia (Hannan y Silver, 2005; Hargreaves, 2003; Knight, 2006; Pérez, 1999).

    Nuestra tesis es que la brecha digital es un factor intrínseco al boom del plagio en la educación costarricense, porque muchos docentes son “migrantes tecnológicos” y cuentan con poco o ningún apoyo institucional para capacitarse en las posibilidades y riesgos para la enseñanza y el aprendizaje de las TIC en general y de Internet en particular. Como consecuencia de esta realidad, muchos de ellos son vulnerables a los efectos indeseables de esos medios en el ámbito de la educación.

    El profesorado está solo frente al impacto positivo y negativo de las TIC, mientras las instituciones educativas, quienes las administran y la sociedad civil le atribuyen la culpa por los desaciertos y la pérdida de calidad de la enseñanza y el aprendizaje. Hasta que esta situación no se asuma como corresponde: desde la administración del sistema educativo, las consecuencias negativas y positivas de las TIC seguirán su propio curso… entre ellas el plagio.

    Lo que debemos comprender de esta situación es que el profesorado es un actor fundamental en el cambio, pero no el único: la administración del sistema educativo y de las instituciones educativas debe procurar al profesorado las condiciones para “migrar” del viejo modelo pedagógico a los modelos emergentes. Pero eso no es posible si la estructura y la lógica de administración de las organizaciones educativas siguen siendo viejas y se resisten a cambiar. Los docentes y la tecnología no pueden hacer por sí mismos el cambio que necesitamos en educación... Las TIC pusieron en jaque a la educación desde sus cimientos, que son: la estructura de la organización, la administración y el enfoque pedagógico.

    Organizaciones educativas burocráticas, sobre-administradas, ineficientes e ineficaces, llenas de contradicciones pedagógicas y sinsentidos de gestión, matizados de leyes, reglamentos y demás entuertos jurídicos, no favorecen la integración adecuada de las TIC en la enseñanza. Por el contrario, la distorsionan, retrasan y la recargan de manera injusta e irresponsable en el profesorado.

    Estoy segura que muchos de ustedes se han sentido frustrados y han enfrentado en soledad y aislamiento la vulnerabilidad que conlleva ser “migrante tecnológico”. Yo lo sé, porque soy parte de la generación de transición y he tenido que sobrevivir como profesora sus embates por mi propia cuenta…


     
    Referencias bibliográficas

    Beck, U. (1998). ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización. España: Paidós.

    Beck, U., Giddens, A. & Lash, S. (2001). Modernización reflexiva. Política, tradición y estética en el orden social moderno. Madrid: Alianza Universidad.

    Bullock, D. (2002). Preparing for the journey: Lessons Learned from Preservice Teachers as They Practice Teaching with Technology. A dissertation submitted of the requirements for the degree of Doctor of Education in Educational Leadership: Curriculum and Instruction. U.S.A.: Portland State University.

    Florez, R. (2000). Docente del siglo XXI. Cómo desarrollar una práctica docente competitiva. Colombia: McGraw-Hill.

    Hannan, A. y Silver, H. (2005). La innovación en la enseñanza superior. Enseñanza, aprendizaje y culturas institucionales. Madrid: Narcea.

    Hargreaves, A. (2003). Profesorado, cultura y posmodernidad. Cambian los tiempos, cambia el profesorado. Madrid: Morata.

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    [1]Hacemos referencia a la tesis de Beck (1998) y Beck, Giddens, & Lash (2001), de que la Globalización es una nueva fase del modo de producción capitalista que es irreversible debido al carácter y magnitudes que han adquirido los siguientes aspectos:

    1. La creciente densidad del intercambio internacional.
    2. La revolución de las tecnologías de la información y la comunicación.
    3. La exigencia universal de respetar los derechos humanos.
    4. Las corrientes icónicas de las industrias globales de la cultura.
    5. La política mundial postinternacional y policéntrica.
    6. El problema de la pobreza global.
    7. Los atentados ecológicos globales.
    8. El problema de los conflictos transculturales.
    9. El terrorismo internacional. (Beck, 1998; Rodríguez, 2002)

    Esas macrotendencias colocan a las instituciones propias de la modernidad en una situación de crisis y de transformaciones, a su vez, irreversibles. Debido a que la educación, como la conocemos hoy, nació como una institución propia de la Modernidad, no se sustrae a la influencia e impacto de esos eventos.