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domingo, 31 de octubre de 2010

Creatividad e innovación: relaciones y diferencias

Como comentamos en entregas anteriores, la creatividad ha ganado interés en diversos ámbitos de la sociedad contemporánea, particularmente, en el campo de la educación. En la Sociedad de la Información y el Conocimiento (SIC) la producción de ciencia y tecnología se volvió crucial para dar sostenibilidad a un concepto nuevo de desarrollo económico, basado en la innovación e invención de productos y servicios para ampliar y abrir nuevos mercados. De ahí, la relación que se estableció entre creatividad e innovación, en particular, en el sector productivo. Desde la segunda mitad del siglo XX, las grandes empresas y los diferentes sectores industriales relevantes invierten cantidades importantes de dinero en Investigación y Desarrollo (I+D), pues de ello dependen sus ganancias y posicionamiento en el mercado global.

La palabra innovar, etimológicamente, procede del latín: innovāre, y significa “mudar o alterar algo, introduciendo novedades”. La innovación tiene como objetivo o finalidad generar transformaciones en procesos, cosas, productos, procedimientos, artefactos, mentefactos, servicios, entre otros. Por esta razón, requiere del concurso de sistemas sociales que favorezcan la generación de esas transformaciones, en situaciones concretas; es decir, implica un contexto que ofrezca las condiciones financieras, materiales, organizativas y socioculturales necesarias para la producción de nuevos conocimientos y sus aplicaciones comerciales (Maidagán, Ceberio, Garagalza, Arribazalaga, 2009).

Por sus características, la innovación es costosa; pero, como contraparte, abre posibilidades casi inmediatas de recuperación de la inversión. De hecho, la clave del éxito en la economía contemporánea es C+T+i (Ciencia + Tecnología + innovación). Los países que invierten más en ciencia y tecnología, tienen mayores probabilidades de generar innovación. Las diferencias en inversión en estos rubros tienen consecuencias… Observen los siguientes datos:

[La inversión en C+T+i en] Estados Unidos es el 2,8% del PIB; en Japón el 3%; en la Unión Europea el 2,3%; en China el 2%, en Israel el 4%; en Corea y Singapur el 3%. Incluso, en Latinoamérica, Chile tomó la decisión de pasar del 0,7% al 1%, y Brasil, que en 2006 llegó al 1,2%, invertirá 28.000 millones de dólares hasta el 2010 para alcanzar el 1,5%. (Referencia)


En nuestro país, un estudio del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MICIT) reveló que en 2006 se invirtió 1,26% y en 2007 1,24% del PIB. En ese último año equivalió a 326,87 millones de dólares, que se distribuyeron de la siguiente forma: "El sector académico se destaca como el de mayor inversión en actividades científicas y tecnológicas, con 58,8%; mientras que el área pública representó 22,4%, el sector privado 15,3% y las organizaciones sin fines de lucro 3,4%" (Referencia).

No obstante, según ese mismo informe, para esos años la inversión en I+D fue de 0,39% y 0,32% respectivamente, lo que indicaría que todavía estamos en franca desventaja frente a los países desarrollados. Máxime si se considera el monto del PIB real de ellos frente al nuestro; por ejemplo, el PIB estimado para Estados Unidos en 2007 fue de $13,160,000,000,000 y el de Costa Rica sólo de $21,390,000,000 (Referencia).

Así las cosas... si tomamos en consideración las dos entregas anteriores de este blog, debemos concluir que innovación y creatividad no son lo mismo, pese a que se relacionan. De hecho, la invención está más vinculada a la creatividad como tal, porque depende en mayor medida de la actividad individual que de la infraestructura creada para la innovación (Velasco, 2007).

Es de esperar que quienes hacen grandes inversiones en I+D consideren seriamente a qué tipo de personas contratan para ello. Personas profesionales de alto nivel, con posgrado y reconocidos méritos en investigación son candidatas típicas para puestos de esa naturaleza.

Desde esta perspectiva, a qué nos referimos en educación cuando hablamos de promover la creatividad y la innovación en las aulas... ¿Qué significan "creatividad" e "innovación" en el ámbito educativo? ¿Qué opinan?


Referencias bibliográficas

Maidagán, María, Caberio, Iñaki, Garagalza, Luis y Arrizabalaga, Gotzon. [Eds.]. (2009). Filosofía de la innovación. El papel de la creatividad en un mundo global. Madrid: Plaza y Valdés.

