jueves, 31 de enero de 2013

La educación costarricense: entre la contención social, el asistencialismo y el aprendizaje


A pocos días de inicio del curso lectivo del 2013, se presentan los problemas tradicionales en el Ministerio de Educación Pública a escala nacional: infraestructura inadecuada o inexistente, presupuestos millonarios subejecutados, nombramientos docentes sin que existan condiciones reales y efectivas para certificar la idoneidad profesional en el sector… Como si esto fuera poco, situaciones imprevistas y las secuelas del terremoto de setiembre de 2012, que afectó de manera particular a la provincia de Guanacaste, empeoran el panorama en materia de infraestructura educativa, así como las condiciones indispensables para la adecuada marcha de los procesos de enseñanza y aprendizaje en las regiones más vulnerables del país. 

Además de los viejos problemas –que parecen imposibles de resolver, pese a los esfuerzos continuados del Ministerio de Educación Pública– persiste un vicio en el sistema educativo nacional, que lejos de contribuir a la mejora en el deterioro de la calidad, la pertinencia y la equidad de la educación, entroniza males endémicos que favorecen una cultura académica pobre, llena de facilismo y salidas “por la puerta de atrás”, ante el bajo rendimiento y la deserción escolar, que afectan en especial la educación secundaria. Este vicio nos coloca en una posición incómoda entre la contención social, el asistencialismo y el aprendizaje de bajo nivel.

En medio de una historia digna de Kafka –como es el caso de la administración de la educación costarricense al inicio, durante y al final de los cursos lectivos ordinarios– recientemente leí un artículo del Lic. Agustín Claus, especialista en Administración de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, quien en un artículo en proceso de publicación resume los principales hallazgos de una investigación que hizo sobre el sistema educativo de Buenos Aires y las condiciones de trabajo del personal docente. Buenos Aires es la capital de la República Argentina, tiene 40 millones de habitantes, está ubicada entre las 20 ciudades más grandes del mundo y se considera a ese país como una potencia regional; no obstante, este investigador encontró en su estudio problemas similares a los que aquejan al país en esos ámbitos. En contraste con Argentina, Costa Rica es uno de los países más pequeños del continente americano, con una población de aproximadamente 5 millones de habitantes y una economía estancada y marcada por graves deficiencias fiscales, mala e insuficiente infraestructura portuaria, aeroportuaria y de vías terrestres, entre otros problemas que afectan el desarrollo económico en nuestro tiempo.


Ante dos situaciones geográficas, poblacionales, económicas e históricas tan distintas, llama la atención que dos países tan diferentes como Argentina y Costa Rica compartan problemas semejantes en materia educativa; entre ellos, la precarización y la flexibilidad del trabajo docente. El primer fenómeno se manifiesta en el deterioro del salario y las limitaciones objetivas para la formación en servicio y el desarrollo profesional; el segundo, en la generalización de nombramientos a plazo fijo, en distintas instituciones educativas, donde prevalece la inestabilidad laboral y no se dan las condiciones mínimas para garantizar un ingreso económico de tiempo completo.


Además de esos problemas, persiste la tesis en el gobierno y la sociedad costarricense y bonaerense, de que el sistema educativo debe convertirse en una instancia para la contención social, donde se aplique el asistencialismo indiscriminado sobre una población cautiva: el estudiantado y sus familias, y se acepte una pérdida creciente de calidad de la educación de la ciudadanía, que se refleja en un pobre desempeño académico en las materias básicas; en particular, Español, Estudios Sociales, Ciencias y Matemática. Lejos de mantener estándares que promuevan la excelencia académica, se relajan hacia mínimos inaceptables, que condenan al estudiantado a fracasar en la educación superior y a trabajos inestables y mal remunerados a lo largo de su vida económicamente productiva.


Otra similitud entre ambos países es la tentación de incorporar al sistema educativo programas que atienden –al menos en principio– deficiencias de índole social, económica, cívica, de comportamiento y salud general y reproductiva e, incluso, la conducta vial, que recargan de manera significativa el currículo escolar con temas que no siempre pueden ajustarse a los contenidos de las diversas materias. No obstante, esta tesis sigue vigente y tiene un enorme peso en la ciudadanía, pues se asume que las instituciones educativas son el espacio adecuado para ello, dejando de lado su verdadera función y razón de ser: enseñar y poner al alcance del estudiantado los conocimientos socialmente relevantes, y favorecer actitudes, aptitudes y capacidades para el aprendizaje y el desarrollo de habilidades cognitivas de alto nivel. Satisfechas estas prioridades, el estudiantado desarrolla, a su vez, competencias para su crecimiento personal y la vida en sociedad.

