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lunes, 31 de enero de 2011

“Miserias de la educación” en el siglo XXI

Como comentamos en entregas anteriores, innovar la educación conlleva desafíos de diferente naturaleza y es complejo. Entre ellos, mencionamos los económico-políticos, y los organizativos y pedagógicos. Pero, a mi parecer, uno de los más urgentes es de índole científica y tiene que ver con varios niveles: la formación inicial y de posgrado del personal docente y administrativo, la investigación, y los medios de difusión y discusión de los hallazgos de investigación.

La innovación más importante de nuestro proceso civilizatorio es la invención de la ciencia, como un sistema de producción de conocimiento metódico, sistematizado y regulado socialmente. Otra de las ventajas de la ciencia es que su propósito es descubrir nuevos conocimientos y aplicaciones innovadoras en todos los campos de estudio conocidos, que día a día se diversifican y complejizan en procesos de investigación cada vez más especializados, en los que deben intervenir personas expertas de diversas disciplinas. La ciencia es “una máquina cultural eficiente en innovación, es una herramienta estructuralmente selectiva de hipótesis innovativas; y la selectividad exigente es una de las causas de su éxito” (Maidagán, Ceberio, Garagalza y Arrizabalaga, 2009, p. 39).

Debido a que la Educación, como la entendemos hoy, es un fenómeno social relativamente nuevo, que empezamos a explicar y comprender en medio de las profundas transformaciones socio-históricas que se han sucedido desde inicios de la Modernidad hasta nuestros días, aún hay profundos vacíos científicos que se resuelven con una visión normativa de sus funciones y procedimientos para atender los problemas de la enseñanza y el aprendizaje.


Para Luhmann (1996), el déficit de conocimiento científico en Educación se traduce en problemas de fondo en las prácticas educativas, y se ha reemplazado con un discurso dogmático y prescriptivo… Cuando no entendemos el “ser”, nos dedicamos a promover el “deber ser”… En otras palabras, en la medida en que no sabemos en qué consisten los fenómenos, especulamos sobre lo que creemos son sus causas y lo que se debería hacer al respecto… Evidentemente, todos deseamos una educación de excelencia, pero no tenemos claro cómo se logra en la práctica…

El déficit científico en el campo de la Educación se resolverá con transformaciones profundas en las universidades, que son los principales centros de formación profesional. La carrera de grado es esencial, porque en ella se desarrollan los conocimientos básicos y las competencias indispensables para un adecuado desempeño profesional. El posgrado tiene como función la profundización del conocimiento especializado y su énfasis es el desarrollo de capacidades para la investigación de alto nivel, especialmente, en doctorado. La formación continua y el reciclaje profesional tienen como fin la actualización y revisión de los conocimientos adquiridos y su aplicación en el ejercicio de la profesión.

En Costa Rica hay serios problemas en la formación profesional del personal docente, administrativo y el vinculado a la Educación. Con pesar he constatado a lo largo de casi dos décadas de trabajar como docente en instituciones de educación superior públicas, las deficiencias en competencias genéricas y específicas en las personas graduadas de Bachillerato en Educación. He encontrado muchos estudiantes con limitaciones de redacción y ortografía, analfabetismo digital y lagunas de formación en Teoría y Epistemología de la Educación. También, son comunes las debilidades en historia de la disciplina y el desconocimiento de aspectos básicos de la evolución teórico-práctica de la Educación en el país, Centroamérica y América Latina.

Debido a que la Educación es un fenómeno social complejo, se requiere formación en varias disciplinas de las ciencias sociales como Sociología, Ciencias Políticas, Antropología, Psicología, Economía, Derecho; también en otras especialidades, como Estadística… No obstante, en estas áreas la formación es débil, si no nula… Con profesionales de la Educación con esas deficiencias es poco probable que la investigación sea de alto nivel e impacto. Así las cosas, es imposible que se constituya una fuerte comunidad científica en Educación en el país.

