domingo, 26 de julio de 2009

Plagio, parafraseo y “rincón del vago”: la Generación Red y los desafíos de la educación costarricense

Espero que el receso de medio año les haya permitido un merecido descanso y la recuperación de la energía necesaria para emprender la segunda parte del curso lectivo de 2009. En medio de la pandemia de la gripe AH1N1, el caos vial y la situación política convulsa en la región, debido a la compleja cadena de eventos del último mes en Honduras, la reflexión, el análisis profundo y la necesidad de identificar puntos de encuentro entre las demandas sociales y las respuestas gubernamentales e institucionales cobran relevancia en un escenario local, regional y global caracterizado por la ingobernabilidad.

A finales de la década de 1980, un teórico de la última generación de la
Escuela de Frankfurt, Claus Offe, escribió dos libros extraordinarios por su capacidad explicativa y el tema que trataron: el Estado en la fase del Capitalismo tardío y su capacidad para “hacer política” en un contexto radicalmente distinto al de la Era Industrial y el Estado Benefactor. Los libros se titulan: Contradicciones en el Estado de Bienestar (1990) y Partidos políticos y nuevos movimientos sociales (1992). En ambos textos, Offe trabaja con un concepto novedoso entonces: la ingobernabilidad, entendida como la “sobrecarga en la demanda política” sobre el Estado, en un contexto de “sobrecarga en la demanda económica”, conocida como inflación. Creo que quienes trabajamos en educación debemos revisarlos hoy, a la luz de dos décadas “perdidas” en el mundo contemporáneo, en términos de desarrollo humano y económico, y de estabilidad político-social .

El desbalance entre la capacidad del Estado para satisfacer las demandas sociales y atender las presiones del sector privado hace que nuestras sociedades se vuelvan cada vez más proclives a la “desintegración, la quiebra y el caos” (Offe, 1990, p. 154). Lamentablemente, esta predicción de Offe de hace veinte años se ha cumplido en muchos países y regiones. Centroamérica y Costa Rica, no son la excepción. Las fallas sistemáticas del Estado en el sistema democrático y su incapacidad para articular la lógica político-administrativa necesaria para hacer un balance entre el “bien común” –lo público– y la “libertad individual” –lo privado–, cada vez son más evidentes y profundas. Ejemplos de ello son la última crisis financiera global y la pérdida creciente de credibilidad en los partidos políticos y la política, que se traduce en una escasa participación de la ciudadanía en los asuntos públicos y en la abstención masiva al voto en los procesos electorales.

Se preguntarán qué relación hay entre un problema generalizado en el ámbito político-económico y la educación. Si me permiten, creo que la relación es directa porque la educación es un bien público, que está regido por la institucionalidad que avala el Estado y, en consecuencia, por el sistema de regulación y legislación que da al país el carácter mismo de nación. A partir de la Constitución Política, se declara la educación como un derecho de la ciudadanía, protegido y garantizado por el Estado costarricense.

Con la educación ha ocurrido lo mismo que con otras demandas sociales, cuya satisfacción es fundamental para garantizar la estabilidad, el desarrollo general y el bien común, entre ellas: la salud, el acceso al trabajo, la estabilidad laboral, salarios dignos, la seguridad ciudadana, el acceso a la vivienda y pensiones decorosas. Desde la década de 1990, crece la sobrecarga de las demandas educativas sobre el sistema de educación pública, que el Estado costarricense no logra satisfacer por los mecanismos tradicionales –ya desgastados por limitaciones históricas propias, a las que se suman carencias que no fueron subsanadas en el momento oportuno. La erradicación de la pobreza material y cultural en el país es una batalla que se pierde todos los días… Sólo basta ver los sucesos de los noticiarios y algunos programas de entretenimiento nacionales y extranjeros de alta audiencia, para encontrar ejemplos dramáticos de ello.

Al igual que nuestras carreteras y puentes, la educación pública ha sufrido un largo período de abandono e indiferencia política y ciudadana. Ante la sistemática evidencia de nuestras carencias y fracasos en el sistema educativo público, culpamos a la familia, a la economía, al gobierno de ayer, de hoy y de mañana, al “descalabro” de la juventud e, incluso, a Internet. La Generación Red, a la que pertenecen las personas que nacieron a partir de 1990, es la perjudicada directa; pero, los afectados indirectos somos muchos: la sociedad costarricense como un todo.