En Costa Rica, ante las limitaciones evidentes de los programas que intentan mejorar el civismo y fomentar valores ciudadanos básicos y conductas indispensables para alcanzar niveles de desarrollo humano aceptables, se insiste en reafirmar esas tesis... Mientras esto ocurre, el proceso educativo se deteriora, reduce y restringe a conocimientos básicos y adquiridos de manera desordenada y desarticulada, que se reflejan en estudiantes de nivel universitario con serias deficiencias en competencias genéricas como la lecto-escritura y la expresión oral y escrita en la lengua materna. Esto se hace evidente en una pobre cultura general y en un desprecio generalizado por la lectura, el estudio serio y las actividades que requieren procesos de pensamiento de alto nivel. Dirán que exagero; pero, les invito a que revisen con cuidado cuáles son los programas de radio y televisión que contabilizan mayor audiencia en el país y el nivel de consumo de material de lectura de calidad.

Algunas personas argumentan que los libros son costosos y, en consecuencia, de dificil acceso; sin embargo, las bibliotecas públicas no reflejan una vocación lectora en nuestra población. Como verán, el problema de la educación no es sólo de recursos económicos y del deterioro sistemático de las condiciones laborales y de contratación del personal docente, pues todo parece indicar que hay aspectos esenciales de nuestra civilización en la fase posmoderna, así como del rumbo de nuestros países en el marco de la economía global que obstaculizan de manera compleja e intrincada el avance educativo.

Les recomiendo la lectura del trabajo del Lic. Claus y les invito a que hagan comparaciones, porque resultan útiles para comprender los problemas en su fondo más que en su forma y, quizás, ello nos ayude a ver con nuevos ojos los viejos problemas, para que dejemos de "llover sobre mojado".

Pese a las limitaciones y obstáculos que nos aquejan como país, siempre será motivo de celebración el inicio del ciclo lectivo y ojalá las autoridades del MEP y del gobierno tomen mejores decisiones en el 2013; pero, sobre todo, esperemos que cada docente, en la intimidad de su aula y junto con sus estudiantes, encuentre formas de mejorar su desempeño y el del alumando, y que busque con criticidad y sentido común los medios disponibles en el sistema para hacer bien su trabajo. ¿Qué les parece? 

 

Referencias bibliográficas

Claus, A. (2012). Las condiciones de trabajo en la Provincia de Buenos Aires. Serie de estudios No. 3. Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires. Buenos Aires: Argentina.

sábado, 29 de diciembre de 2012

2012: entre mitos, profecías y realidades



El cierre del 2012 ha sido extraño, violento y pleno de eventos naturales catastróficos alrededor del mundo. El impacto del estilo de desarrollo económico contemporáneo sobre la Naturaleza y el clima son evidentes y nadie tendría hoy argumentos suficientes para sostener lo contrario. No obstante, políticos y voceros de muchas industrias locales, nacionales y transnacionales persisten en sus viejos y cansados discursos de crecimiento económico, desarrollo social y creación de empleos, a pesar del costo ambiental, refiriéndose a un futuro donde pocos –o quizás nadie– cosecharán los beneficios prometidos, ante un fatal cumplimiento del aleccionador mito del Rey Midas, quien por su codicia y deseo de convertir lo que tocaba en oro corrió el riesgo de morir de hambre y destruir todo lo que amaba...

El mismo estilo económico que hoy pone en riesgo las condiciones necesarias para soportar la vida en el planeta, al menos en los términos en que la conocemos y requerimos para sobrevivir como especie, lleva al mundo a un caos global donde el desempleo, la inequidad, el hambre y la inestabilidad política alimentan diariamente la economía perversa que hunde sus raíces en la maldad y la reversión de nuestros principales logros civilizatorios; en particular, el Estado de Derecho y los Derechos Humanos.

La aliada infatigable de la economía perversa: la corrupción, también crece y fructifica en todas las latitudes, donde se venden por precios diversos –desde módicos hasta multimillonarios– funcionarias y funcionarios públicos y privados, en aras de la ganancia fácil, privilegios y excesos obscenos, y el acceso al poder maligno que orienta los intereses de los negocios oscuros y muy lucrativos del narcotráfico, el tráfico de armas, influencias y de personas; la pornografía y la prostitución infantil, de hombres y mujeres, así como la estafa social de negocios "maquillados" de legales, donde se contamina el medioambiente y se explota el trabajo de personas que por su baja escolaridad y condiciones de vulnerabilidad social son presa fácil de empresas inescrupulosas, que aumentan sus ganancias violando las leyes migratorias y laborales con la venia de corruptos y cómplices en toda la cadena de producción.