La responsabilidad de las universidades en el mejoramiento de la calidad de la formación profesional en los niveles de grado, posgrado y en servicio es indiscutible e insustituible… Ello requiere personal docente en las facultades y escuelas de Educación con un alto nivel académico y estándares de desempeño del estudiantado elevados…

Pese a esto, en los últimos treinta años, en el caso de Costa Rica la tendencia ha sido contratar académicos a destajo, reducir los tiempos de formación, comprimir los ciclos lectivos, eliminar los trabajos académicos de complejidad media y alta, quitar los exámenes de análisis y reflexión, y convertir los proyectos finales de graduación en trabajos de investigación pobres, que no cumplen con los requerimientos mínimos en términos de dominio teórico y metodológico, con resultados obvios y redundantes…

De hecho, el plagio hoy es una práctica común, porque muchos estudiantes copian textualmente de Internet, libros, revistas y otras fuentes, para “llenar páginas” en trabajos académicos que sus docentes no pueden leer a cabalidad por el exceso de trabajo que, típicamente, hay en las universidades estatales. El estudiantado no escribe por cuenta propia porque no tiene las competencias escritoras básicas y no dispone del tiempo necesario. El profesorado universitario no revisa los trabajos de sus estudiantes con la profundidad y el cuidado que se requiere, porque no cuenta con el tiempo, ni la formación en servicio indispensables para ello.

Según entiendo, la situación es aún más dramática en las universidades privadas que forman profesionales en Educación y áreas afines… Lamentablemente, como señalaba una de nuestras lectoras, las instituciones rectoras tampoco han asumido el papel que les corresponde para revertir esta situación y garantizar a la ciudadanía profesionales excelentes e idóneos, capaces de ejercer su profesión y producir conocimiento científico nuevo…

Es preocupante encontrar estudiantes de grado y posgrado con deficiencias básicas en redacción y ortografía, analfabetos digitales, problemas de expresión oral y un desconocimiento casi total de fundamentos teóricos básicos de la Educación… Pese a ello, muchos ocupan cargos directivos y son docentes en propiedad…, incluso de Español… Ante este panorama, las universidades son las llamadas a entender este fenómeno y deben ofrecer soluciones en el corto plazo para mejorar la formación profesional en una de las áreas más relevantes de nuestro tiempo.

El Ministerio de Educación Pública y los entes rectores de la educación superior privada y pública (CONESUP y CONARE, respectivamente), deben asumir un rol protagónico para crear las condiciones necesarias para una formación profesional de excelencia en general y en Educación en particular.

Creo que es imposible innovar la Educación y la gestión educativa con profesionales débiles, sin las competencias y conocimientos necesarios para ello. La inversión en infraestructura, equipo de cómputo, becas, material didáctico, comedores escolares, equipos de profesionales de apoyo, construcción de instituciones educativas nuevas, y en la apertura de plazas docentes y administrativas será inútil si no resolvemos el problema de la calidad de la formación profesional en Educación.

Como indicamos en el artículo del mes pasado, Castells propone que uno de los principales problemas de la educación contemporánea es, precisamente, la débil formación profesional del personal docente y administrativo, y el rezago científico que conlleva. Esta es una tarea pendiente en Costa Rica… ¿Qué les parece? ¿Cómo es la formación profesional del personal docente y administrativo en sus países?




Referencias bibliográficas

Luhmann, Niklas. (1996). Teoría de la sociedad y pedagogía. España: Paidós.

