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lunes, 28 de febrero de 2011

Innovación en Educación: qué, cómo y para qué enseñar en nuestro tiempo

Como comentamos en entregas anteriores, la innovación y la creatividad son fenómenos complejos y las dificultades para comprenderlos varían en contextos específicos. Para el caso de la producción de bienes y servicios, la innovación está asociada a un impacto favorable en el mercado, que conlleva beneficios nuevos a quienes los consumen y ganancias adicionales para quienes los producen. Es fácil catalogar como tales los iPods y iPads de la compañía Apple o el pago de servicios públicos en línea en bancos públicos y privados. Pero, ¿qué ocurre cuando hacemos referencia a la creatividad y la innovación en educación?, ¿cómo se determina su impacto favorable en las personas y la sociedad?

Especialistas en el campo del comportamiento humano y la Educación coinciden en que se debe promover la creatividad en estudiantes y docentes. También, hay consenso en que se debe innovar la enseñanza para alcanzar ese propósito; es decir, es necesario innovar los sistemas y procesos educativos de manera tal que favorezcan, estimulen y potencien la creatividad de quienes intervienen en ellos: docentes y estudiantes. Esto implicaría que la innovación en Educación debe tener como resultado que las personas sean individual y socialmente funcionales y productivas a lo largo de sus vidas, y capaces de aprovechar los avances culturales y del conocimiento para beneficio propio y el desarrollo socioeconómico y cultural. En principio, este proceso garantizaría el avance sostenido o “progreso” individual y social. Desde esta perspectiva, la Educación es un medio, ya que las personas deben educarse para ser productivas y comportarse en concordancia con lo que se espera de ellas en los distintos ámbitos de la vida, en particular en el trabajo.

De igual forma, se espera que la Educación permita a las personas pensarse a sí mismas y al entorno para comprenderse y comprender el mundo, tomar mejores decisiones y ser “felices”, por lo que es un fin en sí misma. En consecuencia, tiene una doble intención: ser un medio y un fin en sí misma, por cuanto presupone, además de la construcción de un ser humano socialmente funcional y productivo, la posibilidad de acceder al conocimiento propio y encontrar sentido a la existencia, porque debe ser una experiencia que ofrezca la posibilidad de encausar la propia vida.

No olvidemos que el principal legado de la cultura es el lenguaje y la primera tarea de la educación moderna es, precisamente, la enseñanza de la lectura y la escritura. Gracias a la invención y desarrollo del lenguaje y los medios de comunicación, y a nuestra competencia para hablar, leer y escribir somos capaces de pensar y comunicarnos. Sin estas extraordinarias innovaciones socioculturales, el ser humano no hubiese sido posible y toda civilización inviable.

La doble intención de la Educación nos lleva a las viejas preguntas filosóficas sobre ella: ¿qué enseñar?, ¿para qué enseñar?, ¿cómo enseñar? La primera hace referencia al nivel epistemológico, que supone los conocimientos científicos y culturales socialmente relevantes; la segunda, al nivel ético pues implica los fines prácticos y últimos de la educación: vivir y convivir; la tercera, al nivel teórico-práctico porque involucra los marcos explicativos, métodos y actividades concretas de enseñanza para favorecer el aprendizaje, en atención a los fundamentos epistemológicos y los fines prácticos y últimos que soportan la vida en sociedad.

 Así las cosas, ¿cómo entendemos la innovación en Educación? A mi parecer, las preguntas problemáticas al respecto se relacionan con los niveles epistemológico y teórico-práctico, porque los fines persisten y sobreviven a los cambios de época. Una Educación que sólo sirva como medio es insuficiente, porque deshumaniza, resta sentido a la existencia y vuelve la vida infeliz y la convivencia imposible. Entendida como un fin en sí misma es inútil, porque desconoce el vínculo inherente entre el conocimiento de la realidad y la realidad, y nos recuerda la moraleja del mito del Rey Midas, a quien Dioniso ‒el dios del vino‒ le otorgó el poder de convertir en oro todo lo que tocara, sin percatarse que tal don implicaba el riesgo de morir de hambre y sed…

Determinar qué se debe enseñar y cómo enseñarlo es el principal desafío para innovar en Educación en nuestro tiempo. Mientras esto no esté claro, seguiremos presenciando como la inercia termina devorando innovaciones superficiales y cosméticas, que fortalecen y camuflan el conservadurismo, alejándonos de los cambios que realmente pondrían la Educación a la altura de los tiempos.