Ante la situación de crisis generalizada y de “crisis en el manejo de la crisis”, entendida como la incapacidad de encontrar soluciones viables y duraderas desde el Estado para recuperar la “estabilidad” (Offe, 1990), debemos reconocer que las viejas fórmulas y las prácticas del pasado resultan inadecuadas o, en el mejor de los casos, parciales. Este tipo de respuesta de las instancias gubernamentales tiene un apelativo popular de vieja data en nuestro país: “parches”. La buena noticia es que los “parches” ya no sirven, porque la profundidad y magnitud de los problemas que hoy nos aquejan hacen que las soluciones basadas en la inmediatez, simplistas, no planificadas y cortoplacistas, simplemente ya no funcionen. Recuerden lo que duraron las reparaciones recientes y las placas metálicas sobre el puente del río Virilla en la autopista General Cañas.

En relación con lo anterior, en educación enfrentamos un problema de “vieja data”, que se ha generalizado en todas las fases del sistema educativo del país: el plagio. Nuestros niños, niñas, jóvenes y adultos ven “normal” la práctica de “copiar y pegar” de Internet, libros, periódicos, revistas o cualquier otra fuente para hacer sus trabajos y deberes académicos, sin referencia alguna. Pero eso no es lo peor, lo más aterrador es que muchos de sus maestros, maestras, profesores y profesoras califican esos trabajos copiados textualmente y sin referencias con 10… Entonces, ¿qué se dañó tan profundamente en la educación costarricense? ¿Qué implicaciones tiene la generalización de esta práctica en el proceso de enseñanza y aprendizaje, en la formación general y universitaria?, ¿qué hacer al respecto?

Creo que hay varios factores que se deben considerar para dar una solución integral a un problema tan complejo, que se relaciona con diferentes factores: la brecha digital, el enfoque pedagógico y curricular del sistema educativo público, la formación de formadores, la pauperización de la profesión docente, la formación en servicio del profesorado, la falta de investigación y la carencia de mecanismos de supervisión y control. Por la complejidad y dificultades implícitas de los componentes del plagio mencionados, voy a tratar cada uno de ellos por separado en diferentes entregas en este blog. La idea es motivar la reflexión y discutir las implicaciones de este fenómeno en términos de la calidad, la pertinencia y la equidad de la educación en el país.

Como les mencioné, los “parches” ya no son una opción razonable y lo que está en juego es el futuro del país. A mi parecer, el plagio se relaciona con lo académico pero lo trasciende, ya que es el resultado de una visión de mundo y valores contemporáneos que deben movernos a la reflexión y a encontrar respuestas para revertir prácticas generalizadas en el sistema educativo nacional que deterioran la inteligencia y la psique, y lesionan los cimientos de la sociabilidad.

La siguiente entrega tratará la brecha digital y sus implicaciones en la proliferación del plagio y el deterioro creciente de la educación nacional, especialmente en las universidades, en los niveles de grado y posgrado. Para mí es especialmente importante conocer su experiencia al respecto y cómo han abordado el problema en su trabajo docente, así que sus comentarios serán de gran utilidad para orientar el análisis y la discusión sobre un problema de esa magnitud y características, que tiene implicaciones nefastas para nuestro sistema educativo y el país.



Referencias bibliográficas

Offe, C. (1990). Contradicciones en el Estado del Bienestar. Madrid: Alianza Universidad.

Offe, C. (1992). Partidos políticos y nuevos movimientos sociales. Madrid: Sistema.

martes, 23 de junio de 2009

Perplejidades y enigmas de la educación contemporánea

Comentamos en ocasiones anteriores algunas de las principales limitaciones de la educación contemporánea para responder a las demandas educativas de la Sociedad del Conocimiento y la Información (SIC). Entre ellas referimos las inconsistencias epistemológicas y teóricas que subyacen al proyecto educativo nacional, así como problemas paralelos relacionados con la formación de formadores, el modelo de administración y la gestión del sistema educativo público, la anomia social que caracteriza nuestro tiempo y la pérdida de sentido de la educación para nuestros niños, niñas y jóvenes.