Maidagán, Ma. Jesús, Ceberio, Iñaki, Garagalza, Luis y Arrizabalaga, Gotzon. [Eds.]. (2009). Filosofía de la innovación. El papel de la creatividad en un mundo global. Madrid: Plaza y Valdes.

sábado, 30 de enero de 2010

La falta de investigación y la carencia de mecanismos de supervisión y control en la atención del plagio en la educación nacional

Espero que hayan pasado un fin de año en unión de los suyos y que el 2010 nos ofrezca mejores oportunidades como personas y costarricenses. Este nuevo año es muy importante, porque el próximo 7 de febrero elegiremos a quienes gobernarán el país en el período 2010-2014. El ejercicio del voto es un derecho que se convierte en deber cuando se alcanza el Estado de Derecho en Democracia. Ojalá en esta oportunidad el amplio abstencionismo que ha caracterizado los procesos electorales de los últimos veinticinco años se revierta, mostrando nuestra madurez política ante el descalabro de la Democracia nacional, producto de la incompetencia y la corrupción sostenida de nuestros políticos en las últimas décadas. Frente a la desilusión y la desesperanza que nos embargan como ciudadanos y ciudadanas, debemos sobreponernos con responsabilidad y civismo: salgamos a votar por la opción que más nos convenza en relación con el futuro del país, que es el nuestro.

En esta última entrega sobre el tema del plagio, retomo los acontecimientos relacionados con este fenómeno que se dieron en la contienda electoral que nos embarga. Lamentablemente, fuimos testigos de cómo el plagio estuvo presente en estos procesos, para desgastar aún más la credibilidad de la ciudadanía y poner en entredicho la capacidad y la honestidad de quienes están tras las propuestas de gobierno y las campañas publicitarias. Ojalá estos acontecimientos sirvan para llamar nuestra atención sobre la magnitud de este problema, que se ha entronizado en nuestra sociedad, rebasando los límites de las instituciones educativas. En este caso, ante la falta de tesis nuevas y refrescantes, la copia de ideas se ha convertido en una alternativa, si bien no legítima… para salir del paso, entre la demagogia y palabras gastadas… No obstante, gracias a Internet, paradójicamente, el plagio también es mucho más fácil de detectar ahora. Realmente, es un ingenuidad pensar que actos de este tipo se van a mantener en secreto e impunes.

La falta de investigación y la carencia de mecanismos de supervisión y control, son dos razones por las que el plagio se ha generalizado en el país, y en educación en particular. Si no entendemos por qué la educación perdió tanto significado para tantas personas al mismo tiempo, no seremos capaces de revertir de manera definitiva este problema. Asimismo, sin la debida supervisión y control, se deja abierta la posibilidad de transgredir las normas fundamentales de la integridad intelectual y científica.

Ahora bien, tanto la investigación como la supervisión y el control exigen personas capacitadas para ello, que cuenten con las condiciones necesarias para llevar a cabo una tarea efectiva y de calidad al respecto. El profesorado no puede investigar ni revisar con la debida profundidad los trabajos de sus estudiantes; tampoco el personal directivo tiene el tiempo suficiente para investigar y supervisar el trabajo docente de manera adecuada. Los padres, madres y encargados de niños, niñas y jóvenes están sumidos en las tareas cotidianas y tratando de sobrellevar la carga económica y la manutención de sus familias, dejando poco o ningún espacio para colaborar en el desarrollo académico de sus hijos e hijas. Los niños, niñas y jóvenes –incluso los no tan jóvenes– están más interesados en los juegos de vídeo, la última pieza de reguetón y las redes sociales, que en leer y estudiar…

Como es evidente, en ese contexto el plagio continuará dándose y conforme se incrementan las tareas de docentes y estudiantes, debido a una visión obsoleta del currículum basado en contenidos, recargado de temas extracurriculares y de obligaciones institucionales, familiares y sociales. Sólo un enfoque integral del fenómeno del plagio, como síntoma del desgaste del modelo y del sistema de educación pública, nos permitirá encontrar una solución real para este y otros problemas que hoy evidencian que tocamos fondo… La buena noticia es que no tenemos más opción que rectificar con responsabilidad, pensamiento crítico y conocimiento científico la incapacidad e insolvencia de las viejas estructuras, funciones e ideas en educación para responder a las demandas educativas del presente.