La violencia persiste y se expresa cada vez más en actos de locura y barbarie, como si más allá de toda consideración, las personas invocaran la muerte ajena y la propia como único propósito. La última matanza sin sentido en una escuela en Connecticut (EUA) y las violaciones en masa a mujeres en la India nos dejan sin aliento y nos ponen frente a actos humanos para las cuales no encontramos explicación posible. Sin consuelo y llenos de horror presenciamos guerras civiles y genocidios en Asia y África, así como entre pueblos milenarios como el judío y el palestino, y mientras las soluciones y los acuerdos llegan se suman a la lista de muertes más personas inocentes, especialmente niñas y niños.

En Costa Rica el balance tampoco es positivo. Nuestra democracia se desmorona entre actos de corrupción política de toda índole, bochornosos casos de ineficiencia administrativa y judicial, y la manipulación de los poderes de la República, donde en la Asamblea Legislativa se representan muchos intereses de grupos de poder y económicos, tomando decisiones que vulneran al país en áreas estratégicas para el desarrollo, como es el caso de la salud, los Derechos Humanos y la educación. La delincuencia común y el crimen organizado crecen, y la pobreza persiste con toda su cadena de miseria y deterioro humano y social. En un Estado de Derecho como el costarricense, instancias internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos deben salir al amparo de derechos fundamentales de la ciudadanía, como fue el caso de la fecundación in vitro, entendida como un logro científico para asistir la concepción en personas infértiles, que le mereció el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en el 2010 al Dr. Robert G. Edwards.

El cinismo de nombrar al diputado Justo Orozco como presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, pese a sus ideas dogmáticas, sesgadas y abiertamente homofóbicas y misóginas dejó en claro cuál era el rumbo de la mayoría de diputados y diputadas de la Asamblea Legislativa y del gobierno en materia de Derechos Humanos e inclusión social. A inicios de la segunda década del siglo XXI, se reavivan visiones del mundo dogmáticas y religiosas sobre temas que están más allá de todo credo y postura personal. Los Derechos Humanos no están supeditados a preceptos religiosos y criterios individuales...; de ahí que el logro del Ministerio de Educación Pública en materia de formación en sexualidad segura, saludable y plena, a través del Programa de Estudio de Educación para la Afectividad y la Sexualidad Integral, constituye un punto de inflexión en ese campo y es ejemplar por sobreponerse a las tesis radicales de grupos religiosos, tanto católicos como evangélicos.

Ante el panorama oscuro que atraviesa el 2012, se levantaron voces de esperanza alrededor del mundo y se reactiva la ciudadanía a través de movimientos como el de indignadas e indignados en muchos países –entre los que destaca el Movimiento 15-M en España– donde la gente común, cansada de los abusos de grupos de interés económico-político y de gobiernos corruptos, se lanza a las calles exigiendo paz, trabajo, seguridad alimentaria, protección al medio ambiente, salud, inclusión, educación, respeto a los Derechos Humanos y, sobre todo, una vida digna en democracia...

Pese a todas las profecías y mitos que giraron acerca de este extraño año y sus posibles significados, el 2012 se termina y el planeta sigue girando sobre su órbita alrededor del Sol... El fin de los días no llegó y, nuevamente, la historia ratifica que el futuro está en nuestras manos y depende de las decisiones que tomemos en el presente. En lo que respecta a designios y predestinaciones, ante los hechos deberíamos emplear el cierre de este año para reflexionar qué queremos para nuestras vidas y nuestros países, a fin de emprender las acciones necesarias para lograrlo.

Todas las culturas han desarrollado nociones del tiempo y sobre el sentido de la existencia humana. Pese a sus diferencias conceptuales y espacio-temporales coinciden en la tesis de que el final individual y del mundo son inevitables, pero llevan implícitos un nuevo comienzo. En la visión cíclica del tiempo y la vida, subyacen la esperanza y la posibilidad de "saltos cualitativos" que permiten, de alguna manera, el acceso a estadios superiores de desarrollo personal y colectivo. Si esto es una constante en la cosmovisión de todas las civilizaciones y culturas conocidas, debemos reconsiderar lo que implica que un año termine y otro comience en nuestra cultura y el tiempo en que nos corresponde vivir. Ojalá que la oportunidad de cerrar un ciclo y comenzar otro nos lleve a mejores cosas y nos permita ser más felices, mejores personas,
así como ciudadanas y ciudadanos responsables, comprometidos con nuestros países y el futuro de la humanidad

Les deseo lo mejor para el 2013 en unión de sus seres queridos, con la esperanza de compartir con ustedes ideas frescas sobre Educación y formas para llevarla al nivel que requieren y merecen la ciudadanía y el país. Quedan muchas tareas pendientes y lecciones que aprender del 2012, que necesitan nuestra atención y acciones concretas. ¿Qué les parece?