Los avances en el conocimiento sobre la sociedad y la persona, producto de los aportes de la Sociología y la Psicología, ya mostraron ampliamente la importancia de los procesos de socialización primaria y secundaria, para el adecuado desarrollo psicológico y social. Al respecto, la educación juega un papel crucial en la conformación de la persona como sujeto social, capaz de insertarse en el contexto sociocultural e histórico que le corresponde vivir. Entre más educación recibe la persona, mayores son sus posibilidades de alcanzar el éxito social y personal.

Normalmente se relaciona la educación con las oportunidades laborales, pero ella se vincula también -quizá más de lo que pensamos-, con las posibilidades de crecimiento y maduración personal. Como demostró Piaget (2001), inteligencia y afectividad son parte de un mismo proceso, donde el ser humano se constituye como tal y, en consecuencia, selecciona y justifica sus actuaciones ante sí misma y quienes le rodean. Entre mayor educación y conocimientos adquiere la persona, más probable es que tome mejores decisiones que le afectan directamente y a otros, en particular a su familia. Mucho del descalabro social de nuestro tiempo se explica en parte, por la pérdida de significación de la educación en el nivel personal (Taberner, 2008).

El énfasis en una visión superficial, utilitaria y mediocre del conocimiento y la cultura ha llevado a tomar decisiones nefastas para la educación, como: el acortamiento de los tiempos de formación, el énfasis en los contenidos, el acento de la memorización en el aprendizaje y la tendencia a convertir los valores socio-culturales en un contenido más del currículo. Sólo la vivencia auténtica y reflexiva del conocimiento y del acervo cultural permiten su integración y elaboración cognoscitiva y afectiva.

Dos de las necesidades declaradas a escala planetaria son mejorar el acceso y la calidad de la educación; no obstante, sus causas siguen sin ser atendidas: el enfoque epistemológico y teórico, la formación inicial y en servicio de formadores, y la integración de las TIC en los procesos de enseñanza, aprendizaje y gestión de la educación. Entre ellas, el cambio epistemológico y teórico es fundamental, pues de ello depende que se superen los enfoques tradicional-transmisionista y conductista del currículo, la enseñanza y el aprendizaje.

A nuestro parecer, mientras prevalezca una visión tradicional-transmisionista y conductista de la enseñanza y el aprendizaje, se mantendrá una estructura burocrática de las organizaciones educativas y viceversa. Los enfoques pedagógicos emergentes, como el constructivista, el cognitivo y el sociocultural no son viables en estructuras organizativas burocráticas, cuyos esquemas de gestión son la estandarización, el control formal, la predicción de los procesos -en esencia rutinarios-, y la evaluación estereotipada. Ahora bien, ¿qué debe cambiar primero?: el enfoque epistemológico y teórico de la educación o la organización del sistema educativo costarricense, que incide en los niveles público y privado, desde primaria hasta la educación superior.

Como bien señala la teoría, pese a que la respuesta es obvia, no encontramos el norte. Debe cambiar la organización primero, porque de lo contrario todo intento de innovación en el nivel educativo será inútil. Creo que la experiencia de nuestro sistema educativo en la década de 1990, específicamente desde 1994, con la Política Educativa hacia el Siglo XXI, en 2002 con el Plan Educativo 2002-2006, el proyecto del gobierno de Abel Pacheco sobre el Relanzamiento de la Educación y el Plan de Acción de la Educación para Todos 2003-2015, son una muestra de que el enfoque está equivocado: el cambio pedagógico no tiene futuro, si no cambia primero la estructura y organización del sistema educativo .

Como dijera Marx para el caso del sistema filosófico de Hegel, la visión que ha primado hasta ahora en el país sobre el cambio en educación hay que “ponerla de cabeza”. Debemos empezar por el principio: crear un sistema educativo con una estructura y organización coherentes con los enfoques epistemológicos y teóricos emergentes de la educación. De continuar esa perspectiva, seguiremos “lloviendo sobre mojado”. ¿Qué opinan ustedes? ¿Será posible conservar el vino nuevo en odres viejos?


Referencias bibliográficas

Piaget, J. (2001). Inteligencia y afectividad. Argentina: Aique.
Taberner, J. (2008). Sociología y educación. El sistema educativo en sociedades modernas: funciones, cambios y conflictos. Madrid: Tecnos.