Al igual que cuando estemos frente a las urnas, ojalá que actuemos con responsabilidad, sabiduría y ludicez ante los desafíos del presente, como ciudadanas, ciudadanos y profesionales de la educación. Hoy necesitamos en Costa Rica mucho más que suerte, políticos menos malos y promesas.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Profesionalización y pauperización de la docencia en Costa Rica: antecedentes y consecuencias

La historia reciente de Costa Rica está marcada por las garantías sociales que se instauraron en la década de 1940: la creación de la Universidad de Costa Rica, la nacionalización de la banca y de servicios públicos estratégicos como: el Instituto Nacional de Seguros, el Instituto Costarricense de Electricidad y la Caja Costarricense de Seguro Social, entre los más importantes. Pese a esos avances, esa década finalizó con la reconfiguración de fuerzas socioeconómicas en el evento político más significativo del país en ese período: la Guerra Civil de 1948 y la constitución de la Segunda República. La suma de esos acontecimientos permitió la creación de un modelo de desarrollo nacional sui generis en la región latinoamericana, en el que principios socialdemócratas sustentaron un fuerte apego a la legalidad e institucionalidad democrática, donde la abolición del ejército y la educación pública constituyeron pilares fundamentales.

Mientras otros países de América Latina se debatían entre la pobreza, la guerra interna y los gobiernos militares de Seguridad Nacional, que derivaron en dictaduras criminales, genocidas y retardatarias del desarrollo económico y social, en nuestro país se crearon las condiciones para encauzar los recursos y esfuerzos nacionales hacia un modelo desarrollista, donde el acceso de toda la población a servicios públicos básicos, seguridad social, legislación laboral, civil y penal de avanzada, y a educación primaria, secundaria y universitaria financiada por el Estado, garantizaron mejores condiciones de vida, movilidad social y oportunidades sin precedentes en la historia nacional para las clases menos favorecidas .

Gracias a la visión de quienes lideraron esos procesos ‒en particular de los miembros del Centro de Estudios de los Problemas Nacionales (http://es.wikipedia.org/wiki/Centro_de_estudios_de_los_problemas_nacionales)‒ y al apoyo de una ciudadanía comprometida con valores de solidaridad, respecto a la vida y al trabajo, el bien común y oportunidades para todos, quienes nacimos en Costa Rica a partir de la década de 1960 fuimos beneficiaros directos de ese proyecto-país. Desde mi infancia disfruté de educación y salud pública, paz social y estabilidad sociopolítica, y mis padres recién casados tuvieron acceso a vivienda propia, gracias al apoyo del Estado costarricense, por medio de los proyectos de vivienda del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU).
Siempre recuerdo con mis amigas y amigos de infancia y adolescencia esa época “dorada” de nuestro país, y coincidimos en que fuimos muy afortunados porque disfrutamos de uno de los proyectos político-sociales más interesantes del siglo XX a escala planetaria, porque estuvo orientado al desarrollo humano y social en democracia. Lamentablemente, como bien sabemos todas las ciudadanas y ciudadanos costarricenses, ese proyecto-país se empezó a desmoronar a partir de la década de 1980, y hoy no quedan más que su registro histórico, algunas instituciones malheridas ‒entre ellas el sistema de educación pública‒, así como su sombra y mención en el discurso de los partidos políticos y sus líderes actuales, que lo repiten más bien con un tono desgastado, algunas veces mal habido y vaciado de sentido.

Como parte de ese legado del proyecto-país de la Segunda República, la educación se desarrolló en forma exponencial y junto con ella la profesión docente, docente administrativa y administrativa. Frente a los requerimientos de un sólido y bien estructurado sistema de educación pública, garantizado en la Carta Constitucional de 1949, los avances en materia de formación de formadores de la década de 1940, debían ampliarse y diversificarse para atender las demandas educativas de ese período.