¿Qué les parece? ¿Qué se debe enseñar en la Sociedad de la Información y el Conocimiento? ¿Al amparo de qué teorías se debe sostener la práctica de la enseñanza para satisfacer las demandas educativas del presente? Manuel Castells nos da algunas ideas para responder a estas preguntas. Les recomiendo escuchar sus tesis, en el enlace a la conferencia que dictó en Costa Rica, en ocasión del IV Congreso de Administración de la Educación, disponible al final del artículo del mes de diciembre de 2010.

miércoles, 4 de junio de 2008

Las nuevas demandas educativas en la Sociedad de la Información y el Conocimiento

Las tecnologías de la información han jugado un papel determinante en el desarrollo de la civilización.  El lenguaje oral, el escrito y los diferentes medios para almacenar y difundir el conocimiento están vinculados estrechamente con el avance del conocimiento. Expertos en el tema como McLuhan (1994, 2000) y Olson (1999) demuestran que cada medio de comunicación ha incidido en la forma como pensamos el mundo y a nosotros mismos. De igual modo, en cada época y contexto social las características de esas tecnologías han privilegiado ciertas funciones cognitivas. El lenguaje oral privilegió la memoria, el escrito la capacidad de abstracción y representación simbólica de la realidad. En nuestro tiempo las tecnologías digitales están integrando todas esas capacidades y llevándolas a niveles sin precedentes en la historia de la humanidad.

Cada tecnología de la información tiene requerimientos para su uso. De hecho, con la invención y empleo de la imprenta en Occidente se sentaron las bases para la educación como la conocemos desde la Era Moderna, donde el aumento y diversificación del uso de materiales impresos creó la necesidad de la alfabetización. Una persona analfabeta queda automáticamente excluida de una serie de beneficios de la cultura impresa. En la actualidad experimentamos un fenómeno semejante al que se vivió a inicios de la Era Moderna y hasta la primera mitad del siglo XX. De hecho, aún hoy millones de personas alrededor del mundo, especialmente en las regiones más pobres, son analfabetas.

Las demandas educativas de hoy son radicalmente distintas a las de la Era Moderna. Si bien los requerimientos de alfabetización convencional persisten, a ellos se suman la alfabetización digital y el desarrollo de competencias nuevas, para acceder de manera exitosa al mundo del trabajo y a la cultura. Entre ellas se señalan las siguientes:

1.  Competencias cognitivas como: solución de problemas, pensamiento crítico, formulación de preguntas pertinentes, búsqueda de la información relevante, realización de juicios informados, uso eficiente de la información, realización de observaciones, investigaciones, invención y creación, análisis de datos o presentación de trabajos y conclusiones de forma eficiente, tanto oralmente como por escrito.
2.   Competencias metacognitivas, que capaciten a las personas para la autorreflexión y la autoevaluación.
3.   Competencias sociales para participar en discusiones de grupo, persuadir y trabajar cooperativamente.
4.   Disposiciones afectivas para favorecer el trabajo eficaz, tales como: la perseverancia, la motivación intrínseca, un buen nivel de iniciativa y una actitud responsable, percepción de autoeficiencia e independencia, flexibilidad y capacidad para enfrentar situaciones frustrantes.  (Vizcarro y León, 1998, p. 17-18)

Entre los principales retos de la educación contemporánea está atender las demandas educativas emergentes, porque el viejo modelo pedagógico tradicional-transmisionista y conductista son insuficientes para propiciar los conocimientos y competencias que se requieren para ser un ciudadano promedio en nuestro tiempo. Es probable que la educación enfrente hoy una transformación tanto o mas profunda que la que experimentó a inicios de la Era Industrial. Como suele suceder, en cambios de esa magnitud hay mucha confusión, resistencia al cambio, dudas e, incluso, retrocesos…  Al respecto, Alvin Toffler escribió un libro paradigmático que les recomiendo, en ocasión de las profundas transformaciones que sufrieron las empresas en la transición del modelo capitalista industrial al postindustrial, titulado  La empresa flexible. En él señala que las organizaciones cambian sólo cuando se dan tres condiciones: una fuerte presión externa, una fuerte presión e inconformidad interna y una alternativa de cambio.

En el campo de la educación tenemos hoy las condiciones para cambiar que menciona Toffler: una fuerte presión de la sociedad por una educación pertinente, de calidad y equitativa, una gran inconformidad de docentes y administradores de la educación pública, que día a día enfrentan las inconsistencias del sistema, y varias alternativas para el cambio del modelo pedagógico y organizativo. Lo que nos resta es la voluntad política y el compromiso de las autoridades políticas y académicas para hacer el cambio, que llevará tiempo pero dará frutos desde sus comienzos.