Velasco, Patricia. (2007). Psicología y creatividad: una revisión histórica (Desde los autorretratos de los genios del siglo XIX hasta las teorías implícitas del siglo XX). Caracas: Universidad Central de Venezuela.

lunes, 1 de octubre de 2007

Concepto de Innovación

Creo oportuno abrir este espacio con una discusión previa sobre lo que entendemos hoy por innovación, a fin de llegar a un acuerdo respecto de los factores que asociamos a ella, para luego aplicarlos al campo de la educación.

Típicamente, vinculamos la innovación con el “cambio” y la “transformación”. En ese contexto “cambiar” significa que hay una forma establecida de acción frente a la cual “aparece” una nueva actuación que se valora o estima “mejor” que la anterior, porque no sólo se logra lo que se esperaba originalmente con ella, sino que se superan de algún modo las expectativas. La noción de “mejora” está incorporada al concepto de innovación, de igual modo que lo están las de “novedad”, “revolución” y “creatividad”. La diversidad y características de las nociones que asociamos a la innovación indican que es un concepto complejo, por lo que no resulta sencillo diferenciar entre lo que es “innovación” o no.

La renovación, por ejemplo, no es “innovación”, ya que se la define como una “apertura a la novedad sin grandes revoluciones, dentro de lo ya existente [por lo que se] conserva el sistema, aunque regenerando sus estructuras internas y dándole nuevos bríos” (Postic y de Ketele, 2000, p. 179). Esto quiere decir que en la renovación no se cumple con algunos de los requisitos básicos de la innovación: el cambio revolucionario y la creatividad.

Contrario a lo que ocurre en la renovación, la innovación es una ruptura con la forma de funcionamiento vigente de algo, en determinado contexto y momento histórico. Por innovación se entienden aquellos procesos espontáneos o planeados que buscan resolver problemas o atender necesidades en forma completamente nueva (Postic y de Ketele, 2000).

Entre las nociones que relacionamos con la innovación la que es clave es la de “creatividad”, ya que es el factor que determina las posibilidades de innovar. Siempre que hay creatividad, se buscan formas diferentes y mejores de hacer las cosas. Pero, ¿qué es la creatividad? Esta pregunta nos lleva a otro problema que debemos resolver antes de continuar.

Un análisis que hizo un experto japonés sobre la creatividad y cómo estimularla en estudiantes universitarios me pareció interesante, porque no sólo reconoce que ella conduce a la innovación, sino que tiene varios “momentos”[1] . En principio, la creatividad implica proponer una nueva estructura, una nueva idea o una nueva manera de pensar o hacer las cosas. Luego, supone la concreción de la idea innovadora, es decir, la creación de prototipos y de los mecanismos necesarios para su respectiva prueba. La siguiente fase es la implementación, que conlleva la clarificación de los potenciales usos que tendría el nuevo dispositivo o procedimiento. Finalmente, se debe poner al servicio de las personas. Cumplidas todas las fases la creatividad, se favorecería el desarrollo de nuevas propuestas para mejorar lo ya hecho e, incluso, superarlo.

En la creatividad están implicadas competencias personales y sociales. Las personas deben tener conocimientos, habilidades y la motivación necesaria para ser creativas e innovar. También, deben contar con un ambiente social propicio para ello. El entorno puede favorecer la creatividad o ser un obstáculo para ella, máxime si se toma en cuenta que la innovación implica cambios revolucionarios, que no siempre son bien recibidos ni debidamente aceptados, porque amenazan de alguna forma el status quo.

La innovación es un riesgo y una oportunidad que se presenta de manera planeada o espontánea, generalmente asociada a la solución de problemas. En algunos casos esos problemas afectan a comunidades u organizaciones completas, pero pocos –muchas veces nadie– emprenden la tarea de resolverlos de manera definitiva. Innovar tiene consecuencias no siempre deseadas o previstas. A quienes toman el riesgo de innovar se les llama “pioneros”, porque abren camino y lo allanan para otros. Con frecuencia la experiencia de los pioneros es difícil, solitaria y los resultados no retribuyen el esfuerzo y sacrificios hechos.

¿Conocen algún pionero o pionera de la innovación en educación? ¿Han estado en contacto con una auténtica innovación? Refiérannos sus casos para realimentar nuestra argumentación e ir avanzando en la búsqueda de consenso sobre qué significa innovar en educación y cuáles son sus características. Cuando tengamos esa empresa terminada, podremos abordar otro problema interesante y de gran impacto para la educación: la gestión de la innovación en instituciones educativas.

Espero sus respuestas.

Bibliografía

Postic, M. y de Ketele, J. M. (2000). Observar las situaciones Educativas. Madrid: Narcea.

[1] Véase al respecto: Education Reform for Quality Higher Education Management in the 21th Century. Research Institute for Higher Education of Hiroshima University. Japan: Takatoo Print Media, 2000.