Es importante hacer un breve recuento de los hechos relacionados con la formación de formadores de la década de 1940, a fin de comprender la rápida y particular evolución de ella hasta hoy. Junto con la fundación de la Universidad de Costa Rica (UCR) el 7 de marzo de 1941, que adoptó el modelo de Córdoba, se integraron a las facultades ya existentes de Derecho y Farmacia, las escuelas de Pedagogía y Bellas Artes, y Agricultura. Estos acontecimientos son fundamentales, porque marcaron el punto de inflexión en la formación de formadores en el país, debido a que se elevó a nivel universitario la tradicional formación de maestros a cargo de la Escuela Normal y se profesionalizó la formación de docentes de secundaria (Dengo, 2001).

En 1957, como parte de la reforma impulsada en el Primer Congreso Universitario (1946), gracias a las gestiones del entonces Rector, el Lic. Rodrigo Facio Brenes, la UCR volvió a hacer historia en el país y en América Latina con la creación de los Estudios Generales, garantes de la formación universitaria humanística, y de otras facultades, entre ellas, la de Educación que “… centralizó la formación de los profesionales docentes, tanto para la enseñanza primaria como para la media y para nuevas especialidades en el campo educacional” (Dengo, 2001, p. 154).

La expansión de la educación pública fue continua a partir de la década de 1950. En 1963 se creó la dirección General de Artes y Letras; en 1965 fue emitida la Ley Orgánica del Ministerio de Educación Pública y se creó el Instituto Nacional de Aprendizaje, a cargo de la educación técnica. En 1968 se fundó la Escuela Normal Superior, orientada a la formación de formadores de educación media. El Instituto Tecnológico de Costa Rica se creó en 1971. El Plan Nacional de Desarrollo Educativo de 1973 fue esencial para continuar la expansión del sistema educativo público del país y la Universidad Nacional (UNA) se creó en ese mismo año. La Universidad Estatal a Distancia se fundó en 1977. A esas instituciones se suman otras parauniversitarias, constituidas por los colegios e institutos universitarios orientados a la formación en áreas específicas. En 1974 se creó el Consejo Nacional de Rectores (CONARE) para coordinar la educación superior estatal.

La educación superior privada se inició a finales de la década de 1970, con la fundación de la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA) en 1977, que implicó la creación del Consejo Nacional de Enseñanza Superior (CONESUP), en 1981. Desde entonces, las instituciones de educación superior privada se han ampliado en número y características hasta nuestros días. En muchas de ellas se imparten carreras de Educación y numerosos profesionales que hoy se desempeñan en el sistema educativo público son graduados de esas instituciones.

La historia de Costa Rica se puede reconstruir a partir de la historia de la Educación. De igual modo, el estilo de desarrollo y macrotendencias económicas y socio-políticas responden a la expansión y características de la educación en el país. Resulta evidente que la formación de formadores es uno de los pilares que soportan nuestra nación, y que de su enfoque, características y calidad depende, en gran medida, su futuro.

Como señalamos en entregas anteriores, la formación de formadores y la profesionalización docente se han deteriorado en forma progresiva en los últimos treinta años. Desde 1980, presenciamos ‒no sin horror y asombro‒ cómo se menoscaba la calidad de la formación en primaria, secundaria y en la educación superior pública. No es de extrañar que el país haya caído en un franco retroceso de los logros de las décadas previas, y que nuestras niñas, niños y jóvenes hoy no encuentren en la educación una alternativa para el desarrollo personal, cultural y laboral. El pobre desempeño general de docentes y estudiantes, se suma al creciente problema de la deserción y la repitencia como tristes características de nuestro sistema educativo.