Biblografia 

McLuhan, M. (1994). Understanding Media. The Extensions of Man. U.S.A.: MIT Press.

McLuhan, M. (2000). The Gutenberg Galaxy. The making of typographic man.  Canada: University of Toronto Press.

Olson, D.  (1999). El mundo sobre el papel.  El impacto de la escritura y la lectura en la estructura del conocimiento.  España: Gedisa.

Toffler, A. (1997). La empresa flexible. Barcelona: Plaza & Janés.

Vizcarro, C. y León, J. A. (1998).  Nuevas tecnologías para el aprendizaje.  Madrid:  Pirámide.


jueves, 3 de enero de 2008

Condiciones para la creatividad y la innovación en la Sociedad del Conocimiento y la información

1. Introducción

En noviembre de 2007, nuestro país fue sede de dos eventos académicos de gran importancia que marcaron un “antes y un después” en la educación costarricense. El primero fue el III Congreso Internacional de Administración de la Educación, organizado por la Escuela de Administración Educativa de la Universidad de Costa Rica y por la Universidad Estatal a Distancia, que se llevó a cabo los días 12, 13 y 14 de noviembre y contó con la participación de expertos(as) nacionales y extranjeros(as) en el campo de la gestión de la educación. El segundo fue la visita del Dr. Manuel Castells para la celebración del 20 aniversario de la Fundación Omar Dengo el 15 de noviembre y al día siguiente, el 16 de noviembre, asistió a la entrega del Doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad de Costa Rica por su trayectoria como investigador y su extraordinaria y extensa producción teórica y analítica sobre la Sociedad del Conocimiento y la Información.


En esta oportunidad voy a destacar la intervención de la Sra. Inger Hirvelä López en el III Congreso Internacional de Administración de la Educación, quien participó activamente como miembro del Parlamento en el proceso de transformación educativa y económica de Finlandia. País reconocido a nivel mundial por el grado de desarrollo educativo, económico y social que ha alcanzado en los últimos quince años. También, haré referencia a las conferencias que dictó el Dr. Castells en la Fundación Omar Dengo y en la Universidad de Costa Rica, tituladas respectivamente: El papel de la creatividad y la innovación en la Era del Conocimiento[1] e Internet y Sociedad[2]. Si les interesa ampliar sobre este tema, les recomiendo que revisen las entrevistas a la Sra. Hirvelä y al Dr. Castells que se publicaron en el Semanario Universidad No. 1739 del 22 al 28 de noviembre de 2007.


Debido a que tuve la oportunidad y el privilegio de participar en ambos eventos y de conocer, escuchar y conversar con la Sra. Hirvelä y el Dr. Castells, me pareció importante referirme a su pensamiento en este espacio, por la relevancia general para el país de su visita y por la vinculación de los temas que trataron con la creatividad y la innovación, especialmente en el ámbito educativo. Conocer a dos personas de ese relieve y factura intelectual y moral marcó también mi vida. Creo, al igual que muchas personas que también tuvieron la oportunidad de escucharlos y compartir con ellos, que sus aportes y conocimientos excedieron las expectativas, y que su humildad, accesibilidad y generosidad son ejemplares.


2. El “milagro” educativo de Finlandia

Finlandia apostó por la educación en la década de 1990, porque su sociedad y sus gobernantes se pusieron como meta convertirse en un país productor de alta tecnología. Desde el comienzo de la transformación del modelo educativo finlandés estuvo claro que apostar por la educación implicaba una fuerte y sostenida inversión, debido a que la calidad en cualquier sector o servicio de interés público requiere de recursos; pero, sobre todo, de un proyecto político claro e integral orientado hacia la calidad y el mejoramiento continuo en beneficio de todos.

Entre de las prioridades del sistema educativo de Finlandia para hacer la transición de una economía de la Era Industrial a una acorde con los requerimientos de la Era Postindustrial estuvieron la formación inicial y continua del profesorado y la dignificación salarial y social de la profesión docente. La infraestructura, la implementación de metodologías de enseñanza y aprendizaje constructivistas y una gestión descentraliza pero orientada por un marco de referencia nacional, también han sido factores claves para el logro del “milagro” educativo de ese país.

Finlandia invierte el 6% de su presupuesto nacional en la educación pública, que sumado a un riguroso sistema de selección de los estudiantes de educación, a una formación universitaria del profesorado de alto nivel, a la educación continua y a una excelente infraestructura y gestión, han dado como fruto los mejores indicadores educativos mundiales, así como una rápida conversión de la economía hacia la generación de conocimiento científico, la innovación y el desarrollo de tecnología de punta, especialmente en el sector de las telecomunicaciones y la telefonía móvil. Finlandia entendió que sin muy buenos maestros y profesores de preescolar, primaria, secundaria y universitarios, no era posible desarrollar científicos ni investigadores competentes.