Como educadora creo que es un error atribuir la responsabilidad de la pérdida de la pertinencia, la calidad y la equidad de la educación al profesorado que se forma en las universidades públicas y privadas; por el contrario, estoy convencida de que los responsables directos de la formación de formadores son quienes regularizan y administran el sistema de educación superior en el país: las universidades públicas y privadas en primera instancia, y el CONESUP y el CONARE, en tanto entes reguladores en cada caso.

Los responsables indirectos también están claramente identificados: las ciudadanas y ciudadanos del país, porque en su poder está elegir a quienes gobiernan el país e imprimen el rumbo de la nación. 2010 es un año electoral y nuevamente está en juego el futuro de Costa Rica y el de cada uno de nosotros… Ojalá tomemos la mejor decisión y que, al igual que en el pasado, pensemos con la seriedad que corresponde antes de emitir nuestro voto en los principios que le imprimieron a nuestro país las características que tuvo entre 1950 y 1980, que hoy extrañamos y deseamos para quienes no tuvieron la suerte de vivirlas.

Esperemos que una ciudadanía que se reencuentre a sí misma frente al compromiso con valores de solidaridad, bien común, respeto por la vida, la ley y el trabajo, y oportunidades en democracia para todos, alce otra vez su voz y emita su voto por una Costa Rica mejor para todos, y que demande a quienes tienen en sus manos la educación del país las transformaciones necesarias para poner ante nuestras niñas, niños y jóvenes que ingresan a las aulas, docentes de primer nivel: bien preparados, bien pagados y con opciones auténticas de desarrollo profesional en servicio y educación continua.

Espero que este receso de fin de año, Navidad y Año Nuevo, no sólo nos reconforte con un merecido descanso, la alegría de compartir con quienes amamos y la celebración del cierre de un año más en nuestras vidas, sino que también nos regale espacios para reflexionar sobre el rumbo que queremos para Costa Rica. En los sistemas democráticos es la ciudadanía la que tiene el derecho, pero sobre todo el deber de esclarecer ese rumbo y manifestarlo a través del privilegio del voto.

Finalmente, no quiero terminar esta última entrega de 2009 sin darles las gracias por este año de aprendizaje y desarrollo personal y profesional. En particular, a mi querida amiga Alejandra León Castellá, Directora Ejecutiva de CIENTEC, al personal de la Fundación CIENTEC y a nuestras lectoras y lectores que contribuyen con sus comentarios, experiencias, aportes, conocimientos y sugerencias al logro de los objetivos que nos propusimos desde 2007, cuando empezamos este proyecto.

Les deseo lo mejor en estas fiestas en unión de los suyos. Que el 2010 sea mejor que el 2009, y que la paz que tanto necesitamos y esperamos nos alcance para brindar a nuestras familias y seres queridos lo que merecen de nosotros en esta época de celebración: nuestro amor y compromiso con su bienestar. Velemos porque nuestras niñas, niños, jóvenes y mujeres no sean víctimas de la violencia doméstica que se dispara en épocas festivas.


Referencias bibliográficas

Dengo, María Eugenia. (2001). Educación costarricense. San José, C.R.: EUNED.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cambio e innovación en la formación de formadores: requisito para erradicar prácticas como el plagio en la educación costarricense

En 1998 se llevó a cabo en París la primera Conferencia Mundial sobre Educación Superior. En ese foro se discutieron las necesidades educativas emergentes en el contexto de la Globalización, la sociedad Postindustrial y la Sociedad del Conocimiento y la Información (SIC). En el nuevo contexto mundial, se propuso que las instituciones universitarias son “… sistemas complejos que interactúan con las instituciones de su entorno, es decir, con los sistemas políticos, económicos, culturales o sociales. Están condicionadas por su entorno local y nacional (meso-entorno) y cada vez más por su entorno regional e internacional (o macro-entrono)” (UNESCO, 1998, p. 4). A la complejidad de las instituciones de educación superior compuesta por subsistemas, a su vez, complejos, se suma el micro-entorno: la organización universitaria, que tiene sus propias lógicas y formas de interactuar consigo misma y con el contexto regional e internacional.

El nuevo enfoque de las instituciones de educación superior de finales del siglo XX es importante, porque por primera vez en su historia se las definió por consenso mundial como sistemas abiertos y complejos, en constante relación con un entorno social en “plena mutación”, que exige la revisión general de las premisas básicas de la universidad, ante la conformación de “escenarios paradójicos” que inciden en la forma como estas instituciones satisfacen las demandas educativas del presente. Asimismo, ello evidencia la relevancia del trabajo profesional en economías y sociedades basadas en el uso intensivo del conocimiento como medio de producción y reproducción del sistema social como un todo.

Entre las paradojas del macro-entorno que afectan a las universidades en la actualidad, se identificaron la globalización de la economía, la creciente migración de la fuerza de trabajo, el crecimiento demográfico en países pobres y el envejecimiento de la población en los países ricos, el acelerado desarrollo del conocimiento científico y tecnológico, y la mundialización de la cultura. Entre las paradojas del micro-entorno se señalaron:

-la masificación progresiva de la educación superior frente a la reducción de recursos que se le asignan;
-la masificación de la enseñanza frente a la intensificación de formas de exclusión socioeducativa;
-la presión por elevar la calidad y la oferta académica ante el aumento del desempleo de los graduados universitarios;
-el incremento de controles estatales ante la reducción y el condicionamiento de recursos;
-la necesidad de internacionalización de la educación superior frente a una fuerte presión interna por la contextualización de la formación universitaria;
-la fuerte crisis en la formación universitaria provocada por las TIC, que paradójicamente fueron creadas y desarrolladas en las universidades; y,
-la importancia que ha adquirido la docencia en un entorno donde no se han dado las condiciones para el desarrollo profesional del profesorado. (UNESCO, 1998)

Desde esta perspectiva, el meso-entorno (país-región) se ve afectado por las tendencias del macro-entorno (tendencias globales de la educación superior) y del micro-entorno (tendencias internas de las organizaciones universitarias) que, a su vez, ejerce presión para que la formación de profesionales se ajuste a los requerimientos nacionales, regionales e internacionales. El juego de esas fuerzas y tensiones es un desafío para la educación superior en nuestro tiempo y el mayor de ellos es concertar una visión situada y universal de la formación universitaria para el siglo XXI, que se fundamente en los principios de pertinencia, equidad y calidad de la educación superior (UNESCO, 1998). En el marco de paradojas y desafíos de una sociedad en mutación y marcada por el cambio radical es impostergable una “revolución pedagógica” en todas las modalidades de educación superior y la invención de propuestas de enseñanza universitaria más coherentes con las exigencias actuales de formación profesional.

Ante las nuevas demandas educativas en un entorno global que se caracteriza por el desarrollo desigual, la rápida obsolescencia del conocimiento, la revolución de las TIC y la transformación de la economía, la educación virtual, la bimodal, la formación continua y, la autoevaluación y acreditación de carreras universitarias son innovaciones que se introdujeron recientemente en respuesta a las características y necesidades educativas de los habitantes del siglo XXI. Pese a estos avances, aún faltan cambios e innovaciones en las organizaciones universitarias y los currículos para que la educación superior costarricense esté a la altura de los tiempos.

Para el caso que nos ocupa: la formación de formadores, hemos de admitir que en el país hay un franco deterioro que se percibe tanto en las personas graduadas de universidades públicas como de las privadas. La obsolescencia de los planes de estudio, así como la escasa formación en Historia, Epistemología, Teoría de la Educación e Investigación, se suman a una limitada acreditación de las carreras de Educación en universidades públicas y privadas. Si la acreditación es el mecanismo más importante para evaluar la educación superior y los programas de estudios que las universidades imparten, esto nos muestra que poco se ha hecho al respecto en el país, tanto desde el Consejo Nacional de Enseñanza Superior Universitaria Privada (CONESUP) como desde el Consejo Nacional de Rectores (CONARE) de las universidades públicas. Un área estratégica para el desarrollo del país, como es la Educación, debió ser una prioridad para estas instancias. A once años de la primera conferencia sobre Educación Superior, al menos el 50% de las carreras universitarias en el área de educación deberían estar acreditadas.