Hace ya 14 años que el estudiantado de Finlandia obtiene los mejores puntajes en las pruebas PISA (Program for International Assessment Student), que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Sólo 2 de cada 100 alumnos repiten el año lectivo y únicamente el 5% de ellos abandonan sus estudios. Los finlandeses están entre los primeros lugares en lectura y ciencias y en matemáticas y resolución de problemas sólo los superan Hong Kong y Corea del Sur.

Finlandia es la evidencia de que un proyecto-país, donde la ciudadanía se compromete a pagar impuestos para financiar una educación pública de alto nivel logra resultados extraordinarios en el corto plazo. En la actualidad, Finlandia es una nación cuyo modelo educativo y estilo de desarrollo social y económico se estudian en otros países de todos los continentes. Si bien, como reitera la Sra. Hirvelä, Finlandia no es “el modelo educativo” ni una “receta mágica” para el desarrollo, tiene elementos que pueden ser útiles para esclarecer y orientar la toma de decisiones al respecto, especialmente en países que no logran “despegar” como los latinoamericanos en general y Costa Rica en particular.

Los países que asumen el desarrollo económico y social como un compromiso de “todos”, parecen tener más éxito que aquellos que dejan al mercado esa tarea, principalmente en el campo de la educación y la salud. Por razones obvias, esas áreas de la vida social no pueden dejarse en función del lucro ni en manos de los intereses particulares, máxime si se considera que son los pilares sobre los que se fundan la democracia y la paz social. Los costarricenses estamos hoy en una coyuntura que nos pone frente a decisiones cruciales: invertimos en escuelas, clínicas y hospitales o en cárceles y policías. Apostamos por la educación y la salud o por las armas para contener la inevitable violencia social producto de la inequidad, que ya nos golpea sin tregua. Creamos y sostenemos las bases para una economía perversa o apostamos por el desarrollo de la ciencia y la tecnología, aprovechando las mentes y la creatividad de nuestra ciudadanía.

Para Hirvelä el estímulo de la creatividad está asociado a una educación integral, que permita el desarrollo del pensamiento lógico-matemático, tanto como de áreas artísticas y estéticas, que se base en la comprensión de la información y de los procesos históricos para favorecer el desarrollo de una mentalidad autónoma y crítica, y la responsabilidad personal y social. La función y la razón de ser del sistema escolarizado público en nuestro tiempo es crear las condiciones para que todas las personas se desarrollen de manera exitosa en los niveles intelectual, psicológico y social. Por ello, la equidad es un principio básico en la educación: todas las personas, sin importar su condición económica, social, familiar o personal, deben acceder a una educación que permita su desarrollo y brinde oportunidades auténticas para sacar el mayor provecho del conocimiento, la información y la cultura.

Entre más educadas son las personas -salvo extrañas excepciones de orden patológico-, más posibilidades tienen de desarrollarse social, psicológica y económicamente. Entre más desarrollada y feliz es una persona mayores son las posibilidades reales de que sea creativa y productiva. Parece obvio, sin embargo es importante recordar que las sociedades eligen qué tipo de seres humanos promueven y es poco probable que la creatividad y la innovación se den en entornos de pobreza, incertidumbre, ignorancia, miedo, enfermedad, soledad y violencia. No educar a la población es un despilfarro social, porque hoy sabemos que el recurso más importante de un país son las personas. Poco hacemos con las riquezas y recursos naturales sin gente que sepa aprovecharlos de manera racional, responsable y sostenible.


3. La creatividad y la innovación en la Era de Internet

Para Castells la creatividad y la innovación siempre han sido fuentes esenciales para la construcción del sentido de la humanidad, así como para la producción del conocimiento y la generación de la riqueza. A su parecer, esta tendencia se acentúa en la Era de la Información, donde la economía se basa en el desarrollo del conocimiento científico y donde la producción, distribución y el uso del conocimiento simbólico son la base de los procesos productivos y sociales. Asimismo, cada vez más la cultura se organiza en redes, que requieren del uso intensivo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para articular complejos y diversos sistemas de relaciones socioeconómicas locales e internacionales.

En nuestro tiempo, la creatividad como fuente de innovación ha abierto expectativas y posibilidades auténticas y falsas, porque se ha convertido en una especie de “ingrediente esencial”, que algunos “venden” a la usanza de magos y “encantadores de serpientes”. En este escenario hay confusión, por lo que se hace indispensable definir con precisión qué es la creatividad e identificar factores que la favorecen o limitan. Castells da algunas definiciones y características de la creatividad, como se desglosa a continuación:

Definiciones

1. La creatividad es la capacidad de crear y producir nuevos significados culturales, de sentido, científicos o funcionales.
2. Lo “nuevo” no se define a partir del creador, sino en términos de la relación entre lo creado y la creación de nuevos sentidos y prácticas humanas.
3. La creatividad produce valor tanto de cambio como de uso.
4. Creatividad e innovación son procesos mentales, que implican la activación del trabajo del cerebro enraizado en las redes neuronales, que se articulan con otros cerebros y con el entorno:


Características

1. La creatividad y la innovación se producen en un contexto cultural y al interior de redes de procesamiento simbólico contextuales, que organizan la interacción social y el contexto institucional.
2. Todo proceso mental se hace social al cruzar la frontera biológica de los individuos: la comunicación. El proceso de comunicación es el proceso central de la especie humana y ella depende de las tecnologías de la comunicación. La emergencia de medios de comunicación nuevos aportan formas de construcción y vehiculizan la creatividad y la innovación.
3. La creatividad es un acto gratuito y de autosatisfacción del creador. Se debe articular al deseo del creador.
4. Se pueden tener recompensas para la creatividad, pero no se le puede imponer. La innovación trabaja sobre la creatividad y la instrumentaliza hacia un resultado esperado.
5. La creatividad es altamente delicada, porque sin creatividad la innovación es recombinación de lo existente y tiene escasa capacidad de diferenciación entre producto y proceso y no agrega valor. Sin innovación la creatividad se agota en sí misma y es un despilfarro. Las políticas de innovación más eficaces son las que combinan la libertad de crear con los recursos y la capacidad de orientar hacia la creación la creatividad.
6. La creatividad y la innovación dependen de las condiciones de su entorno.
7. Los genios individuales no existen, se construyen en relación y referencia a su entorno.
8. La innovación está sujeta a iniciativas encaminadas a añadir valor.
9. La innovación es un proceso de trabajo.
(Fuente: http://www.fodweb.net/contenidos/audio/castells.htm)


Para Castells existe una estrecha relación entre contextos de innovación y procesos de innovación. A partir de esa idea desarrolló el concepto de “medios de innovación”, entendidos como aquellas “… redes espacialmente situadas generadoras de economías de sinergia. Lo que resulta de esa combinación es más de lo que se invierte o se añade en el momento de innovación y son la organización material y cultural de un conjunto de relaciones cuya interacción induce sinergia entre los componentes, llevando a la reproducción de la innovación. La innovación no es un acto individual, sino un proceso que resulta de un medio de innovación, que es articulado y organizado y que suele estar territorialmente concentrado”
(http://www.fodweb.net/contenidos/audio/castells.htm).


El concepto de “medios de innovación” es especialmente relevante para las instituciones educativas, sin importar su nivel. Según la definición de Castells, los centros educativos deben convertirse en “medios de innovación”, donde la creatividad se estimule y promueva de todas las formas posibles. La suma de esfuerzos orientados a ese propósito elevará la capacidad de innovación en los niveles particular y general. Las instituciones educativas son estratégicas en nuestro tiempo, por lo que crear las condiciones para que se conviertan en "medios de innovación" y para que construyan redes para generar sinergias en el campo científico y tecnológico es crucial en el proceso de transición de la Era Industrial a la Era Postindustrial. Para Castells hay condiciones para que las instituciones educativas se transformen en “medios de innovación” y en comunidades-red de intercambio de información y conocimiento:

1. Que los educadores sean capaces de funcionar en un contexto mediado por las TIC en general y la Internet en particular.
2. Que haya Internet, pero no en el aula o en laboratorios separados de las actividades cotidianas de estudiantes y docentes.
3. Que el currículo se adapte a la nueva tecnología.
(http://www.ucr.ac.cr/imprimir_documentos.php)


La libertad necesaria para desarrollar el pensamiento, la creatividad y la innovación no es viable en un entorno esencialmente represivo y sobreadministrado. La innovación no es posible en contextos educativos directivos, autoritarios y mediocres, que se “ocultan” tras una maraña de trámites legales y burocracia.