Siempre comento con mis estudiantes que en educación “matamos al paciente a largo plazo”, y que ello ha favorecido el “debilitamiento” o “enrarecimiento” sistemático de la formación profesional en el campo de la Educación. La escasa supervisión de la calidad y la pertinencia de la formación profesional que impera en el país en todas las áreas, en particular en Educación, es otro elemento que favorece el estancamiento de la formación de formadores. A ello se debe agregar que el principal empleador de profesionales de la educación: el Ministerio de Educación Pública (MEP), no cuenta con sistemas robustos de evaluación del desempeño docente, docente-administrativo ni administrativo. Tampoco tiene mecanismos para discriminar entre “buenas y malas universidades” cuando recluta al personal docente y administrativo, ni posee medios para certificar que contrata a los mejores profesionales. Lamentablemente, los títulos hoy dicen poco o nada de la calidad e idoneidad profesional… Ante un panorama de esta naturaleza, es poco lo que podemos esperar en términos de la calidad y la pertinencia de la formación de formadores en el país.

Creo que sólo cuando se superen estos problemas avanzaremos hacia un sistema educativo que promueva organizaciones educativas orientadas a la excelencia y el mejoramiento continuo, capaces de exigir y acoger profesionales de la educación de alto nivel, con el desempeño necesario para hacer las transformaciones pedagógicas y de gestión que se requiere para alcanzar una educación pertinente y de calidad para nuestras niñas, niños y jóvenes.

Si el MEP, en tanto principal empleador del sector educación, no presiona a las universidades públicas y privadas para que innoven y cambien la formación de formadores y acrediten sus carreras, el pronóstico sigue siendo reservado. En contraposición, las instituciones privadas de primaria y secundaria seleccionan con mucho cuidado a su personal docente. Esto explica, al menos en parte, las abismales diferencias en los resultados académicos del estudiantado de los sectores público y privado, así como las brechas de acceso y permanencia en educación superior de unos y otros.

Docentes y Administradores(as) de la Educación con una formación universitaria deficiente y desactualizada, no desarrollan ni adquieren las capacidades, actitudes, conocimientos, ni las competencias necesarias para llevar a cabo la “revolución pedagógica” que requerimos. El plagio en las universidades también se ha disparado en los últimos años… Ello muestra que muchos de los estudiantes de educación superior del país no tienen la capacidad para hacer por sí mismos los trabajos académicos requeridos en su formación profesional. Tampoco tenemos claro si los programas y planes de estudios son adecuados y preparan a los que se gradúan para el mundo laboral que enfrentarán. La acreditación de las carreras de Educación no es una garantía de que superaremos los problemas que hoy nos aquejan. De hecho, tengo bastantes reservas al respecto; pero, al menos, permite diferenciar entre universidades de primera, segunda y tercera… Lo que ya es un buen comienzo.

¿Qué les parece?



Referencias bibliográficas

Bell, D. (1994). El advenimiento de la sociedad post-industrial. Un intento de prognosis social. Madrid: Alianza.

Castells, M. (2000a). The Rise of the Network Society. The Information Age: Economy, Society and culture. Great Bretain: Padstow & Conrwall. Vol I.

Castells, M. (2000b). End of Millennium. The Information Age: Economy, Society and culture. Great Bretain: Padstow & Conrwall. Vol. III.

Rodríguez, M. [Coord.]. (2002). Didáctica general. Qué y cómo enseñar en la sociedad de la información. Madrid: Biblioteca Nueva.

UNESCO. (1998). La Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y acción. París: UNESCO.