A criterio de Castells “la suerte está echada…”: hoy sabemos qué es lo que hay que hacer, lo que todavía no tenemos muy claro es el “cómo”. Al igual que nuestros antepasados modernos, redactar la carta de los Derechos Humanos fue un gran logro, pero el verdadero reto es que se cumplan y hacerlos realidad… Al respecto, todavía tenemos muchas tareas pendientes y en educación apenas empezamos a escribir y a esbozar cómo deberían ser la enseñanza y el aprendizaje que nos urgen.
¿Tienen ustedes algunas ideas sobre "cómo" convertir a nuestras instituciones educativas en medios de innovación?


 [1]Disponible en audio y vídeo en: http://www.fodweb.net/contenidos/audio/castells.htm

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Educación tradicional versus educación innovadora

Primero, agradecer sus comentarios al artículo anterior. Precisamente, a raíz de ellos creí importante hacer una reflexión sobre algunos aspectos humanos y sociales vinculados a la innovación, máxime ahora que vivimos en una época de cambios profundos, enmarcados en nuevos escenarios socieconómicos, políticos y culturales, donde la educación recupera importancia en el discurso político y académico mundial, principalmente en dos direcciones. La primera se concentra en la crítica a una educación obsoleta, que culpabiliza al profesorado por el descalabro; la segunda, propone la tesis de que la educación es uno de los pilares sobre los cuales debe cimentarse el futuro y que el profesorado es un actor fundamental para acceder a la calidad y características que debe tener la educación en nuestro tiempo.


En el medio de la discusión y de los argumentos de tesis radicalmente opuestas, el problema de fondo -en el que ambas posiciones coinciden- es la necesidad de un cambio revolucionario en la educación y cómo propiciarlo. Para Toffler (1997), las grandes organizaciones cambian sólo cuando se dan tres condiciones: enormes presiones externas, gente dentro de la organización que está descontenta con el orden existente, y una alternativa coherente de cambio que se pueda incorporar desde la visión y misión hasta la ejecución y actividades primarias de la organización.


En nuestro tiempo, las dos primeras condiciones para el cambio en educación que propone Toffler (1997) están dadas. Es en las alternativas para el cambio donde aún reina la confusión, no por falta de teorías de la educación coherentes con las demandas educativas del presente, sino porque el cambio siempre afecta algo esencial para los seres humanos: nuestro sistema de creencias. Pero, ¿de dónde proviene el sistema de creencias vigente sobre la educación?, ¿cuáles son sus orígenes?


El sistema de creencias que ha dado soporte a la educación desde los inicios de la Era Industrial se denomina "sistema tradicional de enseñanza". Este tipo de enseñanza se caracteriza porque es, esencialmente, "autoritaria, jerárquica y jerarquizadora, centrada en el maestro, memorística, verbalista, enciclopedista, pedante, aburrida, clasista, selectiva, disciplinaria, rutinaria, pasiva, monótona, transmisiva, uniformizadora, despersonalizadora, represiva, punitiva, cuartelaria, acrítica, alejada de la realidad y de la vida" (Libedisnsky, 2001, p. 19). Responde a la visión de mundo y de ser humano heredada de la Edad Media, que en la Modernidad no perdió su carácter porque debía responder a un ordenamiento social igualmente inequitativo e injusto, especialmente, con las personas en condición de pobreza y las mujeres.


Les invito a que antes de continuar recuerden algunos episodios de su vida como estudiantes, desde primaria hasta el nivel universitario. ¿Se parecen sus experiencias a las que supuestamente provoca el sistema educativo de corte tradicional? ¿Cómo eran sus maestros y maestras, sus profesores y profesoras? ¿Les gustaba la escuela, el colegio e ir a clases a la universidad?


En mi caso particular, siempre he disfrutado aprender y me parece un verdadero privilegio acceder al conocimiento y la información. No hay mayor placer y sensación de logro que comprender algo, solucionar un problema o resolver un enigma. La literatura, el arte, la música, las ciencias, el lenguaje, las matemáticas, la química, cada disciplina y área del conocimiento humano tiene la posibilidad de brindarnos ese placer y de abrirnos a nuevas alternativas y preguntas. No es arbitrario que eligiera la Filosofía como carrera, porque me permitió entrar en los orígenes mismos del pensamiento occidental y encontrar rutas y puentes para dar respuesta a muchas de las preguntas que me hice desde niña. Pero, es igualmente cierto que odié la escuela, el colegio y aún hoy soy estudiante universitaria y el balance de mis experiencias como tal no es bueno, porque se parecen en mucho a las que describe Marta Libedinsky (2001). De suerte que hay experiencias que compensan esa situación, especialmente conocer y tener contacto con profesores y profesoras que nos tienden su mano, creen en nosotros y gracias a su apoyo, integridad intelectual, respeto y conocimientos salimos adelante y continuamos nuestros proyectos académicos.


Recuerden cuáles fueron los maestros, maestras, profesores y profesoras que marcaron sus vidas para bien y para mal. El resto nos resultaron indiferentes. Los que nos marcaron para bien son los que hemos necesitado hasta ahora y los que se requiere en el futuro. Es un hecho que "hay procesos educativos de los que la gente sale muy bien construida, de otros regularmente construida, de otros mal construida, y de otros hasta destruida". Las experiencias en las aulas dan para cualquiera de esas alternativas" (Prieto y van de Poi, 2006, p. 124).


Las características y actitudes dominantes del profesorado responden a creencias articuladas a través de sistemas y organizaciones educativas que las comparten y configuran una visión de mundo. Afortunadamente, siempre hay personas que se esfuerzan por innovar y hacer cosas distintas en esos entornos... muchos de esos pioneros y pioneras lo logran, contra todos los pronósticos...


La innovación se da gracias a las acciones de personas pioneras, cuyas convicciones y deseos de encontrar respuesta a sus preguntas les permiten realizar cambios al interior del orden establecido, pese a sus consecuencias que, generalmente, tienen un alto costo personal y económico para ellas. La historia de la ciencia da cuenta de cientos de casos: Galileo Galilei, Giordano Bruno, Paul Ehrlich, Karl Marx, Darwin, Sigmund Freud, sólo para mencionar algunos.


La innovación es un fenómeno humano tan persistente como su contraparte. La acepción del término nos da pistas al respecto. La palabra innovación está formada por tres componentes léxicos: "in-, nova y -ción. Nova refiere a renovar, hacer de nuevo, cambiar; también, es novedad, cualidad de lo nuevo, cosa inesperada; desconocido, novel, novicio. El prefijo in no tiene aquí valor de negación sino de ingreso, introducción de algo nuevo en una realidad preexistente. El sufijo ción "implica actividad o proceso, resultado o efecto, también realidad interiorisada o consumada" (Libedisnsky, 2001, p. 21). La innovación siempre está acompañada de procesos de cambio, consecuencia de la incorporación de formas distintas de hacer lo que se hacía antes con mejores resultados, y producen efectos previstos y no previstos, deseados y no deseados.


El futuro de las innovaciones está comprometido con sus efectos. Si sus resultados superan los que se obtenía de la vieja manera, pero además resuelven problemas sin solución en el pasado es probable que sobrevivan y se conviertan en la nueva "norma". Si no es así, fracasarán y sólo habrán sido un intento de cambio o, en el mejor de los casos, "renovación".


El impacto de la innovación también está relacionado con su potencial para poner en crisis la mentalidad vigente y provocar transformaciones en la opinión general de las personas directamente afectadas por ella. En el caso de la educación hay diferentes actores, por lo que la innovación suele tener distinto impacto sobre cada uno de ellos. Entre los principales retos de los pioneros de toda innovación está el cambio en el sistema de creencias y valores, que desafía a la comunidad científica adepta a la innovación a ofrecer suficientes evidencias para posicionar "lo nuevo" ante las ideas y prácticas vigentes. Si ese esfuerzo no se hace bien y a tiempo, la innovación puede quedar guardada "en la gaveta de un escritorio", en espera de un momento más propicio para resurgir.


Esta coyuntura de transición por la que pasa la educación contemporánea, que se debate entre un modelo tracional y modelos "emergentes", en principio mejores que el tradicional, es muy rica y promisoria, porque obliga a quienes creen en la innovación en educación a fortalecer sus marcos teórico-prácticos de referencia, a sistematizar experiencias, y a propiciar un debate profundo y científico sobre la educación. En buena hora esto está ocurriendo, porque de ello depende qué tan pronto se ofrezca a la sociedad una educación pertinente, equitativa y de altísima calidad. Creo que también entramos en una nueva fase de la producción de conocimiento científico en educación, que le permitirá consolidarse como un campo de estudios complejo, multidisciplinar y transdisciplinar.

Las ideas arraigadas no cambian si no son reemplazadas por ideas mejores. Las ideas que logran hacer eso caen dentro de la noción de innovación.




Referencias

Libedinsky, M. (2001). La innovación en la enseñanza. Diseño y documenación de experiencias de aula. Argentina: Paidós.

Prieto, D. y van de Poi, P. (2006). e-Learning, comunicación y educación. El diálogo continúa en el ciberespacio. San José, Costa Rica: RNTC-Latinoamérica.

Toffler, A.(1997). La empresa flexible. Barcelona: Plaza & Janés.

lunes, 1 de octubre de 2007

Concepto de Innovación

Creo oportuno abrir este espacio con una discusión previa sobre lo que entendemos hoy por innovación, a fin de llegar a un acuerdo respecto de los factores que asociamos a ella, para luego aplicarlos al campo de la educación.

Típicamente, vinculamos la innovación con el “cambio” y la “transformación”. En ese contexto “cambiar” significa que hay una forma establecida de acción frente a la cual “aparece” una nueva actuación que se valora o estima “mejor” que la anterior, porque no sólo se logra lo que se esperaba originalmente con ella, sino que se superan de algún modo las expectativas. La noción de “mejora” está incorporada al concepto de innovación, de igual modo que lo están las de “novedad”, “revolución” y “creatividad”. La diversidad y características de las nociones que asociamos a la innovación indican que es un concepto complejo, por lo que no resulta sencillo diferenciar entre lo que es “innovación” o no.

La renovación, por ejemplo, no es “innovación”, ya que se la define como una “apertura a la novedad sin grandes revoluciones, dentro de lo ya existente [por lo que se] conserva el sistema, aunque regenerando sus estructuras internas y dándole nuevos bríos” (Postic y de Ketele, 2000, p. 179). Esto quiere decir que en la renovación no se cumple con algunos de los requisitos básicos de la innovación: el cambio revolucionario y la creatividad.

Contrario a lo que ocurre en la renovación, la innovación es una ruptura con la forma de funcionamiento vigente de algo, en determinado contexto y momento histórico. Por innovación se entienden aquellos procesos espontáneos o planeados que buscan resolver problemas o atender necesidades en forma completamente nueva (Postic y de Ketele, 2000).

Entre las nociones que relacionamos con la innovación la que es clave es la de “creatividad”, ya que es el factor que determina las posibilidades de innovar. Siempre que hay creatividad, se buscan formas diferentes y mejores de hacer las cosas. Pero, ¿qué es la creatividad? Esta pregunta nos lleva a otro problema que debemos resolver antes de continuar.

Un análisis que hizo un experto japonés sobre la creatividad y cómo estimularla en estudiantes universitarios me pareció interesante, porque no sólo reconoce que ella conduce a la innovación, sino que tiene varios “momentos”[1] . En principio, la creatividad implica proponer una nueva estructura, una nueva idea o una nueva manera de pensar o hacer las cosas. Luego, supone la concreción de la idea innovadora, es decir, la creación de prototipos y de los mecanismos necesarios para su respectiva prueba. La siguiente fase es la implementación, que conlleva la clarificación de los potenciales usos que tendría el nuevo dispositivo o procedimiento. Finalmente, se debe poner al servicio de las personas. Cumplidas todas las fases la creatividad, se favorecería el desarrollo de nuevas propuestas para mejorar lo ya hecho e, incluso, superarlo.

En la creatividad están implicadas competencias personales y sociales. Las personas deben tener conocimientos, habilidades y la motivación necesaria para ser creativas e innovar. También, deben contar con un ambiente social propicio para ello. El entorno puede favorecer la creatividad o ser un obstáculo para ella, máxime si se toma en cuenta que la innovación implica cambios revolucionarios, que no siempre son bien recibidos ni debidamente aceptados, porque amenazan de alguna forma el status quo.

La innovación es un riesgo y una oportunidad que se presenta de manera planeada o espontánea, generalmente asociada a la solución de problemas. En algunos casos esos problemas afectan a comunidades u organizaciones completas, pero pocos –muchas veces nadie– emprenden la tarea de resolverlos de manera definitiva. Innovar tiene consecuencias no siempre deseadas o previstas. A quienes toman el riesgo de innovar se les llama “pioneros”, porque abren camino y lo allanan para otros. Con frecuencia la experiencia de los pioneros es difícil, solitaria y los resultados no retribuyen el esfuerzo y sacrificios hechos.

¿Conocen algún pionero o pionera de la innovación en educación? ¿Han estado en contacto con una auténtica innovación? Refiérannos sus casos para realimentar nuestra argumentación e ir avanzando en la búsqueda de consenso sobre qué significa innovar en educación y cuáles son sus características. Cuando tengamos esa empresa terminada, podremos abordar otro problema interesante y de gran impacto para la educación: la gestión de la innovación en instituciones educativas.

Espero sus respuestas.

Bibliografía

Postic, M. y de Ketele, J. M. (2000). Observar las situaciones Educativas. Madrid: Narcea.

[1] Véase al respecto: Education Reform for Quality Higher Education Management in the 21th Century. Research Institute for Higher Education of Hiroshima University. Japan: Takatoo Print Media, 2000.